
De los camarines de Xuxa y el círculo íntimo de Pier al frente de la nueva generación de actrices con carácter. La fábula barrial de una tintorera de Palermo que le puso la cara al hit romántico de Attaque y seduce en el cine y la televisión.
1 minuto de lectura'
Renuncio. prefiero que me manden a visitar a Sofía Gala, Lu Salazar, la Kloosterboer o Floricienta Bertotti… prefiero una personaja de perfil más lineal; más fácil, dócil, típica, obvia. Prefiero casi cualquier cosa antes que estar acá, un lindo martes, 10 pm, en el dúplex de Bárbara Lombardo; solos, desparramados sobre el parqué, relajados, bebiendo de un vaso ancho y quemando. Lo prefiero. Fundamentalmente, porque no siento esa necesidad neumática de correr el rec. Porque de ningún modo esto puede tener un final feliz. Y porque, aunque ella hace como que no se da cuenta, detrás de sus labios tristes reside la historia universal de la histeria. Y yo, así, no puedo.
“si, si… todo bien… creo. pero antes de la entrevista, tengo que conocerte. Sí o sí”, dijo desde su celular la primera vez. La cláusula era indeclinable.
–¿Puedo preguntar por qué?, dije yo.
–Necesito saber si puedo hablar a través tuyo.
Ahora Bárbara está ahí, sentada en el cordón de la vereda de enfrente. Cruzo la calle, se para. Un beso de cortesía, un abrazo atolondrado y la damita incita: “¿Querés subir? Estuve toda la tarde en la calle, la verdad es que tengo ganas de quedarme”. Yo, acato.
Veamos de quién estamos hablando. Su protagónico en el unitario Mujeres asesinas –“Patricia, la vengadora”; padre violador que, cuando la nena trae un insuficiente en la libreta de calificaciones, le hace pedir perdón de rodillas, hundiéndole la cabeza entre sus piernas– la puso a gravitar en esa estrecha constelación de actrices emergentes con carácter que colaron rápido en el circuito (antes fueron Belén Blanco, Celeste Cid, Carolina Fal, Romina Ricci), y supieron cómo sobrellevarlo. Bárbara no pasea sus 25 años frente a los flashes; no sale mucho y, en general, evita posar (“no hago nada de lo que me pueda arrepentir”).
Digamos que, en el negocio, Bárbara tiene la edad de Miranda! Y digamos también que su ascenso tiene una velocidad similar: bastaron cuatro años –en tele estuvo en Resistiré, Los Roldán y Doble vida, y en cine en Cautiva y Diarios de motocicleta– para enterarnos quién es esta chica. Y a pesar de que el videoclip “Arrancacorazones”, de Attaque, la puso en mtv, María Bárbara Lombardo es un fenómeno under. Y eso no se lo quita nadie.
Yo la vi en Rolling Stone, leyendo algo, atenta, durante la presentación del libro de Celeste Cid, quizá su amiga más cercana en esto. Estaba vestida de brujita en un recuadro, casi con lo mismo que me recibe ahora: tapado de la 5ta Avenida hasta la rodilla, pelo largo cayendo hacia atrás hasta la cintura, y una fina vincha elástica, ocre, a la altura de la sien. ¡Ah! Y esas faldas de nona, rojas, que le tapan hasta los tobillos. Siempre tan recatada, ella.
Estamos en el ascensor, subimos solos. En mi cerebelo se despierta el estribillo de esa canción. “Daaame tu droogaaa…”. Pero ella mira para abajo y pide otra cosa: “¿Te podrás sacar las zapatillas? En casa le pido a todos que se descalcen. Es por el tema de la energía.” Pienso en explicarle mi concept de periodismo homeless (vivir de cronista a los 23, sin casa, mamá, ropa limpia ni Eficient), pero en cambio respondo: “Todo bien”. Adentro, encojo los dedos, desprendo la planta del pie de la húmeda plantilla de mis Topper y, al toque, mi olor a pata lo inunda todo. Ella hace como que no se da cuenta.
