
Amores inconfesables
La ley del amor, telenovela. Libro: Gustavo Barrios y Enrique Estevanez. Producción ejecutiva: Gabriel Krivitzky. Producción general: Enrique Estevanez. Iluminación: Juan Lira. Escenografía: Sergio Carnevalli. Vestuario: Marta Fernández. Dirección de exteriores: Pablo Vásquez. Dirección: Rodolfo Cela. Con Soledad Silveyra, Raúl Taibo, Sebastián Estevanez, Sabrina Garciarena, Nicolás Pauls, Arturo Bonín, Graciela Stefani, Néstor Sánchez y elenco. De lunes a viernes, a las 14, por Telefé.
Nuestra opinión: Buena
Una aguerrida jueza y un seductor empresario recién llegado de Brasil, ambos felizmente casados y con sus vidas hechas, se reencuentran casi tres décadas después de que su tórrido romance se interrumpiera bruscamente. La razón de que sus caminos vuelvan a cruzarse es lo suficientemente extrema y enrevesada -ella sospecha erróneamente que el hijo de él está detrás de las amenazas de muerte que ha recibido por un fallo- como para ubicar rotundamente a la historia que cuenta La ley del amor en el universo que intima el título, donde el motor y la lógica última de las acciones y emociones de los personajes -y, ciertamente, del recorrido que deberán transitar hasta su final feliz- deben buscarse en sus impulsos amorosos y no en la trascendencia social de sus tramas o en la complejidad de sus retratos psicológicos. Aquí los impulsos son tan peligrosos, profundos y paradójicos como para que la duración de su primer envío sólo alcance a esbozar apenas un elemental croquis de la identidad de aquellos que se dejan llevar por sus emociones.
Así pudo descubrirse que el hijo secreto -cuyo destino se desconoce aún- que ocultó de adolescente la intachable Renata Guerrico (Soledad Silveyra) puede llegar a explicar no sólo su pretérita separación del posible padre, el ahora exitoso Ignacio Pinedo (un muy solvente Raúl Taibo), sino también la ambivalente reacción que provoca en ella Lucas, el hijo de aquél (Sebastián Estevanez, con un papel a su medida), y su instantáneo flechazo con Carolina, su hijastra (Sabrina Garciarena, en un personaje que espera mayores precisiones), que olvidará rápidamente el episodio violento con el que se conocieron en una discoteca para dar rienda suelta a la atracción que los une, ahora en el seno de una misma familia y con un derrotero por lo menos igual de problemático que el que enfrentarán sus ¿padres?
Intrigas y nutrido elenco
Partiendo de la exitosa fórmula de Amor en custodia - dos parejas centrales, una madura y una más joven, que sirven como espejo y extensión la una de la otra-, que permite abrir aún más las posibilidades dramáticas de conflictos y deseos al duplicar antagonistas y propiciadores y reflejar los distintos modos del amor según pasan los años (incluyendo sus aspectos prohibidos), su sucesora aprovecha cabalmente la química de su cuarteto protagónico dotando a su historia de un tono contemporáneo y alejado de estridencias, a la que aportan lo suyo varios intérpretes de reparto del elenco (como Graciela Stefani, que entrega una interesante composición como Elena, la prima y ostensible rival de Renata), buena parte del cual no ha tenido todavía la posibilidad de mostrar su rol en la historia, incluyendo los inevitables villanos.
Con buenos recursos visuales y técnicos, que supieron remontar el uso quizás excesivo de recursos narrativos ya muy transitados (como los recuerdos en flashback, el exceso de coincidenciaso las eternas conversaciones telefónicas) y un ritmo sostenido que alternó hábilmente cada uno de los aspectos de la historia dejando abierta la puerta a múltiples intrigas románticas y policiales (que no se harán esperar, dada la improbable vena justiciera de su heroína), La ley del amor redondeó un debut eficaz y atractivo de una propuesta que encarna una madura y despojada vuelta de tuerca a la vertiente más clásica del género.







