
Algo así como la mística del canto y la amistad
Un día en la vida de: Víctor Heredia
1 minuto de lectura'
Creó canciones que entraron en la categoría de himnos, recorrió el mundo cantando e hizo amigos entrañables, algunos célebres. Los menciona y cuenta sobre los trabajos y anécdotas vividas: "León (Gieco) es un hermano, mi compañero de vida y compadre. Silvio Rodríguez, con quien hice Canción de Navidad, es el invitado de lujo del disco que estoy por terminar. Es más, en unos días cantaremos No hago otra cosa que pensar en ti, juntos, en Barcelona".
Víctor Heredia, casado con Marisa, padre de cinco chicos (Daniela, de 24; Laura, 20; Lautaro, 20; Taiel, 11, y Camilo, de un año y medio) vive en una casona rodeada de verde en Palermo, pero no cesa de viajar. "Me estoy yendo a Londres, después canto en España. ¿Qué público asiste? Y, es repartido, hay muchos latinoamericanos y europeos curiosos, seducidos por un sonido diferente. Mucha gente no entiende las letras, pero va por la música, la mística. Todavía cantamos, Sobreviviendo y Razón de vivir se transformaron en himnos, sobre todo en España."
Y sigue con los amigos, parte importante de su vida. Próximo a viajar a España, recuerda "al Nano", como llama a Serrat: "Nos conocemos desde 1969. Tenemos gustos parecidos, compartimos la pasión por la buena mesa y los buenos vinos. Cuando nos juntamos hago paella, todo un suceso. La preparo con mariscos, conejo, cerdo o pollo, de acuerdo con la inspiración del momento y la estación del año; me encanta la cocina. También preparo sushi. Y esto se lo debo a otro gran amigo, Juan Carlos Baglieto, que me regaló un video practiquísimo sobre el tema. Eso sí, de dulces, nada. En ese rubro se luce Lautaro, mi hijo, que estudia cocina y es excelente repostero. Mi mujer también tiene buena mano, es muy refinada. En fin, somos una familia bastante gourmet. Disfrutamos agasajándonos, quedándonos en casa. Será porque no siempre podemos hacerlo".
Aunque trasnocha, siempre madruga. "Me levanto a las 7.15, porque llevo al más chico al colegio. Por nada del mundo me perdería ese momento. Después troto, juego al tenis y al fútbol, deporte que me tomo muy en serio porque los sábados juego con una banda de amigos. Me gusta y, además, busco un poco de salud".
-¿En qué momento del día se dedica a la música?
-No hay hora, llega cuando llega la inspiración. Compongo por la mañana temprano, también por la noche, después de almorzar o mientras me tomo una copa, en cualquier momento.
Dice que el momento de la comida en familia es "sagrado" y que jamás se le ocurriría encender el televisor. "En primer lugar, la tele me importa poco y nada. ¡Además, hay que hablar! Yo quiero saber qué pasó en el colegio, en qué consiste el examen de mañana que tiene uno o qué problema tiene otro con tal materia. Después, sí, tal vez vemos alguna película. Pero no somos para nada teleadictos. Siempre le inculqué a los chicos el hábito de la lectura y, gracias a Dios, lo adoptaron. Además, la nuestra es una casa muy movida, de puertas abiertas. Dos o tres veces por semana nos encanta recibir amigos a comer. ¿Ya dije que soy un buen asador?"
Heredia exprés
Desagrado: "Los reality, incluso los musicales, me parecen detestables. Es un negocio, nada más que eso. Lo triste es que muchos de esos chicos tienen un gran talento. Lo siento como un desperdicio, una cosa hueca. Porque el arte no es magia, no es eso. Tiene que ver con lo que uno quiere hacer".
Agrado: "Creo que el país va bien, confío en este presidente. Nos han devastado, pero yo viví en aquella Argentina sana y fuerte, así que confío en que podemos volver a eso. Siento que Kirchner es un hombre afable y sensible. No tenemos que dejarlo solo".
Momentos: "En 1972 conocí a Pablo Neruda y tuve el honor de musicalizar algunos de sus poemas. Fue como tocar el cielo. Al poco tiempo falleció, pero alcanzó a escuchar tres. Uno de ellos, Cuerpo de mujer, le pareció asombroso. Me dijo que había creído que era imposible musicalizarlo".
Lazos de sangre
Su madre, Antonia Jesús, que vive en Paso del Rey, le sigue haciendo empanadas catamarqueñas cada vez que llega de gira. Vive con la cruz y el dolor de haber perdido una hermana en la época de la dictadura, dice que su vida son sus hijos y no lo asusta la posibilidad de convertirse en abuelo. "Si bien soy papá de un nene muy chiquito, no le escapo al abuelazgo. No me impresiona ni me causa gracia. Será cuando tenga que ser y lo tomaré como lo que es: una bendición."




