El identikit del próximo papa: pastor, político y manager

El sucesor de Benedicto XVI se enfrentará a una serie de desafíos que reclaman rasgos como determinación, fuerza espiritual y energía física
Elisabetta Piqué
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17 de febrero de 2013  

ROMA.- Debería saber hablarle al mundo de hoy; tomar con fuerza el timón de la barca de Pedro -ahora algo a la deriva-; ser santo y pastor; disponer de energía física y mental, y tener capacidad política y organizativa. Sin miedo, debería limpiar esa "suciedad en la Iglesia" que el mismo Joseph Ratzinger, aún cardenal, denunció en las famosas meditaciones del Vía Crucis del Viernes Santo de 2005, cuando Juan Pablo II agonizaba.

No pasó aún una semana de la renuncia de Benedicto XVI, el tímido Papa alemán que con su abdicación provocó un temblor de dimensiones enormes. Sin embargo, en Roma, no se habla de otra cosa que del "identikit" del candidato ideal para suceder al Santo Padre. Un Papa que no murió , sino que decidió, con la racionalidad que siempre lo caracterizó, patear el tablero bajo la sombra de la seguidilla de escándalos e intrigas y de su fracaso en reformar la curia, el gobierno central de la Iglesia.

Los 117 cardenales de cinco continentes que se aprestan a encerrarse en un cónclave aún sin fecha -sería antes del 15 de marzo, según admitió ayer el Vaticano- saben que tienen ante ellos una misión casi imposible.

Su tarea será más difícil que en 2005. Entonces, resultó arduo elegir a un pontífice después de un gigante como Karol Wojtyla, un papa-estrella, carismático, mediático, santo, cautivador de multitudes, incluso de otras religiones.

Ahora, después de un papa teólogo, profesor, intelectual, que rompió todos los moldes y dijo "basta, me voy" -algo que ningún pontífice hacía desde 1294- para darle un sacudón a la Iglesia, los 117 cardenales saben que tienen que elegir a una persona muy especial. Alguien de fe, con la fortaleza de espíritu necesaria para enfrentar semejante desafío.

"El que venga tendrá que asumir ese mensaje y el que hay detrás del gesto histórico del Papa", dijo a LA NACION un cardenal elector que pidió el anonimato.

"Si el próximo no aprovecha las denuncias de corrupción, de divisiones y rivalidades que ha hecho Benedicto XVI mismo, que habló del rostro desfigurado de la Iglesia, pierde una oportunidad histórica de reforma de la Curia, que tocó fondo", estimó.

"El próximo papa tiene que ser un hombre que rece, un hombre de fe, un hombre libre, que no esté enganchado en ninguna «cordata», que sea obispo, que sea pastor, que rece mucho, que no se meta en política, pero que sepa manejarse políticamente. Tiene que ser un hombre a quien no le tiemble el pulso, porque tienen que rodar cabezas, porque la corrupción es un pecado mortal", agregó.

"Tiene que ser un hombre que marque las fronteras de la Iglesia hacia afuera, para que la Iglesia no sea autorreferencial y que sepa hacerse cargo de la nueva configuración del mundo", puntualizó el purpurado, favorable a una apertura de la Iglesia en un tema irresuelto como el de la prohibición de la comunión para los divorciados vueltos a casar.

"El próximo papa debe ser un hombre de gran cultura y apertura al mundo, un hombre de gobierno, con experiencia pastoral y capacidad organizativa. Deberá saber poner orden, como si se tratara de una empresa. Deberá ser alguien enérgico y con agallas para manejar la situación", sostuvo Luigi Geninazzi, veterano conocedor de asuntos vaticanos, corresponsal de Avvenire, el diario de la Conferencia Episcopal Italiana.

Geninazzi cree que el candidato ideal para suceder a Benedicto XVI no se definirá por criterios geográficos, sino por fortaleza física y de carácter, experiencia pastoral, capacidad de gobierno, determinación a dar un golpe de timón, sobre todo en la Curia, que necesita ser reformada, según coinciden muchos.

"La Iglesia no tiene color. Lo único importante es que el nuevo papa tenga capacidad para gobernar la Iglesia, algo que hoy no es para nada fácil", admitió el cardenal portugués José Saraiva Martins, prefecto emérito de la Congregación para las Causas de los Santos.

"Además, deberá tener energía, coraje y buena salud física y moral... Lo importante es el vigor físico y espiritual", agregó.

El padre John Paul Wauck, profesor en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, del Opus Dei, también cree que el próximo papa deberá contar con energía. "Con su dimisión, el Papa invita a los cardenales a pensar en que tienen que elegir a una persona con una edad justa, ni muy joven, ni muy avanzada", dijo y estimó una edad entre los 60 y los 70 años.

Entre los cardenales jóvenes, circula el nombre del cardenal filipino Luis Antonio Tagle, de 55 años.

Para Wauck, además, deberá ser un pastor, un santo y un hombre que sepa comunicar, lo cual "no significa que debe ser un buen orador, porque una persona muda puede comunicar la fe cristiana, como Juan Pablo II, que al final de su pontificado comunicaba sin decir".

"Virtudes de gobierno"

"Ahora se dice que hace falta un manager, pero es imposible que un solo hombre administre toda la Iglesia. Tiene que ser un pastor, saber elegir a sus colaboradores en el Vaticano, a los obispos y saber delegar responsabilidades. Tiene que tener virtudes de gobierno", indicó.

"Todo el mundo tiene ideas muy sofisticadas en cuanto a las cualidades del próximo papa, pero nadie sabe qué es lo que hace a un buen papa: ¿quién habría elegido a Pedro, un pescador que no hablaba más que arameo y que había traicionado a Jesús? No era el candidato obvio ni entre los apóstoles, pero fue elegido por Dios", afirmó Wauck.

¿Hay algún cardenal elector que reúna muchas de las características indicadas antes? Sí. Fuentes consultadas por LA NACION mencionaron a dos cardenales que empiezan a sonar como favoritos: el italiano Angelo Scola, arzobispo de Milán y ex Patriarca de Venecia, de 71 años, intelectual cercano a Ratzinger y conocedor del mundo musulmán.

Y el canadiense Marc Ouellet, prefecto de la Congregación de los Obispos, de 68 años, que vivió en Colombia, habla seis idiomas y que, según confió un monseñor "tiene la ventaja de ser de América del Norte, sin ser gringo".

Dos meses en Castel Gandolfo

  • Después de su traslado a la residencia de Castel Gandolfo, en las afueras de Roma, en la tarde del próximo 28 de febrero, está previsto que Benedicto XVI, transformado en ese momento otra vez en Joseph Ratzinger, permanezca allí cerca de dos meses. Ése es el plan informado por el vocero del Vaticano, padre Federico Lombardi, de acuerdo con lo reportado por el director de las Villas Pontificias, Saverio Petrillo.
  • "Debería permanecer [en Castel Gandolfo] hasta fin de abril", explicó Lombardi. Después, Benedicto XVI se trasladará nuevamente al Vaticano, a un ex monasterio de clausura, que está siendo remodelado.
  • Del editor: cómo sigue.

    Las internas, los escándalos, los abusos, los temas sociales son desafíos por atacar con urgencia porque alimentan el problema de fondo: la pérdida de fieles.

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