Otro drama que emerge: el de las ciudades francesas bombardeadas

La ofensiva aérea de los aliados arrasó localidades cercanas al lugar de la cabeza de playa
Marc Bassets
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6 de junio de 2019  

SAINT-LÔ, Francia.- Los monumentos históricos revelan tanto por lo que dicen como por lo que callan. "A la memoria de las víctimas del bombardeo que destruyó la ciudad de Saint-Lô. El 6 de junio de 1944", se lee al pie de la roca sobre la que se eleva esta pequeña ciudad de Normandía. El texto, breve y directo, explica el qué, el cuándo y el dónde. Falta una parte de quién. Es decir, los responsables de los bombardeos: las fuerzas aliadas que el mismo día habían desembarcado a 40 kilómetros de Saint-Lô para liberar a Europa del nazismo.

"El monumento no dice quién lo hizo. Podrían haber escrito: 'A las víctimas de los bombardeos norteamericanos'. No lo dice", señala el historiador militar Stephen A. Bourque, autor de Más allá de la playa. La guerra aliada contra Francia.

El libro, publicado en 2018 en Estados Unidos y hace unos meses en versión francesa, explora un aspecto poco estudiado del desembarco en Normandía, del que hoy se conmemoran 75 años: la guerra aérea que, con especial intensidad a partir de enero de 1944, arrasó ciudades francesas como Saint-Lô y mató a unos 60.000 civiles, según los datos recopilados por Bourque, profesor en el US Naval Institute. La cifra, explica, es superior a la de los muertos por el blitz, los bombardeos alemanes sobre Gran Bretaña. En los ocho primeros meses de 1944, Francia e Italia recibieron la mayoría de bombas aliadas en Europa, más que Alemania, según documenta el historiador. "Uso la palabra con cuidado: creo que fue un crimen de guerra bombardear estas ciudades más allá de las playas", sostiene.

Siguiendo otros trabajos históricos, Bourque subraya una parte no oculta, pero sí poco destacada en el relato del Día D que quedó fijado en la memoria. Es el relato que reflejan películas como Rescatando al soldado Ryan. Es el relato expresado por Ronald Reagan en el discurso antológico que el 6 de junio de 1984 pronunció en lo alto de Pointe du Hoc, en la costa normanda, ante veteranos del grupo de rangers que 40 años antes habían asaltado aquel acantilado. "Estos son los hombres que conquistaron los acantilados. Estos son los campeones que ayudaron a liberar un continente. Estos son los héroes que ayudaron a acabar la guerra", dijo el entonces presidente.

Esta es la historia, pero no es toda la historia. Léopolda Beuzelin tenía 12 años el 6 de junio de 1944. Vivía en Saint-Lô con sus tres hermanos y su madre. Su padre había muerto al inicio de la guerra. Explica que aquel día empezaban a cenar en familia cuando escucharon el rugido de los aviones y vieron cómo se acercaban. "No tuvimos tiempo de tomarnos la sopa", dice. El recuerdo de aquellos días y meses es una sucesión de situaciones extremas que la inmunizó el resto de su vida y que quizás explique su buen humor y su energía a los 86 años.

Ella y su hermano se perdieron durante un tiempo, los dieron por muertos, pasaron varios días sin comer, se escondieron en el campo y, tras la liberación y su temprano matrimonio, a los 16 años, vivió con su marido diez años en una barraca de madera. No reprocha nada a los aliados que destruyeron la ciudad y mataron a unos 300 vecinos. "Para nosotros, fueron salvadores".

La historia de los bombardeos aliados sobre Francia también es la de la reconstrucción. Saint-Lô, que quedó destruida en un 91%, recuerda a algunas ciudades alemanas de la cuenca del Ruhr: ordenada, limpia, gris. La ciudad, que tiene 20.000 habitantes, afronta hoy problemas similares a otras reconstruidas en Normandía, como la ausencia de ascensores o los patios interiores degradados. "Todos los edificios datan de la misma época y envejecen al mismo tiempo", resume Robert Blaizeau, director de los museos de Saint-Lô. El momento es ahora.

Con el tiempo, sin embargo, el urbanismo triste y monótono de estas ciudades adquiere un cierto atractivo: los edificios que hasta hace poco eran anodinos ahora son patrimonio arquitectónico, una estética de la posguerra y los años del milagro económico.

© El País, SL

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