
Alterio, actor de exportación
Siempre de paso entre Madrid y Buenos Aires, habló con La Nación de sus múltiples proyectos
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Con un pasaje de regreso siempre en el bolsillo izquierdo de su pantalón, Héctor Alterio se acostumbró a andar por la vida. Sabe que puede ser Buenos Aires o Madrid el destino. Aunque lo imprevisible lo acompaña desde el mismo momento en que tres decisiones se cruzaron en su historia. Fue en el año 70. "Dejé de mi trabajo de corredor en Terrabusi, dejé Nuevo Teatro, y decidí casarme. Después vino la amenaza de muerte, el exilio y el regreso".
El hombre, a los 67 años, ya se lo toma con cierta filosofía esto de tener un año sabático y estar "sin hacer absolutamente nada, o de aceptar y rechazar propuestas que después se pinchan y te quedás sin hacer lo uno ni lo otro. O de repente que surja esto: una película que a su vez empalma con otra película como consecuencia de una telenovela rodada un año anterior. Son épocas", asegura Alterio con su voz rugosa mientras intenta sacar el último cigarrillo que quedó bailando en el atado.
El paisaje y el año vivido en San Martín de los Andes para la telenovela "Alén luz de luna" quedó atrás. "Y volvería a hacer otra si me lo proponen", advierte. Hoy lo convoca el doblaje de la película "Cenizas del Paraíso" -la tercera que hace para Marcelo Piñeyro-, un papel para "Pequeños Milagros" de Eliseo Subiela, y otras dos participaciones, una para Santiago Oves por la película "Asesinato a distancia" (sobre una novela de Rodolfo Walsh) y otra para el joven cineasta Fernando Bassi. "Estoy tranquilo. Siempre anhelé la continuidad de trabajo", cuenta. Se lo ve contento. Huele a rico perfume y sus ojos celestes brillan chiquitos al sonreir.
-En en los sesenta, trabajar en el circuito del teatro profesional, el cine y la televisión significaba entrar en el mercado capitalista, algo para despreciar...
-Sí, teníamos una actitud un poco monacal en el teatro. Fijáte que rechacé una propuesta de Jorge Lavelli, que había venido de París para hacer "Divinas Palabras", porque enseguida se creó una serie de conflictos: si yo aceptaba todo el grupo de teatro tenía derecho a acceder a otras propuestas -algunas muy malas- y corríamos el riesgo de desintegrarnos como grupo. Y rechacé -siempre sin cobrar un mango- muchas cosas por esta actitud.
-Que hoy varió totalmente...
-A tal punto que llegué a hacer por primera vez una telenovela. Es que la gente va cambiando y yo también ante ciertos prejuicios que se podían tener en la época.
-¿Bajó la guardia?
-No. Claro que el estar compensado económicamente tiene mucho que ver. Pero volví a mi país con la misma actitud de principios que tuve siempre, que tiene que ver con mi posición ideológica frente a la vida. Yo no me desdije al hacer una telenovela. A veces mi trabajo es sólo entretener, y otras veces entretengo y también movilizo. Pero primero, tengo que poder dormir tranquilo con mi conciencia.
Héctor Alterio, el actor, conoce ya de épocas de eufóricos triunfos. Después de 20 años de participar en el movimiento cultural que dio lugar al nacimiento del teatro independiente, le puso el cuerpo al cine con "La Tregua" de Sergio Renán, "La Patagonia Rebelde" de Héctor Olivera y "Quebracho" de Eduardo Wullicher. "Mi cara estaba repetida por todos lados. Además yo estaba haciendo en teatro "Sabor a miel" con Soledad Silveyra. Pero me entero a 11.000 kilómetros que no puedo volver al país. Yo estaba en el Festival de San Sebastián representando a La Tregua. Y al principio me causó risa".
-¿Cómo llegó la amenaza de muerte?
