
Ariel Prat: murga, barrio y rock
Mixtura: el músico editó "Marcado sobre la raya", un atractivo disco, con historias urbanas de una belleza descarnada.
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El pibe fantasea con una pelota clavada en un ángulo ante un estadio lleno. Y sueña salir vestido de levita y con la cara pintarrajeada en una murga auténtica.Y poder sacarle embrujadores sonidos a esa guitarra gastada por la humedad.
El músico que habita en Ariel Prat fantasea con lo mismo. Lo persiguen las mismas obsesiones de aquella infancia en Villa Urquiza, que aflora en su verba rea y porteña.
Prat, es como un fraseo tanguero, un postulado de códigos orilleros que se corporiza en canciones de una belleza descarnada, descubriendo la negritud de una Buenos Aires sin maquillaje. Prat, también es rocanrol del país y guajira centroamericana: un nómade que camina los barrios con su consabida carga de triunfos y derrotas.
El bar, es sólo una estación de paso para este cantautor, hincha de tablón (lo demuestra en su conocido tema "Enzo único rey") y representante de una bohemia, en vías de extinción, que apura la mañana con un café cargado con medialunas.
Empieza por definirse como artista. "Soy un agitador de ritmos con un estilo suburbano". Luego como tipo común: "Soy un evocativo. Siento nostalgia de lo que ayer estaba sintiendo mañana".Y por último como tribunero: "Por más que mi estilo de vida cambiara, jamás podría escribir desde la platea. Eso está en mis canciones, porque la tribuna salió del estadio y ganó las calles".
Su disco "Marcado sobre la raya", (editado por Isdisir y distribuido por DBN), es una síntesis exacta que condensa murga, barrio y rocanrol. Y marca este nuevo tiempo de un Carnaval que quiere renacer: "Se empezaron a romper ciertas convenciones y ya no hay una discriminación hacia el murguero. Ahora hay pibes de clase media que van a talleres de murga y eso incentivó a otros a salir de sus guetos y mostrarse ante la gente. Yo participé de esa evolución, tanto que el pibe de barrio le ganó al pibe de La Paz".
La voz del "Polaco" Goyeneche se filtra en el medio de la charla y le sirve a Prat para disparar recuerdos. "Yo crecí con el tango en la época de los domingos de vermut. No se escuchaba otra cosa. Mi viejo ponía los discos de Angel Vargas, Gardel y Alberto Castillo. Y de ahí me quedó todo ese chamuyo de otra época, que ahora están recuperando muchas bandas de rock", finaliza. Entonces, Prat se pierde con un destino errante. Hasta que otra vez el bombo marque su ritmo. Y se suba a un escenario, llevado por ese mandato interior de ser un húsar del Rey Momo.
Murguero de fin de siglo
Ariel Prat se revela en vivo como un poeta urbano, un cronista que desnuda la esencia porteña en sus zonas más oscuras y luminosas.
El músico presentó junto a la Houseman René Band, "Marcado sobre la raya" en el teatro Alvear y otra vez ratificó su chapa de murguero de fin de siglo y piel camaleónica: capaz de mutar del pulso rockero y la densidad reggae de "Historia de un gil" a la intimista "840" y emocionar con la vibrante "Alma de wing", para colgar en un cuadrito.
Prat alterna canciones con recitados de poemas y manifiestos barriales y futboleros. Hurga en las calles y ofrece sus historias en acabadas canciones, que ganan en atractivo cuando se suben a ese frenético bombo, que aproxima el clima de la murga perdida.
Ese es el traje que mejor le sienta a Prat. Porque la esencia del rock, la murga y el sonido rioplatense, estallan en su cara, en las letras, en su baile y en los invitados: La Chilinga, Los Elegantes de Palermo y Los Cometas de Boedo, que viven y sueñan junto a él, un nuevo Carnaval .
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