
A pura seducción
En su paso por Buenos Aires, Ornella Muti dialogó con La Nación
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Es, tal vez, una de las abuelitas más apetecibles del planeta. Objeto del deseo de cuanto mortal la haya conocido en el cine, a través de títulos que trascendieron las fronteras de su patria, Italia, la sensual Ornella Muti exhibe sin preocupación, a los 42 años, el título con que la coronó recientemente su hija Naike, de 21. La protagonista del exitoso film "El fierecillo domado", que luce aún una figura exuberante, estuvo fugazmente en la Argentina para asistir al show de la moda que el peluquero Roberto Giordano organizó en Pinamar.
En una entrevista tan breve como su paso por Buenos Aires, y sin quitarse los enormes anteojos de sol, Francesca Romana Rivelli -verdadero nombre de Muti- compartió un café con La Nación.
Cine para reir
El año último trabajó en cuatro películas, dos francesas, otra italiana y la última, una producción independiente norteamericana. "En París, rodamos una comedia del género negro, en tanto en el film italiano pude disfrutar algo que, por el vértigo del trabajo, nunca había concretado en mi carrera: una verdadera amiga con quien compartir confesiones", comenta la dueña de estos bellos ojos grises que hipnotizaron caballeros de todas las razas.
Admite que de los guiones que le ofrecieron, prefirió optar por la comedia: "No me gustan los melodramas, donde hay que llorar y hacer llorar, porque todo está preestablecido".
Ornella dice que prefiere el cine a cualquier otra expresión artística (de hecho, jamás hizo teatro y en TV sólo realizó dos especiales sobre la vida de un ciclista). "Elcine tiene mucha magia y es una elección. Es difícil hacerlo bien, ahí rdica el más maravilloso desafío", sostiene.
Con una impronta feminista que la hizo famosa a la hora de elegir y abandonar amores, comenta que "para la mujer es muy difícil encontrar buenos guiones. Yo tengo la suerte de trabajar con realizadores jóvenes que debutan, de trabajar en sus óperas primas".
Continúa: "John Cassavettes ha hecho películas fantásticas con Geena Davis. El se atreve porque filma con mujeres que quiere. La mujer está poco respetada en el cine".
Muti filmó con varios de los actores más respetados y queridos en su país. Desde el entrañable Marcello Mastroiani, "con él murió una parte de mi vida, de mi país y su cultura", Ugo Tognazzi, Adriano Celentano.
La charla se interrumpe brevemente cuando Giordano le extiende un regalo. Es un lindo anillo que ella pondera y se prueba, pero no le va la medida. Se queja por tener "manos gordas". Una mentira piadosa.
Consultada sobre si le gustaría dirigir cine, admite que no sabe si sería capaz de tener un equipo de trabajo a su mando. "No me lo planteo. Empecé por casualidad como actriz, y luego, con los años, me di cuenta de que llevo la actuación en la sangre, que no podría vivir sin filmar".
Y confiesa que el cine le permitió ser lo que nunca se hubiese atrevido a ser en la vida real: "Muchas veces los personajes no han tenido ningún punto de contacto conmigo. Es muy extraño la distancia que hay entre lo que un actor siente y lo que el público ve".
Su vida profesional transcurre hoy entre Roma, París y Montecarlo. Su último amor es francés. Se trata del joven realizador Francois Goize, que no se separó de ella en ningún momento.
En tren de imaginar personajes por crear, Ornella confiesa que desearía hacer "una mala, fría y dura. He hecho de mala pero nunca un personaje así. Sería un gran desafío, porque físicamente no la encarno. Yo soy más redonda, más cálida. Me ocurrió cuando hacía de vieja en Crónica de una muerte anunciada y debía moverme como una anciana. Era una interpretaciónimposible".
Se queda pensativa un momento y concluye: "No tengo carácter de mala y fría y si lo tengo, por ahora está bien escondido (se ríe)".
A lo largo de su carrera profesional ha tenido suficiente tiempo para amar u odiar personajes. Uno de los que mejor recuerda es la sufrida mujer que interpretó en "Historia de ordinaria locura", un film que dirigió Marco Ferreri en 1981. "Ella estaba llena de dolor y se flagelaba físicamente para demostrar que tenía algo más que su cuerpo. Terminó muerta. Es un personaje que me dio muchas satisfacciones".
"De los últimos personajes me atrapó el de la comedia italiana. Es una chica de pueblo, con muchos amigos, muy buena compañera que mantiene una relación de amistad muy fuerte con otra mujer. Yo no pude conservar una amiga así. Trabajé desde los 14 años y tuve amigas cuando niña, tanto como ahora, pero hay un largo tramo en mi vida en que no pude tenerlas".
Fuera de la actuación, Ornella trata de dedicar el mayor tiempo posible a sus hijos, algo previsible en esta típica mujer italiana.
Confiesa estar muy cómoda con su pareja, con quien puede compartir el fascinante mundo del cine. Este año, uno de los dos proyectos de películas que tiene en carpeta será dirigido por Goize. Con un gesto casual elude extenderse en explicaciones sobre estas propuestas.
Hacia el final, mientras un asistente fastidioso, en un italiano imperativo, le exige a la cronista finalizar la entrevista que comenzó apenas media hora antes, Ornella habla sobre el futuro.
Conocida por haber expresado en varias entrevistas su temor por la vejez, dice que no quiere imaginarse en el siglo XXI. "Me produce mucha angustia, sobre todo cuando observo los preparativos para el fin de milenio. No creo que nada vaya a ser demasiado distinto. Será lo que deba ser. Yo sólo quiero estar bien conmigo misma, hoy y en el 2001 o en el 2003".
Por ahora, se conforma con disfrutar de su amor francés, de sus próximas películas y, quizá a regañadientes, de su flamante título de abuelita que, por cierto, no le quita un gramo de belleza a su innegable estilo italiano.
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