
Andanzas de amigos lejanos
Qué ha sido de nuestros amigos del Théatre de la Complicité? El calificativo es válido: la actuación del conjunto inglés, en la Sala Martín Coronado del San Martín, en octubre de 1996, con "Las tres vidas de Lucie Cabrol", causó profunda impresión y dejó el recuerdo imborrable de una experiencia teatral fuera de lo común. El público que colmó noche tras noche la inmensa sala, durante el breve lapso de las representaciones, la crítica y la gente de teatro reconocieron el altísimo nivel interpretativo, la homogeneidad del conjunto -sin estrellas, pero también sin altibajos-, la destreza en el manejo de una producción complicada (la capacidad de la esforzada gente del San Martín aportó también lo suyo) y, en fin, la originalidad y la eficacia de una puesta muy imaginativa.
En este momento, la Complicité está en Londres, actuando bajo tierra y en la superficie, en dos espectáculos distintos. Uno de ellos se titula "Vertical Line" y transcurre en la estación Aldwych del "tube" londinense. Es una creación conjunta del gran novelista John Berger ("G", "Puerca tierra", "Hacia la boda", entre muchos otros títulos, y autor asimismo del relato original de "Lucie Cabrol") y el director del conjunto, Simon McBurney. La estación, de la línea de Piccadilly, se halla desafectada y en un estado de abandono propicio para crear una escenografía ruinosa y polvorienta. Lo que allí se hace no es, según el crítico Keith Miller, ni teatro, ni la vertiente de la plástica llamada "instalaciones", sino un poco de ambas cosas: según sus autores, un proyecto. "En realidad, como la mayoría del trabajo de Berger, es una especie de conferencia", consigna Miller.
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Tal vez convenga aclarar que Berger hace, con frecuencia, giras de conferencias sobre los varios temas que lo preocupan: la situación de las clases menos favorecidas, la ecología, la perpetuación de mitos y leyendas. "Berger y McBurney explotan las paredes emparchadas y dilapidadas de la estación, sus corrientes de aire sofocantes y portadoras de calor animal, y, sobre todo, su tensa carga de tiempo y oscuridad, como guías de las catacumbas que condujeran al público hacia una forma de empatía con el lejano pasado". El destino final de ÔThe Vertical Line´ es un tenebroso tramo del túnel donde por fin aparece el hirsuto ermitaño en persona, Berger mismo, el verbo encarnado. Aquí, la historia del descubrimiento de la caverna es narrada con casi gótica complacencia. Fragmentos previos de la obra mostraban retratos funerarios egipcios y menhires de Córcega. El arte, dice Berger, se ocupa de la mortalidad: pintar un cuadro es, simultáneamente, un salto en la oscuridad y un momento de integración mística del hombre y el mundo".
A unas pocas cuadras hacia el noroeste de la desvencijada estación Aldwych, el Théatre de la Complicité ha repuesto, en el Queen«s Theatre, uno de sus más celebrados espectáculos, "La calle de los cocodrilos", basado sobre los notables cuentos cortos de Bruno Schulz, un escritor polaco fusilado por los nazis en 1942. Schulz se autodefinía como "un parásito de la metáfora" y su ficción es una mezcla única de tiernas reminiscencias domésticas y torrentes de imágenes que transforman la realidad cotidiana en un mundo extraño.
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En la versión de la Complicité, Schulz es pérfidamente obligado por los nazis a depurar bibliotecas y luego encarcelado, período durante el cual es perseguido por la nostalgia de un pasado irrecuperable. "El elenco _ escribe Miller _ utiliza su reconocido virtuosismo técnico para obtener un equivalente escénico muy eficaz de los brillantes, inquietantes efectos obtenidos por Schulz con tan sólo el lenguaje... Las volátiles metamorfosis de la imaginería de Schulz son representadas físicamente, como cuando la madera parece cobrar vida o una figura transita a lo largo de la pared de fondo del escenario, como si de repente estuviéramos mirando a una calle oscura".
Y concluye: "La obra despierta la imaginación, tañe el corazón y provoca hondas preguntas acerca de textualidad, presencia y representación. La mejor manera de hacer pensar a la gente, es no decirles lo que tienen que pensar". Dan ganas de admirar de nuevo a nuestros amigos de la Complicité en un escenario porteño. Y por más tiempo.