Labios tristes
“¿te gusta lo que hago? bueno, gracias. Porque la verdad que me rompo el orto…”
Con ella no voy a hacerme una paja, ni a pedirle que me muestre las tetas. No. Desde que la vi por primera vez, a Eusebio, el cactus de mi patio, le salen flores blancas todas las noches. No estoy bromeando.
El lugar es chico, pero el espejo que cubre la pared duplica el tamaño aparente. Una magnolia sobre la mesita ratona, la madera del piso sin almohadones ni tratamiento, dos banquitos de camping contra una pared, el televisor en el suelo, la video arriba, y un velador que pega contra un vitral amarillo y rebota cálido hacia el techo.
El nivel de abstracción de nuestras conversaciones llegó a un “extremo telepático”, según la definición de la entrevistada. Trascendió parámetros de horario, de su trabajo y de su novio, de mi vida. Yo (y ella) poniéndonos tiernos, yo (y ella) con espasmos y risas y el teléfono atado a la cabeza, yo (¿y ella?) flasheando cualquiera.
Yo le digo María, me suena mejor que Bárbara. Me suena más celestial y, además, se pega a la estética de virgen retraída que carga la María Bárbara Lombardo que yo conozco. Se lo digo.
“¿Sí? ¿Te parece?”, pregunta. “Puede ser. Mi amigo Andy [Kusnetzoff] me sacó el otro día al aire y me presentó como María Bárbara Lombardo. Cuando lo escuché me encantó, no sé… me pa’ que lo voy a empezar a usar.” Gira y se hunde en el pasillito. “Me voy a poner mi jogginetta”, dice. “¿Querés un pantalón o algo más cómodo para ponerte?” Digo que no, la veo cambiarse y volver. “Mis amigas siempre me piden algo para estar más cómodas”, dice. Sirve un fernet.
Se sabe que Andy K anduvo merodeando a la Lombardo cuando ella vivía el ocaso de su historia con Facundo Espinosa, un amor que nació en pantalla durante la primera temporada de Los Roldán. Pero de eso vamos a hablar luego. En esta emisión de Perros de la calle, Andy le relató su conquista fallida a 500 mil personas. El también la veía salir del baño con la toalla, cambiarse. No se sintió atraído, se sintió llamado, confundido, y le tiró todos los galgos.
–¿Qué pasó con Kusnetzoff?
–Me sacó al aire después del capítulo de Mujeres asesinas, que para mí es el mejor trabajo que hice en mi breve carrera, y me dijo que no importaba que no había pasado nada entre nosotros, pero que estaba todo bien igual [risas]. Y en un momento dijo: “Vos te dabas cuenta…”.
–Y vos te dabas cuenta…
–Claro, cómo no me voy a dar cuenta. Pero yo me estaba separando de una relación complicada, no correspondida. Pero no quiero que esté todo mal con Andy. Cuando una persona me gusta, trato de conectarme, siempre. No me importa si no puedo llevarla a mi cama.
Su padre murió cuando ella tenía 3 años. La causa: “Una misteriosa hepatitis”, dice. “Nuca supe bien, tampoco quise…”. Murió un día antes de inaugurar La Tintorería Antigua, el negocio que le dio de comer a ella, sus tres hermanas mayores y su mamá, durante toda la infancia. De alguna manera, La Tintorería encarnó a su padre. Creció de la mano de una tía abuela, Alicia, vicerrectora del ilse [Instituto Libre de Segunda Enseñanza]. “Una profesora de Geografía me miraba y me decía: «Tu manera de expresarte te va a diferenciar del resto». Y yo lo tengo grabado acá: Mi manera de…”. Así es.
Antes de entrar en este show, ella sabía de qué se trataba. Bárbara se crió refugiada en un televisor, como muchos de los que nacimos en la Argentina de los 80, nos criamos en los 90 y empezamos a vivir en el 2000. Dice saber de qué se trata: “Se trata de salir lo menos dañada posible. Para mí, lo más importante es hacer lo que siento. Eso me da tranquilidad, y yo valoro mucho eso. Si hago lo que me aconsejan y sale mal… me voy a quemar la cabeza”.
