Un exagente de la CIA confirmó cuál es el país más peligroso del mundo en 2026
John Kiriakou, exoficial con una vasta experiencia en operaciones de contrainteligencia y terrorismo reveló el lugar más riesgoso de la Tierra; “Hay que dormir con un ojo abierto”, afirmó
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John Kiriakou, un exagente de la CIA que sirvió entre 1990 y 2004, identificó a Yemen como “el país más peligroso” del mundo en la actualidad, basándose en sus múltiples experiencias en naciones de alto riesgo. Quien fue jefe de Operaciones Antiterroristas en Pakistán después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, compartió su perspectiva en una entrevista con el medio británico LADbible, donde detalló los motivos detrás de su elección.
Según Kiriakou, no existe un único lugar peligroso, sino varios, y él visitó muchos de ellos. “Nunca llegué a ir a los lugares agradables”, comentó, momento en el que recordó sus misiones en 72 países, la mayoría de los cuales describió como “simplemente horribles”. Además de Yemen, enumeró a Somalia, Gaza, Afganistán y ciertas partes de Pakistán como las zonas más volátiles del planeta. “Hay que dormir con un ojo abierto. Nunca se sabe lo mal que se pondrán las cosas”, advirtió.
El exagente ofreció un ejemplo gráfico para ilustrar la extrema peligrosidad de Yemen, ya que relató que visitó el país en cinco ocasiones, y “cada vez que fui, fue peor que la vez anterior”. En su quinta y última visita, las condiciones de seguridad eran tan precarias que solo se les permitía alojarse en un único hotel, el cual contaba con un muro de diez metros de altura diseñado para protegerlo de explosiones. “Ya no podías quedarte en ningún otro hotel”, explicó.

La escalada de violencia quedó brutalmente expuesta al día siguiente de su llegada: un grupo de seis diplomáticos surcoreanos fue emboscado y asesinado en el trayecto del aeropuerto al hotel. Pocos días después, oficiales de inteligencia surcoreanos que llegaron para investigar el crimen sufrieron el mismo destino, es decir que también emboscados y asesinados. Ante esta situación, el gobierno de Corea del Sur decidió cerrar su embajada y retirar a su personal, un hecho que, para Kiriakou, selló la reputación del país: “¡Ese es un país bastante peligroso!”.
La trayectoria de John Kiriakou le otorgó una visión profunda de los conflictos globales. Su especialización en Medio Oriente, con licenciatura y maestría en análisis de política exterior, lo llevó a ser asignado a Irak, convirtiéndose en el biógrafo clasificado de Saddam Hussein. Su carrera lo hizo pasar por Arabia Saudita, Kuwait y Baréin, inicialmente en roles de analista.
Sin embargo, tras siete años y medio de “Irak, Irak, Irak, todos los días”, buscó un cambio radical. Realizó una transición inusual de inteligencia a operaciones, específicamente a contrainsurgencia. Esta etapa implicó una formación intensa en armas, explosivos, conducción antiterrorista y el arte de reclutar espías para obtener secretos.

El 11 de septiembre de 2001 marcó un antes y un después en su carrera y en la política exterior estadounidense. En ese momento, John Kiriakou entrenaba a servicios de inteligencia de Medio Oriente en operaciones antiterroristas. Los eventos lo encontraron en la sede de la CIA, donde presenció la caída de las Torres Gemelas y el ataque al Pentágono. La respuesta de Estados Unidos, lo que llamó la “Guerra contra el Terror”, cambió “literalmente todo”.
Tras el 11-S, Kiriakou se ofreció como voluntario para ir a Afganistán, convirtiéndose en uno de los 16 hablantes fluidos de árabe en la CIA. Finalmente fue enviado a Pakistán como jefe de Operaciones Antiterroristas, con la misión de capturar a miembros de Al-Qaeda. Allí, su equipo logró, en cuestión de semanas, operativos exitosos, incluido el arresto de Abu Zubaydah, a quien se consideraba el número tres de Al-Qaeda en ese momento.
John Kiriakou se convirtió en denunciante sobre los métodos de tortura empleados por la CIA, lo que lo llevó a ser condenado en 2012 por filtrar información clasificada a los medios, y tuvo que cumplir 30 meses de prisión. Él relató que la CIA implementó “técnicas de interrogatorio mejoradas” en mayo de 2002, después de que él se negara a participar, considerándolas un “programa de tortura”.

A pesar de las graves consecuencias personales, el exagente afirma no arrepentirse: “Alguien tenía que decir algo… Quería poder dormir por la noche. Quería que mis hijos se sintieran orgullosos de mí”. Su testimonio subraya la complejidad y la oscuridad de las operaciones encubiertas que contribuyen a la inestabilidad de muchas regiones, que incluye a aquellas que él cataloga como las más peligrosas.
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