A veinte años de 'Kid A', el disco de Radiohead que abrió el siglo XXI

La banda británica editó su disco Kid A el 2 de octubre de 2000
La banda británica editó su disco Kid A el 2 de octubre de 2000
Sebastián Ramos
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2 de octubre de 2020  • 10:28

"Las películas de Kubrick son como los discos de Radiohead. Piezas artísticas impecables y brillantes pero sobreanalizadas por la gente" (Benito Cerati, tuitero contemporáneo).

Confirmando las palabras de Benito, en estos días llegan dos libros que analizan la relevancia que tuvo la salida de un disco como Kid A hace veinte años, en el inicio del milenio. El primero de ellos, Radiohead - Kid A, es un ensayo escrito por Marvin Lin diez años atrás y que ahora por primera vez es traducido al español como parte de la colección 33 1/3, de Dobra Robota/Walden. Un exhaustivo estudio que, curiosamente, no se detiene en los aspectos compositivos de las canciones del álbum, que el 5 de este mes cumplirá 20 años. Lin, ex editor del sitio Pitchfork, encuentra aquí el camino para conectar a Tristan Tzara, Aphex Twin, No Logo, Marshall McLuhan, Napster, Can y el calentamiento global, entre otras cosas, con la estética y el concepto, sonoro y político, propuestos por Thom Yorke y compañía a partir del disco del osito mutante, y desarrolla lo que generó este cruce en su entorno: la industria, los seguidores y la crítica musical. "Para sus fans, fue una blasfemia comparable a la adopción de la guitarra eléctrica por parte de Dylan o del medio digital por parte de Merzbow; tan chocante como Metal Machine Music de Lou Reed o como el intento superficial de The Beatles de experimentar con las vanguardias a través de 'Revolution 9'", escribe Lin, al mismo tiempo que recuerda las malas críticas que recibió el álbum en los primeros días, especialmente en Gran Bretaña ("simplemente horrible", lo calificó despectivamente la primera reseña de la revista Mojo), y cómo con el paso del tiempo la visión fue cambiando hasta convertir a Kid A en materia de estudio permanente y, en muchos casos, bordando teorías de lo más surrealistas: Lin menciona una disertación de 188 páginas que investiga "las formas en las que la actitud ambivalente de la banda ante su propio éxito se manifiesta a través de los sujetos que se desvanecen en Kid A" y hasta recuerda que en Killing Yourself to Live, Chuck Klosterman argumenta que el álbum "predijo, sin proponérselo, el atentado a las Torres Gemelas".

Además de describir en profundidad las circunstancias que rodearon la salida de Kid A (el disco de Radiohead mejor rankeado en la recientemente renovada lista de Los 500 discos de todos los tiempos de Rolling Stone, en el puesto 20), Lin rescata el poder político detrás de la obra, al mismo tiempo que resalta la virtud de haber expandido el espectro sonoro de los seguidores de una banda tan masiva como la inglesa, en especial tras su mayor éxito comercial, OK Computer (1997). Un efecto similar al que pudo haber generado, unos años antes y en América Latina, la edición de Dynamo (1992) para los fans de Soda Stereo, luego de haber experimentado el calor de las masas conCanción animal (1990).

El otro libro -que se publicará el 26 de este mes, pero sin traducción aún- afirma, desde su título, que este puñado de canciones marcaron el inicio del siglo XXI: This Isn't Happening: Radiohead's Kid A and the Beginning of the 21st Century. Escrito por el crítico musical norteamericano Steven Hyden, se apoya en "las canciones, historia, legado y mística" del álbum para subrayar su "penetrante influencia e impacto cultural". También promete ahondar en el proceso de composición de los temas y en las diferentes participaciones hechas por cada uno de los músicos, en tiempos en los que Radiohead buscaba nuevos resultados en su música probando diferentes formas: Jonny Greenwood dejó de lado la guitarra para dedicarse a los arreglos de cuerdas y las ondas Martenot; Ed O'Brien y Phil Selway reemplazaron la guitarra y la batería por la creación de sonidos con teclados y secuenciadores; y Colin Greenwood, en vez de tocar el bajo, durante la grabación se encargó de superponer discos de otras bandas a la música que se iba produciendo en el estudio.

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