-La recibió mi mujer por correo. Entonces me llamó a España -nos parecía irrisorio- y me dijo: "Esperá un tiempo. Aguantáte un mes, dos, a lo mejor esto pasa". Y yo estaba en el mejor de los mundos. Hasta que llegó la amenaza de bomba al Hotel Wellington, donde estábamos parando con toda la delegación. Temblando vino el concerje a decirme que se había presentado un argentino -un fascista que ya no molesta más-. "Si siguen albergando a un anarquista o comunista corren riesgo los setecientos pasajeros que están en el hotel". Ahí sí les dije: "No se preocupen que ya mismo me voy de aquí a otro lugar". Pero nunca pude entenderlo.
-Ahí empezó otra historia...
-Una aventura terrible. Empiezo a vivir en casa de amigos, en el suelo. Y me asusto en serio. Cuando la situación se agudizó en la Argentina vendimos todo -un fiat 600 y un departamento- y mi mujer se vino con mis dos hijos -Ernesto de tres años y Malena de seis meses- para España. Pero yo ya estaba en un estado emocional muy fuerte que lloraba de la mañana a la noche. Y mi hijo que me preguntaba: "Papá, ¿en qué idioma hablan acá?".
La aventura española
Alterio mira para un costado. Dice que todo ya está superado. Aunque aparece un trazo de dolorosa molestia en su cara. "De la euforia a ser un ilustre desconocido", murmura. Vuelve unas páginas atrás de su historia y se queda en un momento clave: "Todas las delegaciones se volvían y yo me tenía que quedar. Sentía que me dejaban en una cárcel. Hasta que me quedé solo".
Después, un trabajito aquí, otro allá. Muere Franco en el 75 y cambia la historia. Allá, claro. Entonces, la cara nueva, la del argentino perseguido empezó a gozar de cierta notoriedad. Por "Un Dios desconocido", película de Jaime Chavarri ganó el premio al mejor actor en el Festival de San Sebastián de 1977. Y después vinieron "El crimen de cuenca" de Pilar Miró, "Cría cuervos" y "El nido" de Jaime de Armiñan, entre otras cosas.
Junto a José Sacristán, la película "Asignatura Pendiente", de José Luis Garci, conoció la censura en la Argentina. Especialmente las escenas en las que aparecía el personaje de Alterio, un tal Marcelino Camacho, militante de la izquierda española que estuvo preso en el régimen franquista. Pero él rescata con humor una anécdota y cuenta: "Como la censura tenía que ver con mi presencia, el exhibidor argentino que la había comprado cortó mis secuencias, empalmó la película, la exhibió en Buenos Aires y tuvo un éxito extraordinario".
La segunda parte de esta historia sucede cuando llega la democracia, "y ese comerciante -muy listo- pega nuevamente mis escenas, anuncia y publicita: "Y ahora con la presencia de Héctor Alterio". Se ríe a carcajadas "es que me causó tanta ternura de su parte".
Las idas y vueltas de España fueron cada vez más frecuentes. El cine ocupó gran parte de sus actividades. Y una marcada oferta de papeles dramáticos lo contaron en películas como "La historia oficial", "Contar hasta diez", "Los chicos de la guerra", y "Sofía", entre obras de teatro como "El búho y la gatita". Más tarde llegaron al cine "Tango feroz" y "Caballos salvajes".
-¿Qué cosas preocupan hoy a un hombre de 67?
-El deterioro natural del paso del tiempo. Uno no se ve en el final pero va llegando. Sé que en algún momento voy a tener que usar bastón... Pero esos son problemas para el lunes. Ahora veo a mis hijos cómo van incorporándose en esta profesión desde un ángulo distinto... Me siento bien con ellos pero te confieso que siento algo de envidia. ¿Por qué no estaré yo en su lugar? ¿Por qué no me habrá pasado eso a mi?
-¿El tiempo no da respuestas a tantas preguntas?
-Tengo una pequeña frustración. Me hubiera gustado que mis hijos me dijeran: "Decíme papá, qué tengo que hacer para hacer esto?" Aunque se supone que yo conformo algo para ellos y entonces ya saben qué tomar de mi experiencia.
