A boca de jarro: Swami Shivapremananda
"Hacer el bien es el camino para encontrar la felicidad"
1 minuto de lectura'
La presión familiar era muy fuerte. Por un lado estaba el padre que quería que siguiera la carrera diplomática y, por el otro, los parientes de la madre, poderosos comerciantes de seda, que lo imaginaban al frente de la empresa. "Pero yo no tenía vocación de diplomático. Era frontal, me gustaba resolver las cosas directamente, sin vueltas y la diplomacia es exactamente lo contrario. Idas, venidas, estrategias, hasta conseguir el objetivo deseado", recuerda, de visita en Buenos Aires, Swami Shivapremananda, maestro e introductor del yoga en la Argentina, Uruguay y Chile, a comienzos de la década del 60.
"Además, tampoco tenía ninguna aptitud para el comercio. Entonces, cuando llegaron las vacaciones, decidí irme a Musourie, una localidad donde los residentes británicos solían veranear. Era un lugar muy frívolo y a los 15 días me sentí cansado y aburrido. Un día escuché a un viajero comentar que a 60 kilómetros de allí, al pie de los Himalayas, existía un pueblo llamado Rishikesh. Según comentaba, había varios ashrams -que en sánscrito significa refugio o monasterio- y uno era el Divine Life Society (Sociedad de Vida Divina), dirigido por un gran maestro, Swami Sivananda. Intrigado, una mañana dejé Musourie y fui. No lo hice por ningún ideal místico, simplemente quería encontrarme, ser yo mismo. Saber qué deseaba realmente y vivir una aventura."
-¿Qué pasó?
-Caminando por los Himalayas me encontré con Swami Sivananda, que sería mi maestro. Conversamos y de pronto advertí una posibilidad diferente para mi vida. Tenía 19 años y me quedé otros 19 en el ashram. Nunca volví a casa. Ocurrió algo curioso durante la primera mañana que desperté en Rishikesh, rodeado por montañas de 2000 metros. Tuve la impresión de que siempre había estado allí. Es muy raro, porque no sabía nada de ese pueblo, no había visto imágenes ni escuchado otros comentarios que no fueran los del viajero de Musourie...
-¿Cree en la reencarnación?
-Mis padres me enseñaron a ser racional, a no creer cualquier cosa que uno lee o escucha, a profundizar en la búsqueda de la verdad. Puede ser que exista y puede ser que no.
-¿Encontró lo que buscaba?
-Totalmente, pude profundizar el sentido de mi ser, y responder a preguntas fundamentales como de dónde venimos, dónde estamos, adónde vamos e intentar buscar la verdad. Verdad en sánscrito es sat, lo que es, e ir en su búsqueda significa mejorar nuestra conducta y nuestra comprensión de los demás y de uno mismo; es decir, sublimar nuestra naturaleza humana.
-¿Cómo ve el mundo actual?
-Hay mucho miedo y violencia de todo tipo. Una de las formas de violencia es el terrorismo, una calamidad difícil de controlar. Uno tropieza a cada rato con sus efectos, en los Estados Unidos, por ejemplo, lo que nunca, a cada turista que llega le sacan fotos, le toman impresiones digitales, lo someten a interrogatorios. Todos están bajo sospecha. Pero no es el único miedo. El otro es el temor a la pérdida del trabajo, la desocupación. Sin embargo, lo curioso es que la mayoría de la gente no es violenta.
-¿Puede explicarlo?
-Observe a la gente que lo rodea, parientes, amigos, vecinos. No son violentos, trabajan, educan a sus hijos, desarrollan actividades culturales y deportivas. Pero si usted va a un cine o enciende la televisión, ve que los espectáculos que consume esa gente son tremendamente violentos: con explosiones, sangre, muerte, destrucción. Y nadie los obliga a comprar imágenes semejantes; no, ellos mismos se acercan a esas películas y alientan a productores y directores para que sigan adelante con el negocio.
-¿Por qué?
-Debajo de esa aparente normalidad, la mayoría de la gente no es feliz. Inseguridad, falta de ideales, sometimientos, contaminación, frustraciones, ruidos insoportables y el no poder expresar lo que sienten los hace reprimidos. E imagino que ver espectáculos violentos les sirve para aliviar la depresión.
-¿Cuál sería la salida?
-Hacer el bien, que es el mejor camino para encontrar la verdadera felicidad. Pero no debemos confundirnos con respecto al bien y al mal. Cualquiera que no sea deshonesto sabe la diferencia. Sólo debemos preguntarnos: ¿Es sólo para mi bien o incluye el bienestar de los demás? ¿Une o divide? ¿Cura o daña? ¿Es auténtico o falso? ¿Seguirá siendo verdad cuando las circunstancias ya no lo exijan? ¿Hablará por sí mismo o necesitará largas explicaciones? Luego del ardor del momento, ¿tendré que avergonzarme de lo hecho? El criterio de bien y mal se basa en el principio de no hacer a los demás lo que a uno no le gustaría que le hicieran. En otras palabras, la conducta se debería basar en la consideración mutua y la equidad. En el momento en que pensamos o decimos que amamos a alguien, inmediatamente debemos preguntarnos qué hacemos por esa persona. Lo mejor que uno puede decirse a sí mismo antes de ir a dormir es: no he sido injusto, no he herido a otros, no he mentido, he cumplido con mi deber.
Medios y fines
El camino es más importante que la meta. Porque si el camino es bueno, la meta también lo será.
Al mismo tiempo, caminar es más importante que llegar. Si caminamos criteriosamente, con seguridad llegaremos a destino.
Por otra parte, hacer es más importante que lograr algo. Porque si actuamos bien, el resultado será sin duda bueno.
Por último, los medios son más importantes que el fin, ya que el fin depende de los medios. Los medios son importantes porque no sabemos cuál será el fin del camino, si exitoso o no, y no tenemos control sobre él. Pero somos responsables de los medios ya que están bajo nuestro control.
- 1
2Mirtha Legrand, a solas: qué la emociona del público, cómo ve al país y su secreto para estar activa con casi 99 años
3La despedida de Susana Giménez a Marikena Monti: “Nadie la podría haber cantado como vos”
4Julieta Ortega habló de la recuperación de Palito y reaccionó, contundente, a una pregunta directa de Mirtha


