Antonio Grimau: "No sé mentir"

Un espacio experimental en busca de la entrevista soñada: el invitado se interroga y se fotografía
Laura Lunardelli
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19 de septiembre de 2014  

Aunque los reportajes lo intimidan, Antonio Grimau se esmera esta vez no sólo en su papel de entrevistado, sino también en el de entrevistador. Así, más cómodo, el actor hace chistes y revela su talento oculto: la pintura.

-¿Sos demasiado serio o tenés humor?

-Considero que tengo humor, pero no intento pasar por humorista todo el tiempo. Cuando se me ocurre algo que considero gracioso, por lo general sobre mí mismo, lo digo. Y me gusta que la gente se ría con la ocurrencia. Disfruto mucho la comedia por la misma razón: las risas son un afrodisíaco.

-En este reportaje aparecés algo engolado...

-Ya dije que no intento ser humorista todo el tiempo. Pero, además, los reportajes siempre me intimidaron un poco.

-¿Por qué?

-Porque uno se forma para interpretar personajes, y las notas son como un costado de la profesión que hace falta enfrentar, pero para el que no tengo oficio, más bien es un costado que padezco.

-¿Qué padecés?

-¡Padece un ositooo! ¿Ves? ¡Ahí metí un chiste, tonto, pero eficaz!

-Hablando de padeceres, ¿qué te preocupa a esta altura de tu carrera?

-Sin duda, el paso del tiempo. Ahora, por ejemplo, ¿qué hora es?

-Me desconcertás...

-Es la idea. Aparecer raro, distinto, con humor. Pero no siempre me sale.

-¿Cómo viviste tu pasado de galán?

-Mal, muy mal. Gané más plata que nunca, las mujeres me sobraban, viajes, buen morfi y buena bebida todo el tiempo, fama, privilegios, el ego por las nubes, mi autoestima acariciada las 24 horas... ¡No! ¡Un verdadero infierno!

-Veo que también manejás la ironía.

-No, ni lo intento. La auténtica ironía es un arte; lo mío es artesanal.

-¿La fórmula para vivir tu vida?

-Un 50 por ciento de calle, otro 50 por ciento de cultura. Mezclar lo culto con lo popular y batirlo.

-¿Un hobby?

-Perdón, ¿no era que este debía ser un reportaje original, distinto? Sí, colecciono postales y pinto.

-¿Qué te motivó a pintar?

-Me atrae la pintura y, por azar, un amigo pintor me entusiasmó con la idea de jugar con el color y surgió en mí un interés inusitado y un disfrute por lo que iba apareciendo. No tengo nociones de dibujo y me inclino por lo que aparece en el momento: sensaciones y estados de ánimo reflejados en lo que podría llamar, temerariamente, un estilo abstracto.

-¿Algo que te perturbe mucho?

-Que me salga un granito en la cara, ¡no lo soporto!

-¿Has sido auténtico a lo largo de este reportaje?

-Toda la vida me han dicho que no sé mentir, de modo que si lo fui es a pesar mío. Confieso que fue una experiencia dura, pero interesante.

-¿Qué opinás del amor?

-Lo de la maldición gitana: "Ojalá te enamores".

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