Un dilema para frenar el virus: imitar o no a Pekín

La OMS sugiere actuar rápido y evitar con cuarentenas que se propague la enfermedad
Yanan Wang
Aniruddha Ghosal
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2 de marzo de 2020  

PEKÍN (AP).- Cuando el coronavirus se esparcía rápidamente por el centro de China, el gobierno del país tomó una medida autoritaria: impuso un inédito cerrojo sobre 60 millones de personas en la provincia que era el epicentro del brote.

La suspensión del transporte público en algunas ciudades y el cierre de los lugares de entretenimiento en todo el país, sumados al miedo imperante, vaciaron las calles de la nación más poblada del planeta.

Ahora que se confirmaron los primeros casos en América Latina y que el virus hizo pie en todos los continentes salvo la Antártida, la Organización Mundial de la Salud (OMS) le propone un desafío al resto de los países: parecerse más a China.

En pocas palabras: si no se entiende del todo una enfermedad y no hay vacunas o remedios para curarla, la forma más efectiva de frenar su propagación es con una cuarentena. Y también es crucial actuar rápido, como tuvo que aprenderlo China después de su tibia respuesta inicial. La pregunta que se le plantea al mundo es hasta qué punto quiere o puede copiar los draconianos métodos chinos. "Son muy pocos los países con la capacidad logística de implementar un bloqueo a tal escala", dice Raina Maintyre, experta en bioseguridad de la Universidad de Nueva Gales de Sur, Australia.

En una democracia, para aplicar una restricción de semejante magnitud "hay que dar muchas explicaciones de por qué es importante", dice la viróloga Marion Koopmans, del Centro Médico Erasmus, en los Países Bajos. "Pero es algo de sentido común que todo el mundo entiende y que nos enseñaron nuestros abuelos. Recuerdo haber estado en cuarentena cuando era chica y tuve paperas".

La China comunista también dispone de un avanzado sistema de vigilancia estatal. El movimiento de los disidentes, de los activistas y de las minorías musulmanas son seguidos de cerca por cámaras de vigilancia y a través del big data, además de los históricos comités de vigilancia vecinal.

La ciudad oriental de Hangzhou implementó una base de datos electrónica con barras de colores que indican el estado de salud de cada residente, sobre la base de su historial de viajes y sus síntomas. El gobierno está trabajando con la gigante tecnológica Alibaba para extender el sistema a todo el territorio chino. En los edificios de departamento se reforzó la seguridad: ahora a los habitantes se les solicita un pase de entrada o se limita su tiempo en el exterior.

Según los expertos, esos métodos prueban que si un país quiere detener o al menos desacelerar el avance de un virus, básicamente puede hacerlo forzando a la gente a quedarse en su casa durante semanas. "Eligieron ese enfoque y lo potenciaron a fondo con ciencia y tecnología ultramodernas, hasta un punto inimaginable hace unos años", dice Bruce Aylward, epidemiólogo canadiense que encabezó una reciente misión de la OMS a China.

Por supuesto que en el proceso se cometieron errores. Las autoridades chinas primero dijeron que el riesgo de infección entre la gente era bajo, o incluso inexistente, y resultó ser todo lo contrario. Los médicos que intentaron advertir a sus colegas de la aparición del virus fueron acusados por la policía de "esparcir rumores".

En definitiva, China no actuó con suficiente rapidez para impedir que el virus devastara una provincia -Hubei, donde se produjeron casi la totalidad de las 2800 muertes en China continental-, pero logró desacelerar el brote para el resto del país y para el mundo entero.

"La principal lección que nos deja es que hay que actuar con rapidez", dice Aylward. "Lo que me pregunto es si el resto del mundo entendió esa lección".

En los últimos días también se supo de brotes en Italia, Irán y Corea del Sur, y los expertos coinciden en que los esfuerzos para frenar el virus casi con certeza fracasarán. "Es probable que nada frene al virus", dice Ian Mackay, virólogo de la Universidad de Queensland, Australia.

Así y todo, la cuarentena y el distanciamiento social -limitar las situaciones de socialización- son consideradas las herramientas más valiosas que tienen a su disposición los gobiernos. Esas medidas no solo compran tiempo para desarrollar vacunas y tratamientos contra el virus, sino que impiden que los hospitales queden desbordados como ocurrió en Wuhan, la ciudad donde empezó la crisis.

Traducción de Jaime Arrambide

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