Se infiltró en el trauma de una Nueva York todavía convulsionada por los atentados de las Torres Gemelas
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En 2003 dejó atrás todo lo que conocía. Se convirtió en otra persona, con otro nombre, y se infiltró en el trauma de una Nueva York todavía convulsionada por los atentados de las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001, en los que perdieron la vida casi 3000 personas.
Tania Head decía ser una de los 18 supervivientes que se encontraban en los pisos de la Torre Sur en los que el avión impactó de forma directa. Ella estaba en el 78. Otros detalles variarían con el paso del tiempo y, aunque ese permaneció, también era falso.
De toda la gente que logró salir con vida, ese grupo era el más excepcional. Se estima que alrededor de 17.000 personas lograron evacuar ambos edificios antes de que colapsaran, pero la gran mayoría salió de las plantas situadas por debajo de las zonas de impacto.
En la Torre Norte las tres escaleras principales quedaron destruidas por encima del piso 91, mientras que en la Torre Sur solo una permaneció parcialmente transitable.
Ella escapó por ahí, con el brazo en llamas, sin dejar de pensar en el precioso vestido blanco que iba a usar para su boda con un hombre llamado Dave, y ayudada por el “hombre del pañuelo rojo”, un joven de 24 años convertido en héroe nacional porque ese día salvó a decenas de personas, aunque él perdió la vida.

Toda esta épica la adornaría ella más tarde con detalles de cómo, mientras se abría paso entre el caos y los cuerpos, se encontró con un hombre moribundo que le entregó su anillo de boda grabado, el cual ella posteriormente devolvió a su viuda.
Según su propio relato, que recogería años más tarde The New York Times, estaba allí como empleada de Merrill Lynch, ayudando a cerrar una fusión entre dos compañías. Su prometido, Dave, quien trabajaba en la Torre Norte, falleció en los ataques.
Se habían conocido una tarde cuando ambos pararon al mismo taxi. Mientras discutían quién se lo quedaba, se intercambiaron sus teléfonos y acabaron profundamente enamorados.
Este relato de fábula quedó publicado en un foro de Yahoo en el que sobrevivientes y familiares de la tragedia compartían sus vivencias. Amparada por el anonimato que proporcionaba internet hace 25 años, cuando no existían las redes sociales y contrastar información era más laborioso, no dejó de agrandar su historia y su leyenda.
Construyendo un personaje de ficción
Durante dos años, creó en internet “un personaje tan cinematográfico que cuesta creer que fuera real”, le dice a BBC Mundo Kike Maíllo, director del documental La superviviente, en el que narra la increíble historia de Tania Head.
El relato de la mujer era profundamente conmovedor. Hizo amigos y se sentía querida y valorada. Era parte de la familia de víctimas del 11-S y un referente de esperanza y resiliencia para muchos.
“En ese tiempo lo que hace ella es contactar, reunir información, inventar que le ha pasado algo, escribirlo. Lo deja ahí en el foro. A los días alguien contesta, ella vuelve a contestar a esa persona. Y así se va creando una relación con un grupo de gente y esa gente decide quedar”, explica Maíllo.
Así que, después de pasar 2002 y 2003 escondida detrás de un teclado, en junio de 2004 apareció en persona en una de las reuniones de la Red de Sobrevivientes del World Trade Center.

Deslumbrante y carismática, con capacidad de escuchar a los demás, le precedía ya la fama de ser la “supersobreviviente”.
“Ella acude, pero estoy seguro de que no sabe lo que se viene. No se imagina el papel que va a jugar en Nueva York durante los cinco años siguientes. En ese momento lo que quiere es ir allí, tomarse un café con esta gente y seguir representando el papel, porque son personas con las que ya tiene una relación”, cuenta Maíllo.
Insomnio, terrores y pánico
Y es en persona cuando empieza a ficcionar no solo la historia, también lo que sentía: habla de que tiene insomnio, terrores, que no puede estar cerca de ventanas, que tienen pánico a determinados sonidos. Cosas que probablemente a estas alturas ha leído cientos de veces de otros sobrevivientes en el mismo foro o en periódicos y revistas, o ha visto en documentales.
Suena sincera y genuina. Despierta empatía. Logra engañar incluso a su terapeuta, Sam Kender, quien en ningún momento dudó de ella y que trató sus síntomas como si fueran reales.
“Su caso es uno de los ejemplos más estudiados de impostura victimológica, construcción de identidad falsa y fallo colectivo en la verificación testimonial”, dice la Academia Internacional Ciencias Criminalísticas de Sevilla.

