Caos en Hong Kong: violencia en la protesta que desafió la prohibición

Una multitud reclama la libertad de dos líderes detenidos durante otra protesta
Una multitud reclama la libertad de dos líderes detenidos durante otra protesta Fuente: AFP
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1 de septiembre de 2019  • 00:00

HONG KONG.- El caos volvió a apoderarse ayer de Hong Kong, con escenas dantescas de barricadas incendiadas, gases lacrimógenos y bombas molotov en el centro de la ciudad, en un violento enfrentamiento entre los manifestantes más radicalizados y la policía.

Más de tres meses después del estallido de las protestas, en junio pasado, el clima de efervescencia inundó nuevamente las calles de la excolonia británica desde temprano, cuando los manifestantes pro-democracia desafiaron la prohibición decretada contra la marcha.

Los incidentes sucedieron un día después de que cinco militantes de primer orden del movimiento prodemocrático hongkonés y tres diputados fueron detenidos en una redada policial. Entre ellos, dos figuras centrales del Movimiento de los Paraguas, que en 2014 durante 79 días mantuvo ocupado el centro financiero y político de la ciudad.

Las autoridades habían justificado la decisión de prohibir la manifestación de ayer, convocada durante la semana, con el argumento de evitar los desbordes sucedidos en la convocatoria del domingo pasado. Pero decenas de miles de manifestantes vestidos de negro, el color emblemático de las protestas, desfilaron por varios barrios del centro de la región semiautónoma.

"Recuperar Hong Kong, la revolución de nuestra época", coreaban los participantes de la marcha. La tensión subió cuando un reducido grupo de manifestantes atacó con piedras y bombas molotov a los policías situados alrededor del Parlamento local, que lo custodiaban tras la invasión a la que fue sometido en una marcha del 1° de julio.

Los disidentes lograron derribar las barreras que protegen el Parlamento, pero fueron rápidamente repelidos por la policía con gases lacrimógenos y con cañones de agua, que despedían en especial un líquido azul, un colorante que permite identificar después a los sospechosos.

"Las manifestaciones pacifistas no funcionan", dijo una chica de 22 años, que se identificó como Stone. "Los radicales deben expresar su bronca para obtener algo", agregó.

"Estoy dispuesto a asumir las consecuencias por manifestar", dijo otro joven manifestante. Y aseguró que seguiría en las calles para expresar su rabia contra el Ejecutivo. "Nosotros, los hongkoneses, tenemos libertad de reunión", añadió.

El ánimo general de los manifestantes se resumía en el grafiti que lucía estampado en una pared de la vecina estación de subte de Admiralty: "No nos vamos a rendir".

Los manifestantes se desplazaron luego hacia el este de la ciudad y prendieron fuego, entre otros objetivos, a una enorme barricada que habían montado con asientos arrancados de las gradas de un terreno deportivo, cerca del cuartel general de la policía local. La hoguera tiñó de humo los alrededores y acentuó el clima de rebelión popular.

La policía, que infiltró agentes entre los manifestantes, efectuó varias detenciones. En videos difundidos en las redes sociales se veía a muchas personas, al parecer manifestantes, detenidas en un vagón en una estación de subte tras haberse alejado de las protestas.

Otro grupo de disidentes desfiló cerca de la residencia de la jefa del gobierno local, Carrie Lam. La líder del Ejecutivo concentra la furia de las protestas prodemocracia por no haber retirado formalmente su proyecto de ley sobre las extradiciones hacia China, que fue el detonador de la movilización en junio.

El proyecto de ley fue tomado como una puerta abierta a la persecución de la disidencia política, cuyos líderes podrían ser detenidos y enviados a China. La movilización amplió sus reivindicaciones y denunció tanto la creciente influencia de Pekín como la pérdida de libertades, dos circunstancias que, según los reclamos, van de la mano.

Hong Kong vive desde entonces su peor crisis desde su devolución a China, en 1997, con acciones que acabaron muchas veces en disturbios, una situación a la que las autoridades no logran dar respuesta.

El largo camino del reclamo

  • La excolonia británica de Hong Kong vive desde junio pasado uno de los movimientos de protesta más extendidos desde su devolución en 1997 a China
  • Las marchas tienen como antecedente el llamado Movimiento de los Paraguas, una larga manifestación que tuvo tomado el centro financiero de la ciudad en 2014
  • La furia ciudadana se disparó en oposición a un proyecto de ley que avalaba la extradición de sospechosos de delitos y disidentes a la China continental
  • Los manifestantes extendieron luego sus reclamos hasta convertirse en una crítica general al gobierno local, conducido por Carrie Lam, cercana a Pekín.
  • El régimen chino alzó la voz y amenazó con intervenir de manera directa si las marchas disidentes no se detienen.

Agencias AFP, ANSA y AP

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