María Bárbara acota que le debe “respeto” a Carolina Fal y Romina Ricci, porque “además de ser buenas personas y buenas amigas, son damas que están en el medio desde que eran niñas y no se las ve dañadas”. O a Celeste, “porque tiene 21 años, es una pendeja y está re sana. Sana de verdad”.
–Todas las actrices que admirás son madres jóvenes. ¿Te interesa tener hijos, casarte, eso?
–En cualquier momento. A vos puedo contarte algo: estoy en esos días. Tengo un planeta en tránsito que puede dejarme algo… ¡Ay, qué horror!
Su madre siempre le dijo que tenía que desenvolverse sola. Para ella no fue complicado: el ejemplo –que hoy es su referencia a toda escala– estaba frente a ella: “Mamá nunca fue ama de casa. Se rompió el orto laburando para nosotras, en esa tintorería que nos mantuvo doce años”. Arriba estaba la casa, abajo el local. Barrio de Palermo. Y Keka, como le dicen sus tres hermanas, su familia, sus amigas, era “la nena” que cuando no estaba escondida en los recovecos y altillos de su casa chorizo, repartía perchas por el barrio. Entradora.
Según ella, ese fue su primer “laburo de verdad”. “No estaba jugando a las muñecas. Andaba por Palermo, callejeando con una percha así que me pesaba. Por eso voy a lo mío. Y mis parámetros son esas mujeres que me rodearon. Y mi papá… también. Pero es raro. No lo conocí tanto. Aunque, por lo que me cuentan…”
Cautiva, la película de Gastón Biraben, se estrenó sin grandes consecuencias el año pasado (una historia sobre una hija apropiada durante la dictadura), pero a Bárbara le valió una nominación a Actriz Revelación de los Premios Clarín. Con todo, su debut en el cine no fue de las experiencias más agradables. No fue fácil, digamos. Y derivó en, quizá, su primera demo profesional de carácter. “Porque en Cautiva fue muy bravo todo lo que pasó. En un ensayo me encararon, me vinieron a tratar de bajar las condiciones de trabajo, sabiendo que yo necesitaba el laburo, que era mi primer trabajo como actriz… y yo, desde ese primer momento dije: «No». Yo no transo eso. No transo mi tranquilidad.”
Señorita barrio
“anda a palermo y pregunta por keka. Vas a ver todo lo que te van a contar”, dice la primera vez que me invita a irme de su casa. Corta: “Yo era la Señorita Barrio. Pero ahora hay muchas cosas que quedaron en el pasado. Es como que se borraron”.
Desde el comienzo, Bárbara habla con sinceridad de su pasado profundo. Después de flashear con Barbarella [Roger Vadim, 1968] –“porque era mujer, volaba, era hermosa”– tuvo su primer encuentro con su heroína de primaria: Xuxa, la animadora galáctica que llegó de Brasil a la calle Pavón y, cuando Bárbara estaba en quinto grado, le dio “la marquita” (su legendario beso rojo, carioca, cuasi mágico) y la tuvo de la manito todo el programa.
“Esa fue la primera vez que me sentí realmente feliz.” Como repartía la ropa de la tintorería en todos los edificios del barrio, conocía a todos los porteros. “Y todos sabían que yo era re fanática, que moría por Xuxa. Un día, me entero de que Xuxa se viene a vivir a la vuelta de casa y empiezo a investigar, hasta que llego al edificio donde se venía. Le digo al encargado: «¿Arturo, es verdad que va a venir a vivir Xuxa acá? » «Sí». Y yo: «¿Arturo, puedo venir a las seis de la tarde y esperarla en el hall?. «Sí, niña, por supuesto». Y a las seis estaba ahí, con mi tía abuela, re tranquilas. Afuera había mil nenitas desquiciadas. Y yo ahí, protegida, privilegiada”.