Maíllo cree que Head se convirtió en un mito en un momento en el que la sociedad había sido golpeada y todas las historias eran trágicas.
“Que haya un hilo de esperanza al que te puedas agarrar con esa narración de que casi perdió el brazo, que su prometido falleció en la otra torre y que aun así esté de pie, incluso a veces sonriendo, explicando su historia, genera un efecto muy positivo en la comunidad”, dice.
“Ella supo ordenar y tejer una historia adecuadísima para la audiencia. Tiene ingredientes de superación, supervivencia y de romance”, expone Maíllo.
“Conocía al alcalde”
La comunidad la ensalzó y acabó votándola como presidenta de la Red de Sobrevivientes del World Trade Center, porque su historia y su manera de contarla era un faro en ese momento de grises tan oscuros.
Su figura empezó a crecer, creando una red de solidaridad con las víctimas. El que se convirtiera en una figura pública hizo incluso más verosímil su historia.
“Conocía al alcalde de Nueva York. Podía coger el teléfono y llamarlo directamente”, recuerdan algunos testimonios en el documental de Maíllo.

Apareció en multitud de actos en memoria de los fallecidos en los ataques terroristas. Contó lo que les había pasado a figuras como el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, el exalcalde Rudolph Giuliani y el exgobernador del estado George Pataki.
También a los miles de ciudadanos que participaron en los tours guiados que ofrecía en la Zona Cero del Tribute Center.
No solo no percibió ningún salario como presidenta de la Red de Supervivientes ni como guía voluntaria en la Zona Cero, sino que ayudó a recaudar mucho dinero para las asociaciones a las que estuvo vinculada.
Tampoco solicitó las ayudas del Fondo Federal de Compensación a las Víctimas y no hay indicios de que se enriqueciera personalmente.
Deshaciendo sus mentiras
Todo se desmoronó el 27 de septiembre del 2007, con una exclusiva de los periodistas David W. Dunlap y Serge F. Kovaleski de The New York Times.
Merrill Lynch & Company no tenía constancia de haber empleado a una persona llamada Tania Head. Harvard y Stanford, las universidades en las que dijo haber estudiado, no pudieron encontrar registros de un alumna con ese nombre.
No se sabía en qué hospital había pasado cinco días inconsciente después de haber sufrido graves quemaduras en el brazo derecho. La familia de su prometido Dave y el compañero de piso de este en Manhattan no sabían de su existencia.
Tania Head era un fraude. Se había hecho pasar por sobreviviente. Había engañado a todos y lo había hecho durante años.

En España, la periodista y escritora Marta Forn, del diario La Vanguardia, al ver la exclusiva de The New York Times se dio cuenta de que no solo Tania era una farsante, sino que, en realidad, no existía. Era un personaje inventado.
Tania no era estadounidense. Era española, más específicamente de Barcelona. No se llamaba Tania, se llamaba Alicia. Y lo único que conservó en Estados Unidos de su vida real como miembro de una familia adinerada de Barcelona fue el apellido de su madre, una asistente de vuelo de British Airways de la que heredaría un perfecto inglés.
Lo demás, todo era inventado. Pura ficción. Jamás estuvo en Nueva York el día de los ataques contra el World Trade Center. De hecho, Alicia Esteve Head estaba en esa época cursando un MBA en las aulas de una escuela de negocios de Barcelona.
Forn y su compañero en el periódico Xavier Mas De Xaxas empezaron a tirar del hilo. En un anuario encontraron una foto con su verdadero nombre, pero aún no sabían si la Alicia de Barcelona era la Tania de Nueva York. Empezaron a entrevistar a personas cercanas a ella y a indagar qué había pasado con ella antes de 2001.
“Hablamos con una persona que tuvo contacto estrecho con ella. Me explicó que, en su día, sus historias creaban muchas dudas. Por ejemplo, contaba que tenía un novio que era un cirujano plástico de Estados Unidos. Le había regalado una alianza con 50 diamantes que ella, sin querer, había perdido en los lavabos de un hotel, y que, al día siguiente, él le regaló otra”, recuerda Forn en conversación con BBC Mundo.
La pista definitiva
Alicia Esteve Head era secretaria y persona de confianza del director de una empresa extranjera y muy buena profesional, “pero tenía una gran necesidad de reconocimiento”, añade la periodista.
“Ella era una persona que no tenía autoestima, con un desequilibrio emocional fuerte. Ya en Barcelona ficcionaba su vida y toda esta fantasía es la que ella después lleva a Nueva York”, dice por su parte Xavier Mas De Xaxas.
La clave para conectar a los dos personajes, el ficticio y el real, la encontraron en otra foto. En ella se ve a Alicia Esteve Head brindando con una copa y el brazo derecho herido al descubierto. Era la misma cicatriz que muestra Tania Head en sus comparecencias públicas en Estados Unidos.

