Un video viral de una exconejita de Playboy que criticó a Putin desató una inusual reacción del Kremlin
La influencer denunció problemas económicos, censura y un clima de temor que rara vez emerge fuera de la oposición
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MOSCÚ.– La influencer y modelo Victoria Bonya, conocida por su paso por las primeras ediciones del Gran Hermano ruso y por su pasado como conejita de Playboy, desató un inusual debate político en Rusia tras publicar un video dirigido al presidente Vladimir Putin que superó las 30 millones de visualizaciones.
En su mensaje, la bloguera —que cuenta con cerca de 13 millones de seguidores en Instagram— denunció restricciones en Internet, presiones a empresarios, problemas económicos y una serie de crisis locales, y afirmó que “la gente tiene miedo”.
El impacto fue inmediato y poco habitual: el Kremlin reaccionó públicamente a una crítica surgida fuera de la oposición política organizada. El vocero presidencial, Dmitri Peskov, reconoció la “gran resonancia” del video y la “relevancia” de los temas planteados, y aseguró que ya se están llevando adelante trabajos a gran escala para abordar esos problemas. También afirmó que ninguna de las inquietudes expresadas “quedará sin atención”.
En su intervención, Bonya había puesto el foco en cuestiones sensibles: desde el bloqueo de Internet hasta las inundaciones en el Cáucaso, el sacrificio de ganado en Siberia y la crisis ecológica en el mar Negro. Pero el punto más delicado fue otro: la influencer sostuvo que tanto funcionarios como figuras públicas y ciudadanos comunes evitan decirle la verdad al presidente por temor. “Usted es el presidente de nuestro país y creo que no debemos tener miedo”, afirmó.
El video acumuló más de 1,3 millones de “me gusta” y más de 100 mil reposts, y recibió apoyos transversales, tanto de personalidades cercanas al Kremlin como de opositores y activistas en el exilio. Esa amplitud en la recepción convirtió el episodio en un síntoma de algo más profundo: la emergencia de voces con gran alcance en redes sociales que empiezan a canalizar un malestar social que muchos rusos no expresan abiertamente.
Tras la respuesta oficial, Bonya publicó un nuevo mensaje en el que, visiblemente emocionada, agradeció la atención del Kremlin. Entre lágrimas, expresó su preocupación por su seguridad y su futuro, aunque aseguró que “valió la pena” por haber logrado transmitir “el dolor del pueblo”.

La repercusión del caso también se trasladó a la televisión estatal. Vladímir Soloviov, uno de los presentadores más influyentes y alineados con el oficialismo, invitó a Bonya a su programa Polni Kontakt. Sin embargo, el intercambio derivó en un escándalo: el conductor la la denigró en pleno aire, en una línea de ataques que ya había utilizado contra otras figuras internacionales.
La reacción fue inmediata. Bonya amenazó con presentar una denuncia en defensa de la mujer, mientras que el regulador de las comunicaciones, Roskomnadzor, abrió una investigación. Ante la presión, Soloviov se disculpó públicamente en su propio programa y reconoció que su comportamiento había sido “excesivamente apasionado” y que debía controlar su lenguaje. La influencer respondió de forma breve: “Me alegro de que se haya disculpado”.

Más allá del cruce mediático, analistas señalan que el episodio refleja tensiones de fondo en la sociedad rusa. Los problemas mencionados por Bonya coinciden con factores que inciden en la caída de los índices de popularidad de Putin, que registran sus niveles más bajos desde 2022. A menos de cinco meses de las elecciones parlamentarias, el partido oficialista Rusia Unida enfrenta un escenario más competitivo: los sondeos le otorgan menos del 30% de intención de voto, lo que pone en riesgo su mayoría constitucional.
Uno de los puntos más sensibles es la política de restricciones en Internet, impulsada por el oficialismo y rechazada por más de dos tercios de la población. En contraste, otras fuerzas representadas en la Duma han crecido en las encuestas tras desmarcarse de esas medidas.

En ese contexto, el propio Putin pareció enviar una señal. Durante un discurso ante legisladores en San Petersburgo, pidió que no se concentren exclusivamente en “restringir, sancionar y castigar” en su labor. Para algunos observadores, se trata de un indicio de que el malestar que Bonya expresó en redes sociales ha logrado, al menos en parte, filtrarse hasta el centro del poder.
Agencia AP
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