Una frontera al rojo vivo
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KOHALA, Cachemira (De una enviada especial).- "Prohibido el paso a extranjeros", dice el cartel en el retén que abruptamente corta la ruta que lleva desde Islamabad, la capital de Paquistán, hasta Muzzafarrabad, sede administrativa del llamado Estado libre de Cachemira.
El viaje entre los valles que dibuja el río Jhelum en su descenso del Himalaya se corta abruptamente entre un precario puente de madera que lo cruza y la valla policial. Y el peligroso bloqueo en el camino de un solo carril vuelve a sintetizar el drama que envuelve este paisaje que serpentea entre cumbres de hasta 7000 metros: más de 35.000 vidas se perdieron por definir a quién pertenece.
Una de las regiones más bellas del mundo es también una de las más sangrientas. Su puja es tan vieja como el joven medio siglo de vida independiente que tienen los dos Estados que la disputan. En lo que va de octubre, 15 personas perdieron la vida a causa de la guerrilla permanente. En septiembre, las víctimas fueron más de 30. Todo eso es también causa de frustración para la misión de Naciones Unidas que hace cinco décadas monitorea un "cese del fuego" que en realidad no se cumple.
Con la tonada serena de su Uruguay natal a flor de piel y feliz de poder hablar "un poco en rioplatense", el teniente coronel Ricardo Griego suelta un suspiro y confiesa: "Todo lo que se ve aquí es un poco frustrante. Esta misión de paz se la pasa contando cadáveres". Como militar uruguayo, el teniente coronel Griego integra una de las dos misiones de observación -o cascos azules- de Naciones Unidas casi tan larga como la vida misma del organismo: desde 1949 está allí para monitorear el conflicto entre Paquistán y la India por la región de Cachemira.
Su jefe, el general austríaco Hermann Loitolt, tampoco está de fiesta. "Hace dos años esta misión cumplió medio siglo. Y, créame, no hay motivo para festejar", dijo. La rivalidad entre los dos países complica la tarea de la misión. "La falta de reconocimiento de las autoridades de Nueva Delhi lo dificulta todo. Han dicho que no tenemos nada que hacer allá. Ni siquiera he podido entrevistarme con mi contraparte de la India porque dice que no tiene tiempo", dijo Loitolt.
El Ministerio de Cachemira, en Paquistán, no extiende en estos días permisos para que periodistas occidentales puedan avanzar más allá del paso de Kohala.
Mientras India y Paquistán juran a Washington su fidelidad contra el terrorismo, la trinchera en que se ha convertido su frontera sigue al rojo vivo.
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