Una foto que supondrá un éxito para la dinastía Kim
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PEKÍN.- Del entonces líder norcoreano Kim Il-sung se dijo que no aguantaría ni un año luego del derrumbe de la Unión Soviética. De su hijo, Kim Jong-il, que sin la mística revolucionaria y fundacional de su antecesor sería incapaz de sostener mucho tiempo a su pueblo hambriento. Y de su nieto, Kim Jong-un , que su bisoñez le haría sucumbir rápidamente frente a la casta militar o los desafíos de un país acorralado.
La dinastía Kim sigue oponiendo su sobrenatural capacidad de supervivencia frente a los recurrentes anuncios de colapsos inmediatos que llegan desde Occidente. La futura foto de Kim Jong-un con un presidente norteamericano -en este caso Donald Trump- supone un éxito que no lograron sus antepasados.
Las conversaciones anunciadas se gestaron en los años 80. Aquellos oxidados Scuds soviéticos que compró Kim Il-sung a Egipto y los actuales ICBM o misiles intercontinentales de tres fases con capacidad para golpear Estados Unidos comparten su finalidad de proteger a sus líderes. Kim Jong-un diseñó una hoja de ruta para arrastrar a la mesa de negociaciones a Trump, que se cumplió con exactitud.

En su discurso de Año Nuevo del año pasado, el joven dictador norcoreano anunció que probaría un ICBM y Trump respondió por Twitter que lo impediría. Ganó Kim. Durante meses alternó misiles y ensayos nucleares hasta que Estados Unidos entendió que ya era una amenaza directa para su territorio.
En el discurso de este inicio de año viró a la diplomacia y envió una delegación a los Juegos Olímpicos de Invierno que organizó Corea del Sur. La encabezaba su hermana, Kim Yo-jong, con un mensaje que entregó a los diplomáticos surcoreanos para que estos se lo trasladaran Trump. Su aceptación de unas negociaciones de igual a igual supone el final del camino.
No es descartable que los norcoreanos contaran con que el narcisismo de Trump le impediría rechazar la oportunidad de pasar a la Historia. Su júbilo apenas disimulado antes de dar la noticia y su atribución del éxito sugieren que no lo pensó demasiado. Se sabía que ansiaba esa foto desde que en las elecciones aclaró que no le importaría compartir una hamburguesa con Kim Jong-un . Trump tenía razón: es lo único que no se había intentado. La solución militar, la otra opción que barajó durante los últimos meses, ya la había probado Estados Unidos en la Guerra de Corea (1950-1953), donde se dejó los dientes para conseguir un empate.

Sorprendió que la cita anunciada anoche se fijara para mayo -según Seúl, aunque la Casa Blanca no lo confirmó-, cuando estas cumbres suelen requerir meses o años de preparación. Las negociaciones con Corea del Norte, además, incluyen aspectos complejos, como la fiscalización del cumplimiento de las obligaciones.
El problema más urgente de Trump es su falta de equipo para salir a la cancha. Estados Unidos suma un año sin embajador en Seúl. Su último candidato designado, Victor Cha, fue descartado a última hora por sugerir que un ataque preventivo sería calamitoso. Joseph Yun, el antiguo negociador con Pyongyang, renunció por discrepancias con la línea belicista oficial. Ningún analista del presidente norteamericano muestra conocimientos sólidos sobre Asia y el secretario de Estado, Rex Tillerson, ni siquiera estaba informado: ayer comunicaba en África que el diálogo era una posibilidad muy lejana.
Algunos expertos son escépticos ante una cumbre que juzgan de apresurada y muy inclinada al fracaso. "Dudo mucho que Corea del Norte sacrifique las armas nucleares incluso si recibe las garantías de seguridad de Estados Unidos, ni siquiera con un tratado de paz", señala por e-mail Richard Bitzinger, experto en seguridad en Asia de S. Rajaratnam School of International Studies, en Singapur.
"Su programa nuclear es lo que le da estatus y reconocimiento internacional, el mundo le presta atención sólo por él. Esas armas son su único recurso para negociar y si las entrega se queda con las manos vacías", añade Bitzinger. Los líderes norcoreanos saben que sólo las armas nucleares los separan del destino trágico de Muammar Khadafy o Saddam Hussein. Un escenario más factible sería la moratoria del programa.
Las conversaciones son un camino pedregoso, pero cualquier fracaso se antoja mejor que la destrucción que ambos se prometían meses atrás. La foto será tanto un triunfo para el ego de Trump como la victoria póstuma de Kim Il-sung.
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