Cuando Xuxa irrumpe a través del blindex, al resguardo de cuarenta hombres de seguridad, a la pequeña Barbarella le brota una sonrisa. “Yo estaba ahí, chocha. Me le paro enfrente y le digo: «Hola, ¿qué hacés?» «Bien, ¿vos?», dice ella. «¿Me hacés un autógrafo?» «Sí.» «¿Me puedo sacar una foto?» «Sí.» «¿Puedo ir a tu programa?» «Hablá con ella…» Miro al costado y «ella» es Marlene Mattos, su histórica mánager. Le pregunto de nuevo: «¿Puedo ir al programa?» Y la respuesta fue mágica: «Sí. Andá a tal hora, a Pavón 2444.» Fui, obvio. Y no salí nunca más. Me hice amiga. No sé cómo explicarte. Estuve varios años en el control, pero andaba por todos lados. Iba, venía; invitaba a dos amigas, a mi tía. Me divertía.”
–¿Pero eras paquita?
–No, no, no. Paquita no.
–Pero ahí estabas, ¿cuánto te impactó todo eso?
–Mucho. Ir a un estudio de televisión cada quince días, todo un fin de semana… ¡a esa edad! Yo estaba ahí, paseaba, veía cómo hacían el programa, bailaba, me sabía todas las coreos… encima Xuxa tenía un trato preferencial conmigo. Yo era su amiguita. Es más, me invitó muchas veces a Brasil. Pero mi mamá no me dejó hasta los 18 años. Viajé apenas los cumplí.
–¿Ahí supiste que querías vivir delante de cámara?
–Sí, Marlene fue la primera que me dijo: “Vos vas a ser actriz”. Y yo era una nena, pero lo entendí perfecto. Y me acuerdo de eso.
Una historia perfecta. Sobre todo porque sigue así: en tercer año, cuando se enfermó Alicia, su tía abuela, Bárbara empezaba a terminar su primer noviazgo serio: un amor de barrio que terminó más o menos en los días en que Alicia murió. ¿Por qué? Bueno, eso de “me hizo elegir entre el teatro y el casamiento” no está en los recuerdos de Lombardo. No existe. El chico perdió a su hermano y se hizo cargo de la familia. Ella perdió a su tía abuela y sintió que las cartas la llamaban para indicarle el camino. “Un día tiré un mazo sobre la mesa y sentí que podía leer cosas en las cartas. Cuando él se enteró, empezó a tratarme de hereje, se horrorizó. Tuve que dejarlo.”
Con el pibe se fue el pasado. O casi. Ella siempre soñó que era una brujita, pero no se lo cuenta a nadie. Cuando entendió que podía “leer las cartas”, se involucró con eso y empezó a estudiar astrología, seriamente. Ahí encontró algunas respuestas. Varias. “En ese momento entró mucho dolor en mi vida; mucha crisis existencial. Me olvidé de todo. Y cuando terminé quinto año del secundario dije bueno, voy a estudiar Derecho y teatro para poder expresarme mejor.”
Ella creía que la actuación, el teatro, le iba a servir para poder desempeñarse mejor en los juicios orales. Al poco tiempo, durante una clase en el taller de Julio Chávez, mientras leía apuntes para una prueba, el maestro se le acercó y preguntó: “¿Qué lees?”. Y la respuesta fue mucho más inconsciente de lo que esperaba: “Apuntes, tengo examen mañana”. Chávez replicó: “Dejá eso, nena. No lo vas a necesitar. Vos vas a ser actriz”.
Tres meses después abandonó la uba. Trabajaba en un banco, angustiada doce horas al día. Hasta que empezó a hacer todo lo posible para que todos sus superiores y su cartera de clientes completa (era una incipiente y carismática ejecutiva de cuentas) percibieran que se sentía “como el orto”, que ella quería “vivir de la expresión” (“Tenía veinte minutos para almorzar y me iba a llorar al baño”).
