Obama se pone al frente de la campaña para defender el acuerdo comercial
La asociación con otros países, que concentraría el 40% de la economía global, tiene críticos entre los sindicatos y los demócratas; el Congreso debe aprobarlo sin tocar una coma
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WASHINGTON.- Apenas cerrada la "letra chica" de lo que podría ser el acuerdo de libre comercio más ambicioso de los últimos años, el presidente Barack Obama asumió personalmente la campaña para lograr su difícil aprobación parlamentaria con un embate contra los que considera sus peores adversarios: la desinformación y la mala prensa.
"Siempre que se intenta un acuerdo de esta naturaleza ocurre lo mismo: las malas noticias sobre lo que supuestamente podría ocurrir se propagan demasiado rápido", denunció, al pedir que tanto legisladores como votantes "se informen bien" antes de emitir un juicio.
Así, eligiendo a legisladores críticos de su propio partido y a las agrupaciones sindicales como voceros del error, el presidente puso proa a la campaña de 90 días que tiene por delante antes de que su acariciado Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) sea sometido al voto del Congreso.
Con la mira en un intento de contrarrestar la creciente influencia de China, el acuerdo asocia a Estados Unidos y a Japón con una decena de países del Pacífico en una zona tarifaria común que podría representar el 40% de la economía mundial, un hito del que son directas firmantes tres economías latinoamericanas -Chile, Perú y México- y que, en los hechos, podría poner una enorme presión sobre el Mercosur.
Los otros socios son Australia, Brunéi, Canadá, Malasia, Nueva Zelanda, Singapur y Vietnam. Pero, volviendo a la región, hay quienes aseguran que Colombia también podría unirse pronto, lo que implicaría otro desafío en el área común.
Al igual que ocurre en buena parte de los países firmantes, donde el acuerdo genera dudas entre sectores temerosos de perder posiciones, en el caso de Estados Unidos Obama enfrenta, tanto en el Capitolio como fuera de él, una dura resistencia para lograr la necesaria bendición legislativa de su criatura comercial.
Lo primero es el clima de campaña electoral que ya impera en el país. "Nos vamos a acordar muy bien de todos aquellos candidatos que apoyen este engendro", amenazó ayer Chris Shelton, líder de la asociación sindical Communications Workers of America (CWA), la más influyente entre empleados en medios de comunicación. "Lucharemos para desbancar a quien intente vender la idea de que este pacto es bueno para los norteamericanos", coincidió Tom Buffenbarger, del gremio de transporte y aeroespacial.
Factor de peso
Pese a que los sindicatos perdieron fuerza como factor de presión respecto de décadas atrás, aún siguen siendo un factor de peso a la hora de construir política. Sobre todo entre sectores demócratas más radicales, que ven en esto un riesgo de pérdida de empleos en beneficio de países con menor costo de mano de obra.
Más proclives a su aprobación, buena parte de los referentes republicanos se van al otro extremo: consideran que el acuerdo -por el que se coordinan miles de posiciones tarifarias entre los firmantes- "se queda corto" a la hora de liberar y favorecer el comercio. "Nuestro compromiso es abrir el comercio de modo que beneficie a los norteamericanos. Pero en este acuerdo nos han sonado varias alarmas que es necesario revisar antes de dar un veredicto", dijo el líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell.
De todas formas, es poco lo que podrán decidir "en detalle" o, como suele decirse en nuestro país, por votación "en particular", ya que para el TPP rige el acuerdo de "trámite rápido" (fast track). Eso implica que cuando llegue a la sala del Congreso sólo se podrá votar por sí o por no. Pero no cabe deshacer el paquete de articulado negociado ya con los otros 11 socios.
Tiempos largos
De todos modos, se prevé muy difícil que algo de esto ocurra antes de enero próximo, dados los tiempos de trabajo que tienen los legisladores por delante y el ruido de la campaña.
Mucho antes de que esa fecha tope llegue, la primera definición de peso se espera para no más allá del próximo martes, cuando el primer debate entre aspirantes demócratas redunde -previsiblemente- en una definición por parte de la favorita, la ex secretaria de Estado Hillary Clinton.
Durante su gestión como integrante del primer gobierno de Obama, Clinton no sólo apoyó, sino que además negoció algunos trazos generales del acuerdo.
Pero desde que se convirtió en candidata no dijo nada al respecto, mientras que su contendiente directo, el senador por Vermont Bernie Sanders, no se cansa de decir que es una barbaridad absoluta.
El TPP se proyecta así como uno de los temas de fondo en el comienzo de la campaña.
Ajeno a todo eso, el presidente Obama insistía ayer en que el TPP es una verdadera bendición para el país. Sobre todo, para los agricultores y productores rurales, primera escala de su defensa sectorial del acuerdo. Las próximas serán la industria y la producción automotriz.
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