A Sarita Montiel nunca le llega el último cuplé
"Sarita Montiel en concierto". Recital de Sara Montiel. Dirección musical: Armando Pelayo. En el teatro Avenida.
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Sarita Montiel, aquella actriz y cantante que llegó a la cúspide de la popularidad mundial en la década del cincuenta con sus films "La violetera" y "El último cuplé", pasó nuevamente por Buenos Aires. Y fue el escenario del Avenida, el mismo teatro que en 1960 la mostró por primera vez al público argentino, el que la acogió frente a un auditorio rebosante de entusiasmo.
Sara Montiel no defraudó. El tiempo parece haberse detenido en ella. Simpática, dueña de un garbo que los años ayudaron a madurar y dispuesta a apoyarse en la nostalgia, la cantante se adueñó de entrada de los espectadores (casi todos mayores que la colmaron de flores y de aplausos; y algunos jóvenes que se disponían a descubrir casi a un mito). Y luciendo un elegante vestido de lamé y un llamativo tapado de visón, además de una tiara de brillantes y una colección de joyas, comenzó su espectáculo con un tema de honda sensualidad: "Bésame mucho".
Sin embargo, Sara Montiel -la inclaudicable Sarita- no se conformó simplemente con demostrar sus condiciones vocales. Quiso, además, dotar de frescura a su espectáculo. Con gracia castiza narró anécdotas de su existencia, con picardía nunca grosera se refirió al amor y a sus amores, y con sobrado oficio descendió a la platea y se puso en contacto con sus admiradores luego de, según ella misma lo dijo, esconder algunas arrugas.
Lo mismo y lo bueno
Sara Montiel no cambió su estilo. Elegante en el andar, voz ronca y sugestiva para cada uno de sus temas, humorística para relatar sus recuerdos o emocionada en el momento en que, mediante una canción, recordó a su esposo fallecido hace algunos años, siempre supo desplazarse sin tropiezos por un escenario despojado de elementos innecesarios. Dijo de su amor a la Argentina, y con "Fumando espero" o "Nostalgias" brindó su tributo a nuestro tango.
Dos atuendos negros fueron el vestuario para la segunda parte del espectáculo. Y canciones emblemáticas de su repertorio -"Mi hombre", "El relicario", "El polichinela"- la pusieron en contacto con aquellos años en que, más joven pero igual de dinámica, ya conquistaba a los espectadores de todo el mundo.
Luego de casi dos horas de espectáculo, llegó el final después de lucirse en "La camarera", "Según pasan los años" y "Valencia". La artista intentó despedirse con un potpourrí de los más tradicionales temas de su repertorio. Pero los aplausos obligaron a que el telón se descorriese nuevamente y Sarita, con su pequeña canasta al brazo, puso punto final a su concierto con "La violetera".
El ayer y el hoy se dieron la mano en este espectáculo que demostró que esta manchega entregada con fervor a su arte -acompañada en la ocasión por el excelente conjunto musical dirigido por Armando Pelayo- conserva la vigencia de los primeros tiempos de su carrera artística. Su personalidad sigue siendo única. Y su "ángel" no dejó de darle la mano.