Hasta que un día, dos o tres semanas antes de la instauración del corralito, logró que sus problemas le importaran a alguien: “Estás despedida”, escuchó. Ella se dio vuelta, apretó el puño como si hubiera metido un gol, cobró la indemnización y se tomó el palo.
Lo primero que pensó fue: “Voy a Telefé”. Y fue. La recibió Gustavo Marra, productor de Enamorarte que, sin mirarle la cara, dijo: “No, nena, ya no recibimos cvs”. Y cuando levantó la cabeza, se tragó su latiguillo: “Pero dejámelo, por las dudas.” En dos semanas, la llamaron a prueba de cámara. Y forzaron un papel para incluirla en los últimos dos capítulos de la serie. Ahí conoció a Celeste. Y de ahí fueron juntas, en una dupla tan perfecta como perversa, a Resistiré.
Desde esos días, vive sola en Barrio Norte, en un dúplex que ahora, y por segunda vez, nos cobija. No tiene mucho, apenas un televisor catorce pulgadas y una video vieja. Pero si la dejás pedir, pide: “¡Un home-theatre y un iPod!”. Y más plata, quiere más plata. “Para trabajar libremente tenés que ganar bien. De lo contrario, no podés elegir.”
–¿Y cómo pensás conseguirla?
–Yo voy viendo, no tengo algo planeado. Pero sé que no voy a venderme por mi cuerpo, sexualmente, bajo ningún concepto. No me interesa. Mi sexualidad es algo privado, y es para el chico con el que estoy y listo. No quiero hacer un negocio de eso, no me interesa. No tengo ese perfil, no sé cómo explicarte. Prefiero hacer de mi vida, de mis días, otra cosa. Quedarme en casa, estar con mis amigas, leer o… tengo otras actividades.
–¿Qué es actuar? ¿Desde dónde llega?
–Yo busco y trato de descubrir dónde existe psicológicamente la personaja. Para mí, desde el momento en que me dan el libreto, es muy importante descubrir o entender con mi punto de vista qué perspectiva psicológica tiene, cómo se piensa, qué aspectos de su personalidad están a la vista y por qué existe. Si no, después le escriben cosas a tu personaje que vos sentís que jamás haría.
–¿Cuál es tu plan a seguir en esto?
–Estoy muy convencida de dirigir. Algún día lo voy a hacer. Aunque alguien lea esto y diga: “¡Pendeja de mierda, qué te crees!”. Pero es así, yo lo sé. Ahora, igual, estoy muy involucrada con el vestuario. Me fascina. Mi sueño es entrar en los camarines y en las zonas de utilería del Colón.
Ahí estuvo el otro día, días después de que cortara también este segundo encuentro y, otra vez, me invitara a pasar a la calle. Un día después, nominada como Actriz Revelación en los Clarín, fue a la gala en el Colón. Me contó después que, en la sala de invitados y catering, ahí donde engordan productores y periodistas, el director Rubén Szuchmacher (uno de los preferidos de Bárbara, aunque jamás lo había visto personalmente) le hizo un daikiri y se dejó flashear. Minutos después, tentado, se acercó y le suspiró: “Además de barman, soy director”, y la llevó a pasear por el proscenio del Colón. “En un momento, se encontró un clavo doblado en el escenario y me lo regaló”, relata y sigue. “Dicen que si encontrás un clavo así sobre las tablas es un muy buen augurio para tu carrera, para tu futuro.” Y ella cree. Lo tiene bien guardado.
No pudo entrar en utilería, como le habían prometido. Y tampoco se llevó el galardón. Pero igual se quedó contenta, consiguió algo mejor. Tiene un clavo doblado.
Una tal Lombardo
“…y despues de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son…”
En 1979, Julio Cortázar escribió esto para su última compañera, Carol Dunlop. Ella murió tres años más tarde, pero este poema, “Amor 77”, late en el booklet de Antihumano, justo debajo de la letra de “Arrancacorazones”, adosado por Ciro Pertusi en un sagaz acto de copy/paste.
–¿Lo habías notado?
