
Antonio Berni, de punta a punta
Gran muestra: desde el miércoles, en el Museo Nacional de Bellas Artes, la mayor retrospectiva de su obra que se haya visto hasta el presente.
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Trece años después, y a partir del 9 de julio, una nueva retrospectiva de Antonio Berni se presentará en el Museo Nacional de Bellas Artes. Sin lugar a dudas, esta muestra de más de cien obras del gran maestro argentino se convertirá en uno de los acontecimientos clave del año, junto con la exposición de Henry Moore, que ocupará las mismas salas del MNBA en agosto. Otros dos gigantes -Picasso y Matisse- pasarán por Buenos Aires en la segunda mitad del año, aunque con muestras de menores dimensiones.
Berni adquiere cada vez con mayor fuerza, a nivel internacional, toda la envergadura que las políticas culturales de su propio país no quisieron ver durante largo tiempo. Primer Premio de Grabado y Dibujo en la XXXI Bienal de Venecia (1962), Berni es uno de los mayores maestros latinoamericanos. Junto con el brasileño Emiliano di Cavalcanti y los mexicanos Orozco, Rivera y Siqueiros, Berni se convierte en una de las primeras grandes figuras dentro de la plástica que imprimen a su arte una fuerte concepción política.
No es que se trate de una obra politizada -bastardeada significaría en este caso lo mismo-, sino que está marcada por un profundo sentido ético, un anhelo de justicia y fraternidad universales que lo pone en el vértice exactamente opuesto al del esteticismo, donde sólo interesan los valores formales. Pero en el caso de Berni no escapan a su concepción ética la mirada tierna, el humor y una piedad necesaria.
Para la retrospectiva de 1984, primera después de la muerte del maestro en 1981, su producción ya estaba cerrada. Jorge Glusberg, director del MNBA, advirtió que el tiempo transcurrido desde ese año hasta hoy negaba a toda una generación el contacto con la obra de Berni, por lo que se lanzó a esta nueva exposición, más completa y con mayor perspectiva que la anterior.
Las 80 obras de entonces se limitaban prácticamente a óleos y algunos collages. Muchos de ellos y otros nuevos se verán ahora, aunque el número aumenta en esta ocasión a 105 piezas. A esto se suman 23 grabados -parte de los cuales triunfaron en Venecia-, un tapiz, cuatro tacos, dos tintas -también de la selección de Venecia- y dos construcciones polimatéricas. En total, 137 obras, cifra más que elocuente a la hora de medir la importancia de esta exhibición.
Todos los períodos de la obra del maestro estarán comprendidos en ella, desde los cuadros de su primera muestra, en 1920, a los 15 años, hasta el acrílico inacabado y sin título de 1981, en el que trabajaba cuando murió en un accidente casero, a los 76.
Las obras estarán desplegadas en el amplio espacio de la sala mayor del museo, y dos de ellas servirán de generosa introducción desde la escalera de acceso al primer piso. Se trata de "Orquesta típica" (1939) -óleo que permaneció arrumbado en el depósito de Berni durante casi 30 años y que integró una muestra recién en 1975- y "Juanito Laguna aprende a leer", de la serie de ese personaje tan famoso como Ramona Montiel y poco menos que su propio autor.
A Lily y José Antonio, los dos hijos de Berni, pertenece la mayor parte de las obras, aunque han aportado a esta nueva retrospectiva 20 colecciones particulares más y varios museos del interior del país. Es curioso el caso del óleo "Jujuy". Berni lo había presentado en el Salón Nacional de 1937, y diez años más tarde estaba en el hotel Llao-Llao, de Bariloche. Cuando desapareció de allí, tiempo después, Buenos Aires le había perdido el rastro por completo. Dos años atrás, Marcela Reich, antigua alumna de Berni y empleada del MNBA desde hace muchos años, lo descubrió accidentalmente en una visita al Museo de la Patagonia, en Bariloche. Y al año siguiente empezaron las tratativas para que en estos días se vea en el museo.
Las obras
Otras piezas célebres de esta muestra son "El galpón" y "Alamos", óleos iniciales; "La torre Eiffel en la pampa", del período surrealista, del que Berni se embebió en Europa en contacto con Breton y su grupo; el "Autorretrato" de 1934-35, "La mujer del sweater rojo" (1935); "Medianoche en el mundo", donde recrea el clima desgarrador de la Guerra Civil española; "Paule y Lily" (1941); la horrorosa "Pesadilla de los injustos" (1961), de la serie de Juanito, y "Juanito en la laguna", xilocollage de 1974. Del último año es "El Cristo en el garaje".
Una gloria eterna del arte argentino
La vida y la obra de Antonio Berni muestran una profundísima coherencia estética e ideológica.