“Una persona que conocía a Alicia me contó que tenía una discapacidad en el brazo derecho, porque cuando era joven iba en un coche con cuatro amigas y tuvieron un accidente. Ella sufrió un gran corte en el brazo, que casi quedó amputado y se lo tuvieron que reimplantar”, cuenta Forn.
Cuando se descubrió el engaño, las víctimas del 11-S se sintieron de nuevo agredidas. “Yo me acuerdo de la madre del novio que Tania se inventó. No sabía nada de ella y mucho menos que su hijo estuviera comprometido. Alicia le enseñó el anillo y construyó una relación con esa mujer. Y la madre pensó, ‘bueno, pues mi hijo me quería dar una sorpresa’. Intentó procesar toda esta información desde el amor que sentía por su hijo fallecido”, recuerda Mas De Xaxas.
“Entonces, cuando vio que todo era mentira y que Alicia había aprovechado esta historia para explotar a su hijo muerto y crear un victimismo aún mayor… estaba devastada”.
Una vida de lujos
El nombre real de la estafadora llevó a los periodistas de La Vanguardia a encontrar más detalles de su vida pasada.
Alicia Esteve Head pertenecía a una familia de clase alta de conocidos empresarios barceloneses que se vio implicada en 1992 en uno de los mayores escándalos económicos de la época en Cataluña. Su padre, Francisco Esteve Corbella, y su hermano, Francisco Javier Esteve Head, fueron condenados a penas de prisión por un delito de falsedad documental en un caso de fraude por pagarés falsos.
Su casa estaba en el mejor barrio de la ciudad y vivía rodeada de comodidades.

“Creo que ese es quizá el factor que le crea un trauma. De tener una vida perfecta pasa a que su padre vaya a la cárcel y su hermano también. Y lo de Nueva York probablemente lo empezó como una de sus fantasías y acabó haciéndose una pelota enorme que no supo parar”, plantea Forn.
En una época en la que se habla abiertamente de salud mental, Forn se pregunta si Alicia llegó a creerse sus propias mentiras. “Una de las veces que la despidieron de un trabajo se fue diciendo: ‘¿Cómo sois capaces de despedir a una víctima del 11-S?’”.
“Creo que lo que hizo tiene que ver con estar, con ser querida, con pertenencia. Estás en un lugar desencajada, nadie te mira y lo que quieres es que te miren y lo que quieres es que te quieran. Es un principio universal, querer estar, que te quieran, tener un minuto de atención, colgar tu foto en Instagram, que tengas muchos likes”, dice por su parte Maíllo.
“Es relacionarnos, es buscar el amor de ellos, es darles amor, y con esa moneda seguimos pagando y esa moneda es la que queremos seguir recibiendo”.

Rehaciendo su vida
Tras la exclusiva de The New York Times, Alicia se deshizo de su personaje. Algunos sobrevivientes afirman haberla perdonado, muchos otros no.
Regresó a Cataluña y rehízo su vida. Las personas que saben dónde está ahora afirman que cada vez que su pasado sale a la luz en un medio o en un documental, la echan del trabajo.
“Ahora lleva un año y medio en el mismo puesto sin que la echen, que es persistentemente lo que le ha pasado estos últimos 20 años”, dice Maíllo, quien teme que el estreno de La superviviente pueda acarrear nuevas represalias contra ella.
Juan (nombre ficticio), trabajó con Alicia en 2023 en una agencia de viajes en Barcelona. “Al entrar en la empresa entiendo que lo que estaría haciendo es intentar reconstruir su vida. Nosotros no sabíamos nada, pero es verdad que cuando asesoraba a los clientes sobre Nueva York lo hacía muy bien y con mucho detalle. Ella decía que había vivido allí mucho tiempo”.
“Solo duró tres meses. En cuanto se supo todo desapareció y a mis compañeros que se pusieron en contacto con ella, les respondió que estaba desbordada”, añade.
Marta Forn lamenta que Alicia no haya salido en público a pedir disculpas sinceras por lo que hizo.
“Quizás es que, al final, se creyó su propia historia”.
Por Cristina J. Orgaz
BBC Mundo
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