-Ser un hombre maduro debe tener su costado interesante...
-"Ya no te miran como ayer las minas" dice un tango canción de Chico Novarro, que es como mi represenante frente a la vida con toda su producción. Yo todavía creo que me siguen mirando. A veces pienso: "A esa no la voy a mirar porque sé que me está mirando a mi". Mentira, pero me voy con la ilusión.
Tomas de posición
Para Héctor Alterio, la realidad española y argentina van paralelas en su cabeza. Aunque más cauto que en otras épocas al opinar, Alterio no se reserva sus inclinaciones. Se sabe que adhiere desde la primera hora al Felipismo y asegura que el cambio político en España lo afectó. "Aunque yo nunca participé activamente. Para todos los 2 de mayo, día de la Constitución, he recibido tarjetas de invitación a fiestas en España, y nunca asistí. Pero me da gracia porque desde que está Aznar ya ni las recibo. Está bien, es la lógica".
Igual siente cierto pudor al pronunciarse ya que "no me olvido que tengo el pasaje de regreso en el bolsillo, para un lado o para el otro. Allá soy un extranjero y acá no vivo pero opino, ¿cómo es eso? dirán muchos".
De todos modos, observa que en Argentina "la cosa se está yendo por unos caminos donde van a vivir muy bien unos tres millones de personas en el país, y el resto va a quedar así de por vida. Y se los va a aislar, como a los mapuches, para que no peligren otros intereses. Es muy triste".
-¿Aunque, es cierto que lo único que puede hacerlo rejuvenecer es volver, definitivamente, a la Argentina?
-Sí, yo me siento muy bien aquí; querido, gratificado. Pero con respecto a volver no te puedo decir que si o no. El tema está. Mis hijos ya son mayores y pueden elegir el país donde vivir. Y con mi mujer lo charlamos permanentemente. Pero no nos definimos. En algún momento va a caer. Pero, por ahora, no levantamos campamento.
Sociedad de película
"Cenizas del paraíso" será la tercera película de Marcelo Piñeyro en la que interviene Héctor Alterio, después de las taquilleras "Tango Feroz" y "Caballos Salvajes". Y al hablar de sus "matrimonios laborales", cuenta que "con Piñeyro hoy llegamos a una placidez de trabajo. Aunque yo nunca estoy conforme con lo que hago. Durante la filmación, cuando veo que la mano viene tranquila, pido de repetir escenas, pero si están mirando el reloj...olvídalo. Y después odio tener que verme". En "Cenizas...", que se estrenará el 7 de agosto, interpretará al juez Costa Makantasis, "un hombre -descendiente de griegos- que tiene principios en su profesión pero cuando llega al nudo de una investigación le ponen una luz roja y definen la cuestión de manera muy abrupta", cuenta.
Nuevamente protagonizada con Leo Sbaraglia, para esta película el personaje de Alterio y sus hijos tuvieron que aprender danza griega al estilo "Zorba el griego": "Es tan sensual y vital. No como el tango que es retorcido y hacia adentro. Pero aprender fue un poco más difícil para mi", cuenta y recuerda cómo se divirtieron con la tradición griega de romper platos.
Pero Alterio, entre tanto, trabajará por primera vez con Eliseo Subiela en su nueva película, "Pequeños milagros". "Seré el papá de Rosalía (Julieta Ortega), un tipo que también está padeciendo el paso del tiempo y el deterioro. Arma y desarma familias, va dejando hijos por temor a envejecer", cuenta. Es un papel que le gusta mucho, "que está muy bien construído, así que creo que voy a transmitir muchas sensaciones mías".
Entusiasmado cuenta una escena en la que el personaje de Julieta se reencuentra con su padre, y él le dice: "No sabés lo que es estar una noche de invierno sentado con una mujer viendo televisión. De pronto la mirás y decís: Y yo me voy a morir al lado de esta mujer!, ¿qué m... tiene que ver eso con el amor?"