Genio es aquel que supera todos los obstáculos que se interponen entre él y su obra. Para Sherlock Holmes (inspirado en Carlyle) es "quien se toma el trabajo", un concepto afín con la respuesta de Poussin al porqué de la excelencia de su pintura:"Parce que je n´ai rien negligé" (porqué no he dejado nada librado al descuido). Todas las acepciones se aplican a Antonio Berni y pueden ser corroboradas por quienes tuvimos el privilegio de conocerlo.
Berni nació un 4 de marzo de 1905, tercer hijo de un matrimonio de madre piamontesa con un sastre de Domodósola, en la frontera con Suiza. Ello ocurría en la ciudad de Rosario de Santa Fe, la ciudad que nos daría ese póquer de ases: Berni, Fontana, Gambartes y Vanzo.
Sus orígenes artísticos serían humildes: trabajar en el taller de vitrales de Fornels y pintar letreros para el señor Munné. Manos amigas colgaban sus dibujos en una agencia de lotería, tras sus someros estudios en el Centro Catalá. A los 18 años realiza su primera exposición, que atrae la atenciónde Ortiz Grognet y Luis Vila, quienes proponen la beca que le otorgará el Jockey Club de Rosario y que lo llevará a Europa no sin antes hacer una muestra (1923) en Witcomb.
Viajes
En Europa, Berni traba amistad con Larrañaga (en España), a su vez amigo de Gutiérrez Solan. Expone en Madrid, en 1928, y merece este comentario del Imparcial: "(...) no ha perdido la tradición de la buena pintura española (...) puede seguir las tendencias más exaltadas modernas, sin separarse de esa noble tradición". Soplan ya aires surrealistas y Berni no permanecerá indiferente a ellos. Vuelve al país y retorna a París, donde traba amistad con el grupo argentino: Butler, Basaldúa, Spilimbergo, Del Prete, Raquel Forner y Bigatti, así como Vitullo y Curatella Manes, sin olvidar a los escritores Marechal, Fijman y el generoso Girondo.
En obras de comienzos de los años treinta, realiza las primeras pinturas surrealistas de Nuestra América, que expondrá en Amigos del Arte, recordando que lo ubico a Xul Solar como realista mágico. Traba amistad con Aragón, que reconoce su talento. Ya de vuelta entre nosotros, se inicia su ininterrumpido periplo. El arte social de los años treinta refleja la crisis.
Colabora con Siqueiros, Spilimbergo, Castagnino y Lazzari para el mural de la quinta de Botana en Don Torcuato. En su polémica con Siqueiros, Berni defiende la pintura de caballete. Su serie del 46-56 de Santiago del Estero merece el elogio de Aragón, que descubre en ella la reciedumbre del quebracho. Su asimilación posterior del informalismo lo asiste para plasmar sus series de Juanito Laguna y Ramona Montiel, con la primera de las cuales obtiene el Gran Premio de la Bienal de Venecia (1962), envío que supera objeciones que no obstan para que luego organice la gran retrospectiva del Di Tella, y que en uno de los tantos cambios del vaivén político de nuestro país alejarán de la Cancillería al principal responsable del envío, que luego sería instalado magníficamente por el gran escultor Giula Kósice.
Ya entonces Berni es mundialmente famoso y expondrá en Europa y en los Estados Unidos.
Mucho se habla y con acierto de la inspiración social del maestro.
Lo que importa rescatar es que nunca cayó en la ilustración y su obra se logra a partir de equivalentes plásticos de sed y hambre de justicia.
A menos de veinte años de su muerte (1981), el arte de Berni sigue creciendo para gloria del arte argentino.
Presencia de Juanito Laguna
La muestra de obras de Antonio Berni, la mayor retrospectiva de sus trabajos que se haya hecho hasta el momento, estará abierta al público desde el miércoles próximo hasta el 8 de agosto en el Museo Nacional de Bellas Artes.
Casi todos los grabados pertenecen a las series de Juanito y Ramona. Del grupo de los Monstruos -construcciones escultóricas de materiales diversos que representan las pesadillas de la Montiel- se seleccionaron "La sordidez" y "El pájaro amenazador", ambos de 1965. Los tacos son "El obispo" (1962), "El último payador" (ídem), "Ramona Bataclana" (1963) y "Ramona y la mano" (1976). El único tapiz se llama también "El último payador", de 1967, y cada una de las dos tintas se titulan "Pampa" y "Cielo", de 1962. El catálogo de la muestra, con texto de Glusberg y más de 200 páginas, contiene reproducciones en color de todas las obras que se expondrán en el museo. Incluye además la documentación completa del maestro, actualizada por su hija Lily. La referencia al catálogo es interesante ya que hasta el momento se han escrito pocos libros de importancia acerca de Berni.
La muestra durará sólo un mes, así que conviene verla pronto. A pesar de la sólida gestión de Glusberg, estos apurones, lamentablemente, todavía tienen lugar.
De martes a viernes, y domingos, de 12.30 a 19.30, y sábados, de 9.30 a 19.30.





