Andrés Calamaro da clases desde "la mansión Playboy del sonido"

Calamaro y sus trasnochados Live de Instagram
Calamaro y sus trasnochados Live de Instagram
Guillermo E. Pintos
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6 de mayo de 2020  • 18:54

Estas noches de aislamiento social no serían iguales sin los "vivos" de Andrés Calamaro en Instagram a través de su cuenta @a_calamaro . Sin horario predeterminado ni duración estimada, desde "la mansión Playboy del sonido" (en sus palabras), "el comandante" se muestra tal cual es: verborrágico, encantador, afectado, generoso para compartir su pasión musical y exhibir sus dotes de bicho de estudio. "Fuera de las grabaciones de discos y las giras... Esto es lo que hago, esto y escribir versos en décima redondilla", le dice a RS en una catarata de textos enviados desde su exilio interior en la zona Norte del Gran Buenos Aires. "Cada tarde me despierto... Me llevo el mate y el tabaco al estudio donde tengo un sistema de audio apropiado, poderoso. Además, y por primera vez en muchos años, soy aliado de los vecinos y la seguridad de este grupo de casas donde vivo, en Provincia de Buenos Aires", informa.

Sin embargo, Calamaro en vivo cada noche y directo a tu teléfono tiene sus particularidades. Generalmente no se expone en pantalla: apenas se deja ver de perfil o, en su lugar, coloca una pequeña estatuilla del Gauchito Gill. La semana que pasó, en particular, rompió esa regla del bajo perfil y apareció con sus famosos Ray Ban -como en la tapa de Alta suciedad- . Así, entre samplers, mate, tabaco y música, a veces responde algún comentario, cuenta anécdotas divertidas de sus años locos -sin revelar detalles comprometedores-, relata episodios cotidianos de su vida y, sobre todo, expone sus conocimientos sobre la técnica del sample. "Frente al silencio, ya conocemos mil formas de encontrar lo que estamos buscando, siempre que sepamos qué estamos buscando", teoriza. "Estos Live son los Live que hay. Live es un recital de dos horas... U otro Live. Enfocarse en la música y dejarla ser".

Por cierto y aún tratándose de quien se trata -uno de los músicos más populares del rock en español de las últimas cuatro décadas-, esta forma de comunicación sin filtro, espontánea, no es pasión de multitudes: nunca son más de 200, 250 los "espectadores", y a medida que la emisión avanza, el número cae. Desertan quienes se suman ilusionados en escuchar una versión casera y acústica de "Paloma" como muchos le piden. Los que resisten, obtienen a cambio inspirados mash-ups hogareños que mezclan segmentos de canciones, acordes, solos de Metallica, Camarón de la Isla, The Clash, Queen, Sonny Rollins, Daniel Melingo, Tom Waits y siguen las firmas. Algo que Calamaro llama "sesiones de espiritismo" porque "uso audios instrumentales y audios vocales... De distintos discos. Cacho Tirao con Lou Reed, mucho mezclado. Pero Live ... Ni grabaciones ni sincro", apunta.

Pasó el tiempo de sus cientos de CD grabados con versiones de canciones y experimentos sonoros que alimentaron la monumental cosecha previa que dio lugar a El salmón, a comienzos de este siglo. También pasó el momento de los cientos de mixtapes que subía frenéticamente a Soundcloud desde una casa-quinta en las afueras de Villa Carlos Paz, hace un lustro. Este particular 2020 es tiempo del sampleo, con el agregado de didácticas y floridas descripciones sobre la técnica y el uso recreativo. Desarrolla el protagonista: "El sampler. Ahora se conoce como audio, pero en la primer mitad de los ochenta era una ´nueva fuente de sonido´, como las fuentes analógicas, las grabaciones en cinta... El sampler es un grabador a cinta, tiene esas posibilidades, grabar y editar un loop, un beat, un párrafo. En la segunda mitad de los ochenta llegan a los estudios de grabaciones en Argentina. En los 90 estrenamos los DR SAMPLER a pilas, de plástico, con capacidad modesta. Ahora hace diez años que tengo el modelo SP 404 de chapa, funciona con pilas, tiene más calidad y capacidad. Sin MIDI, sin SINCRO, sin ABBLETON, sin PRO TOOLS. Solo una red musical con toda la música disponible, que es más que la que hubiéramos escuchado en circunstancias normales de oyente".

De esta forma, lo que empezó en esta cuarentena con divertidas sesiones de karaoke casero, devino verdaderas performances de un melómano obsesivo, diseccionador de canciones y sonidos, científico del palo en un laboratorio sonoro que apenas lleva cuatro pilas grandes. "La música es tiempo real. En tiempo real. La que importa es la próxima música que rompa el silencio", sentencia y enseguida cita al DJ y productor afroamericano J Dilla ("y esos post DJ... Pete Rock, etc") como fuente de inspiración que llega desde "el hip hop alternativo, instrumental e influyente". "Los nuevos maestros del jazz no vienen solamente de Berklee", acota. En resumen, dice, "lo que tengo son audios editados y unos pocos efectos. Nada más ni nada menos". Y en el cierre, anticipa que en los próximos días seremos testigos de una nueva etapa. "Ahora estoy recibiendo audios originales. Una frontera. Daniel Melingo y Alejandro Talavante me enviaron audios y muy buenos, compás flamenco y Blues Rebetiko". Evidentemente, esta historia continuará.

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