Sin desmantelar la desigualdad no podemos seguir justificando nuestra riqueza

Marta Lagos
Marta Lagos PARA LA NACION
Un hombre en traje de negocios camina cerca de un grupo de estudiantes después de las protestas contra el Gobierno en Santiago
Un hombre en traje de negocios camina cerca de un grupo de estudiantes después de las protestas contra el Gobierno en Santiago Crédito: AP
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24 de octubre de 2019  • 13:11

SANTIAGO, Chile.- Hoy vi en la calle una actitud menos agresiva que lo usual, un señor me dejo pasar en un cruce. Chile tiene que ceder el paso para que, cerca del 60% de la población que se autodeclara de "clase baja", obtenga los bienes políticos, económicos y sociales que lleva más de una década esperando.

Los bienes políticos en momentos de crisis son los primeros y le tocan al gobierno. La población espera la señal de cambio de rumbo (cambio de gabinete), cambio de agenda (proyectos de ley), cambio de visión de futuro: queremos que "todos sean desarrollados", no solo "algunos".

Hay que dejar de gobernar para "los intereses de unos pocos" (73%) y pasar a gobernar para los "intereses de la mayoría". Desde hace una década que los chilenos dicen mayoritariamente que se gobierna para unos pocos. La élite dirigente tiene que hacer un "reboot", incluyendo las actualizaciones del tiempo presente. En este momento de crisis los bienes simbólicos de cambio de actitud política son los mas preciados y potentes.

El segundo "bien político" central es la demanda de justicia. La Igualdad ante la ley solo es percibida por el 30% de la población, un 70% que cree que no la hay. Los escándalos de corrupción por financiamiento ilícito de la política, corrupción en carabineros, Fuerzas Armadas, etcétera, no han llevado a ningún miembro de la élite a cárcel efectiva, sino derivado en multas, mientras las cárceles están atiborradas de delincuentes que no pertenecen a ningún grupo social. La cárcel no puede ser para "algunos". La igualdad ante la ley es el componente político de la inclusión.

Luego vienen los bienes sociales demandados: la inclusión social.

Tenemos un problema de convivencia social que descansa en la "insoportable otredad de los otros" (Hirschman). Chile viene desde hace unos 20 años en una carrera individualista como ninguna otra sociedad latinoamericana. Ese individualismo que los ha alejado de las urnas (50% no vota), de lo colectivo (bajísimo asociativismo) y de lo que se llama "demos", la confianza en los otros. Somos una de las sociedades más desconfiadas de la tierra.

Hay que "ceder el paso", considerar la existencia del otro, respetar al otro, sin importar su condición social. Tenemos que ser llegar a ser un país sin segregación social. En Chile cuando te contratan no preguntan primero cuál es tu trayectoria profesional, sino dónde estudiaste, dónde vives. Tenemos que aprender a soportar la "otredad" de los otros. No hay inclusión social sin el respecto irrestricto, transversal.

Finalmente viene la demanda de los bienes económicos: la expectativa del 70% es que existan "Garantías sociales" (salud, educación, salario digno) que no las hay. A ello se le agrega que el mercado ha fracasado como proveedor de bienes públicos universales (pensiones y salud). Son deficitarios, también, como proveedor de otros bienes públicos por mal servicio, tanto el agua como la electricidad y para qué decir, la telefonía móvil. Pero es un error pensar que las demandas son solo éstas, que son parte necesaria, pero no suficientes.

En todo lo anterior hay que considera el piso en que nos paramos.

Tenemos violencia verbal instalada (el discurso publico, el otro desconfiado), violencia oculta (intrafamiliar), violencia organizada, y violencia societal. El individualismo y la desconfianza son caldo de cultivo para la violencia. La nueva generación se ha socializado en la violencia y en la protesta, hoy desafían la autoridad debilitada del estado. Recuperar la "autoridad" requiere liderazgo y un modelo de sociedad que valga la pena defender. Lo que más se ha derrumbado es la imagen de la sociedad que tenemos, que hoy todos quieren cambiar mucho más que defender.

Como dijo el sociólogo Ralf Dahrendorf, ya en 1974 en la crisis "se acaban los promedios". Se acabó el Chile de los promedios macroeconómicos que nos prestaba una linda máscara. Esta niña bonita que se veía de lejos, envejeció, se ve de repente su rostro sin maquillaje.

Sin desmantelar la desigualdad no podemos seguir justificando nuestra riqueza. Esto tomará mucho más que un Gobierno hacerlo, pero a Piñera le toca dar el paso más importante que es el primero y el diseño del camino, lo que más temprano que tarde implica un cambio constitucional.

*Los datos de encuestas citados son Barómetro de la política CERC MORI y Latinobarómetro datos de Chile.

La autora es socióloga y directora de la ONG Latinobarómetro

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