–No, no tengo este disco. Creo que lo vi una sola vez en mi vida. Está buenísimo. Ah, ¡mirá! Justo es mi canción.
–¿Vos escuchabas Attaque 77?
–Lo básico, lo que escuché en el secundario. Pero este laburo lo hice porque estaba grabando Los Roldán y me divertía pasar un día con mis amigos de Farsa [Producciones] en Luján, y no encerrada otra jornada más en Ideas del Sur.
–Un buen hobby, digamos…
–Sí, el hobby ideal. Si pudiera, viviría sólo de hacer videoclips… ¡en serio!
–¿De chica “Arrancacorazones”?
–No sé qué decirte. No me gusta el vestuario, eso sí te lo puedo decir. Es una historia de amor… o no. Una historia de desencuentro. De no amor, si querés.
–¿A qué crees que refiere Cortázar?
–A la mecanicidad que abunda en nosotros. Es como que es re difícil salir de los hábitos de la personalidad que uno mismo se va creando, ¿entendés? Como que la personalidad es un refugio, y como que es muy difícil salir de él. Evitar los errores a los que te lleva lo que sentís, o lo que dejás de sentir. Porque no podemos ser los mismos siempre, ¿no?. Todo cambia en nuestras vidas. Eso, creo.
– ¿Todo eso?
– Sí. Igual, capaz que se refiere a alguien en particular, ¿no?.
–¿Alguna histérica?
– ¡Mirá! ¿Otra vez con eso? Sí, puede ser.
– ¿Cómo te relacionás con la histeria?
– No me considero muy histérica, la verdad. ¡Quizá por eso soy la peor de todas!
Que nadie pregunte por el mexicanito Felipe Colombo, su pareja en Doble vida y, para ella, “la peor que se le podía ocurrir a un productor”. Basta con recordarle su última temporada: “Felipe Colombo me daba asco. Cuando tenía que besarlo me quería matar. Sentía que, más allá de un rechazo físico, era muy chico para mí. Los productores se equivocaron… mal.”
–¿Tanto como para darte asco?
–Arcadas me daban… Te juro: cada vez que tenía que hacer una escena de besos con él… ¡No sabés, nene! Un bajón…
–¿Y con Facundo Espinosa, qué onda? [en realidad iba a preguntar por “el otro”, pero cambié a tiempo]
–No, con él todo bien. Nos encantaba, me encantaba. Tanto que me enamoré y empezamos a salir juntos. Pero lo agarré en el peor momento.
–Antes hablaste de “amor no correspondido”…
–Yo quería estar con él, pero él quería salir con cuarenta pibas al mismo tiempo. Entonces no. Eso pasó.
–Y después vino Andy, no pudo, y te acusó de histeriquear…
–¡¿Histérica yo?! Andy… todo bien con Andy, me da risa lo que decís: no tenía ganas de salir con él… Yo para estar enamorada necesito morir por alguien. Hasta ese momento, soy más frontal y directa que otra cosa. La histeria… no sé. Yo cuando estoy con alguien estoy con esa persona, y trato de no mentir. Que es lo que daña, lo que hace mal. Porque la histeria trae malentendidos. Y además no me gusta… no me interesa. Te digo la verdad. Las relaciones así no me gustan…
–¿Así cómo?
–Así… yo cuando estoy con un hombre el asunto es profundo. Aunque en este ambiente la seducción está todo el tiempo ahí, en el canje. Mi manera de mantener la seducción pura es seduciendo en todos los niveles de la vida. Creo que la vida se trata de eso.
“Arrancacorazones” no fue su debut en este formato. Ella es la noviecita barrial de “La última risa”, de… ¡Pier! Y no sólo porque a Bárbara le gusta el rock. Una de sus hermanas está casada con el primer baterista, actual mánager de Pier; y hace unos años, cuando la tintorería cerró y su madre vendió el local para comprar una casa de campo, La Rosada, Pier tocó en la fiesta final. Hubo rocanrol y, también, sacrificio. “Fue un descontrol, el piso se vino abajo. Pero no importó, ya estaba todo vendido.”
