Amor en tiempos de guerra
"El ocaso de un amor" ("The End of the Affair", EE.UU.-Alemania/1999, color), producción hablada en inglés presentada por Columbia Pictures. Basada sobre la novela de Graham Greene. Intérpretes: Ralph Fiennes, Julianne Moore, Stephen Rea, Ian Hart, Jason Isaacs, James Bolam, Samuel Bould. Fotografía: Roger Pratt. Música: Michael Nyman. Edición: Tony Lawson. Diseño de producción: Anthony Pratt. Guión y dirección: Neil Jordan. Duración: 101 minutos. Nuestra opinión: buena.
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Muy al comienzo del film, los dos hombres están conversando en el piso alto. El dueño de casa acaba de confiar a su viejo amigo que está atormentado por los celos que le despierta la extraña conducta de su mujer, cuando ambos oyen pasos en la escalera. "La criada", presume el marido. "No -corrige el amigo-: son los pasos de Sarah."
Basta ese apunte ligero para sugerir la calidad de la relación que hay -o hubo- entre los tres. Otro apunte certero informará en seguida acerca del resentimiento que ocupa ahora el lugar del amor en el corazón del protagonista. El ánimo sombrío que envuelve a los personajes está a la vista.
El realizador Neil Jordan irá sumando revelaciones que operan como motores del relato. Este avanza y retrocede en el tiempo para recomponer los lazos que unieron a los personajes -o los siguen uniendo- y desmenuzar cuál fue la compleja trama que los hizo acercarse o rechazarse. También para dejar al descubierto que el triángulo aparente encierra un cuarto componente inesperado y fundamental: Dios.
Un final inesperado
Como en la novela de Graham Greene, cuyo contenido el film sigue bastante escrupulosamente y que ya dio origen en 1955 a una versión de Edward Dmytryk con Van Johnson y Deborah Kerr, el relato está puesto en boca de su protagonista, el agnóstico escritor enamorado de la esposa de su amigo.
Fue ella quien puso fin a la relación, inexplicablemente, cuando Londres aún padecía los bombardeos alemanes. Ahora, dos años después y restablecida la paz, el inesperado reencuentro y la confidencia del amigo reavivan las todavía ardientes cenizas. Es el ex amante quien asume el papel del marido celoso y quien contrata los servicios de un detective para indagar los secretos de la mujer.
Preocupación formal
La acción avanzará desde el principio en dos direcciones: hacia atrás, en el recuerdo de aquellos encuentros apasionados de los años de guerra, y hacia adelante, en tiempo presente. El objetivo es siempre el mismo: hallar los motivos que explicarán el comportamiento de Sarah, lo que parece su traición,o su desamor.
La recreación del ambiente londinense de los años cuarenta, tanto en lo referido a los escenarios como en lo que se vincula con las conductas de los personajes, ocupa primordialmente la atención de Neil Jordan. El film está colmado de imágenes bellas, de atmósferas que enmarcan adecuadamente el encendido romanticismo del cuento.
Hay un escrupuloso cuidado por los detalles que remite al mejor cine inglés basado en adaptaciones literarias. Pero tanto empeño por la composición formal conspira contra la carga emotiva del relato, que por otra parte confía más en las palabras que en las acciones para exponer el sentimiento religioso de la mujer, elemento sustancial de la novela, aunque hace honor a la inteligencia del original literario y reproduce buena parte de sus agudos diálogos.
La responsabilidad es, por cierto, del realizador, cuya preocupación por lo exterior despoja de calor e intensidad la historia, al punto que hasta las abundantes y variadas escenas eróticas parecen planteadas sobre todo poniendo el acento en su aspecto decorativo.
Con poca emoción
Pero tampoco los intérpretes contribuyen a volcar un poco más de pasión en esta historia que sostiene el interés del espectador pero rara vez le genera emoción. Y no porque carezcan de méritos, sino porque nunca se establece la necesaria química entre Julianne Moore, actriz capaz de traducir su interioridad con rara economía de medios, y Ralph Fiennes, otra vez viviendo una dramáticaaventura romántica en tiempos de guerra, como en "El paciente inglés".
De los tres intérpretes principales es Stephen Rea quien mejor acierta con el gesto tristón de su personaje, el marido incapaz de reconocer el gemido que su esposa deja escapar en el momento del éxtasis amoroso. Dignos de destacar son, obviamente, el trabajo de la dirección de arte y el del iluminador Roger Pratt, quienes contribuyen decisivamente a hacer del recreado Londres de los tiempos de la guerra uno de los elementos más cautivantes del film.





