Obama y la inmigración: sólo palabras
MIAMI.- Felicitaciones, presidente Barack Obama, por haber pronunciado finalmente su primer discurso sobre la necesidad de una reforma inmigratoria desde que asumió la presidencia.
Lástima que fueran sólo palabras y no acciones, y que no servirá de mucho para lograr la aprobación de una ley de inmigración.
Antes de examinar lo que debería haber dicho Obama en su muy esperado discurso sobre la inmigración pronunciado el 1° de julio, démosle el crédito de haberse ocupado de uno de los temas más polarizantes de Estados Unidos en estos días, y por haberlo hecho de manera equilibrada.
Obama pidió tanto medidas destinadas a reforzar las normas de seguridad en la frontera como una vía para permitir que los 11 millones de inmigrantes indocumentados que están dispuestos a pagar impuestos o una multa y aprender inglés puedan conseguir la residencia legal. Y, confrontando el discurso xenófobo y populista de muchos comentaristas conservadores, admitió que "no es posible" localizar y deportar a 11 millones de personas.
Su mensaje principal fue pedir que el Partido Republicano ayude a aprobar una ley inmigratoria en el Congreso, ya que su Partido Demócrata carece de los votos necesarios para hacerlo solo. El presidente criticó a los republicanos por dar marcha atrás con la reforma inmigratoria por temor a perder el apoyo de sus votantes en las elecciones legislativas de noviembre.
Lo que no hizo
Sin embargo, Obama no hizo nada para hacer avanzar el proyecto de ley, al margen de darle más visibilidad pública. Entre las cosas que Obama no mencionó, se destacan:
- No haber anunciado una reunión pública en la Casa Blanca -con la participación de legisladores y representantes de grupos cívicos y empresariales- destinada a buscar acuerdos sobre una reforma inmigratoria, tal como lo hizo cuando inició su campaña para lograr la aprobación de la reforma del sistema de salud.
- No haber aprovechado la ocasión para anunciar formalmente un desafío legal del Departamento de Justicia contra la ley de Arizona que permitirá a la policía de ese estado exigir documentos a cualquier persona y arrestar a quienes no tengan papeles migratorios. Según la secretaria de Estado, Hillary Clinton, el gobierno de Obama presentará un recurso legal contra la ley de Arizona, pero parece que el mandatario dejará que el anuncio sea hecho por el fiscal general Eric Holder, distanciándose personalmente del tema.
Las encuestas revelan que la mayoría de los estadounidenses apoyan la ley de Arizona, aunque también están a favor de una vía para la legalización de los indocumentados.
- No haber hecho suficiente hincapié sobre la necesidad de la reforma inmigratoria desde el punto de vista económico, ya que ayudaría a Estados Unidos a ser más competitivo en la economía global.
Según un nuevo libro de Darrell West, un académico de la Brookings Institution, Estados Unidos concede apenas el 15% de sus visas a extranjeros altamente calificados, mientras Canadá y Gran Bretaña destinan el 55% de sus visas a los extranjeros altamente calificados.
- No haber realizado ninguna propuesta nueva. Podría haber adoptado algunas de las propuestas de West, tales como otorgar automáticamente la residencia legal a los estudiantes extranjeros que se gradúan de universidades estadounidenses en carreras de matemática, ciencia y tecnología, y reducir a los miembros de la familia inmediata la cantidad de parientes que los inmigrantes naturalizados estadounidenses pueden traer legalmente al país.
Si las visas se limitaran a la familia inmediata, en lugar de incluir a tías, tíos y primos, se podrían dar más visas a los científicos e ingenieros extranjeros graduados en Estados Unidos, alega el libro.
Mi opinión: el discurso de Obama fue un esfuerzo por mantener el apoyo de los votantes hispanos, cada vez más frustrados por la falta de acción del presidente en el tema inmigratorio, pese a sus promesas de campaña.
El voto hispano será crucial para que el Partido Demócrata de Obama evite una derrota en las elecciones legislativas de noviembre.
Pero Obama no les ofreció ninguna concesión a los republicanos ni tampoco enunció ideas nuevas para aumentar el apoyo del público a una reforma inmigratoria integral.
Si quiere convencernos de que el tema realmente le importa, debería hacer con la inmigración lo mismo que hizo con la reforma del sistema de salud, la reforma educativa y la reforma financiera: invertir un poco de capital político y pasar de las palabras a la acción.
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