–¿Te gusta “La última risa” o hubieses preferido otro?
–No me gusta, hubiese preferido… “Sacrificio y rocanrol”. Ese me parece un buen tema.
–¿De verdad me lo decís?
–Sí, ¿ por qué? ¿No te gusta? Y bueno… es mi gente, es mi barrio. ¡Bancatelá!
Me la re banco. La charla sigue por mail, por teléfono, por mail, por celu. Ella sale con un abogado (se llama Juan, también). Eso es lo que Bárbara quería ser (o hacer) antes de conocer a Julio Chávez, ya saben. Y de alguna manera, a eso se aferró. Dice que cuando lo conoció le dio un dolor de panza tan intenso que tuvo que escapar. Así se entera de que acaba de enamorarse: la retuerce un dolor espantoso que sólo puede curar el Elegido. Y lo hizo.
Apologia de la astrologia
al final de nuestros dias, ella ya no atiende el teléfono. “Es que no lo puedo pagar”, excusa cuando la interpelo. Su mánager le prestó algo de plata para pagar las expensas del depto y dice que con eso va a “tirar todo el verano”. Tampoco tiene laburos en agenda (sólo está leyendo el guión de una peli que está en producción, La película de Francisco, y concentrada en recibir oferta de Canal 13). Pero nada la altera. ¿Qué vas a hacer?, le pregunto. “Nada, tengo un par de planetas en tránsito. Sabía que esto iba a pasar. Ahora voy a esperar, sin desesperar.”
Bárbara siempre responde así. Y creo que no me explayé sobre eso, así que voy a hacerlo antes de terminar. Rewind: Bárbara estudia astrología.
– “Okey, tirame las cartas”, le digo.
Se para a buscar el mazo. Sube a una silla, revisa en la biblioteca, entra en la pieza, sacude la cama, vuelve a buscar, sale al living, se disculpa. No será. “Te lo cambio por una carta astral”, promete. Pero hoy no. Es tarde, me invita a irme. Por penúltima vez.
Resistiré. Dos semanas después, insisto en su portero eléctrico. Sexto B de Bárbara. Ella atiende, por fin, y grita: “¡Bajo!”.
Atiende con un musculosa estampada con la tapa de Use Your Ilusion II de Guns n’ Roses; y con la jogginetta de la vez pasada. Subimos: hoy me puse talco. Cuando abre la puerta, gira sobre su hombro y dice: “Tengo tu carta”. Me lo había anticipado: “Comparé la tuya con la mía y flasheé. Te juro que te vas a sorprender”.
–¿Por qué?
–Porque, básicamente, tenés tu Sol en la Casa X… ¡como el mío!
–¿Y eso qué significa?
–Que todo lo que hagamos va a tener trascendencia pública.
–¡Mirá!
–Sí, posta. Y ése es sólo el comienzo.
–¿Y? ¿Nos conocemos de otra vida?
–Sí, yo no sabía qué pensabas vos de esas cosas, por eso no te dije nada. Pero sí, nos conocemos de otra vida. Eso creo.
–¿Nacimos para estar juntos?
–[Risas] Sólo digamos que… tu destino es Libra.
y ella es libra. y yo… un caballero, por eso el resto de la historia me pertenece. Sólo puedo decir tres cosas. 1) Que la foto con que conocí a Lombardo está pegada en el marco de mi computadora; 2) Que a Eusebio, el cactus, ya no le salen flores y tiene el muñón vegetal alicaído; 3) Que mañana es la sesión de fotos en La Rosada, la casa de campo de Lombardo, pero no voy. Creo que siento… ¿celos?
Renuncio.
1- 2
La actriz que sufría frente a las cámaras, huyó de Hollywood y fue docente de una estrella de la actualidad
3La despedida de Susana Giménez a Marikena Monti: “Nadie la podría haber cantado como vos”
4Julieta Ortega habló de la recuperación de Palito y reaccionó, contundente, a una pregunta directa de Mirtha



