Atahualpa Yupanqui, en el recuerdo

Libros y discos en preparación evocan su vida y su obra.
Gabriel Plaza
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31 de octubre de 2000  

Atahualpa Yupanqui dejó una huella imborrable que muchos intérpretes de la música popular siguen investigando. Por estos días, una serie de discos tributo a punto de salir y dos libros (uno sobre su mujer y otro sobre cartas del músico, que saldrá el año próximo) retoman la senda de Yupanqui y sirven como forma de revisión de una obra que parece inabarcable, a ocho años de su muerte.

A fines de año aparecerá el ecléctico trabajo discográfico "Yo tengo tantos hermanos. El homenaje a Atahualpa Yupanqui", editado por el sello Alternativo Americano, de Víctor Heredia. El disco traerá quince temas y un CD Rom con un documental del músico. Varios de los intérpretes les pusieron música a poemas inéditos de Yupanqui facilitados por su hijo Roberto Chavero. Las versiones están a cargo de un heterogéneo seleccionado encabezado por Mercedes Sosa ("Romance de la luna tucumana"), León Gieco, ("La guitarra"), Luis Eduardo Aute ("En el patio de mi casa"), Peteco Carabajal ("Violín del monte"), Alejandro Lerner ("La zamba"), Divididos ("Vientito de Tucumán"), Víctor Heredia ("El adiós"), Víctor Manuel ("Tierra mía"), Alberto Cortez ("El río"), Jairo ("Retorno a Villa Dolores"), Teresa Parodi ("Indio"), Pedro Aznar ("Soledad"), Eduardo Falú ("A Don Julio Jerez"), Piero ("Coplas del prisionero") y Lito Vitale ("La añera-Los ejes de mi carreta").

"Creo que lo importante son las diferentes visiones que se pueden tomar de Atahualpa. No sé si el viejo estaría contento o no. El resultado es muy digno y hecho con una profunda admiración de parte de todos los que participaron en el disco. Los temas son muy buenos y varios hasta lo incluyeron en sus discos, como el caso de Divididos", comenta el cantautor Víctor Heredia, que impulso el ambicioso proyecto.

La obra revisionista no se detiene allí. Melopea tiene dos materiales inéditos de Yupanqui para publicar próximamente. El primero se llamará "La palabra" y llegará a las bateas en estos días; el otro es "La guitarra", y estará terminado para abril próximo. El contenido de las placas es del archivo de Julio Alvarez Vieyra y corresponde a una serie de grabaciones radiales que Yupanqui realizó en 1964. Además de canciones, los registros incluyen poemas recitados dedicados a Japón. "Estos registros son bárbaros, porque el Tata está en su mejor momento cantando cosas maravillosas. Cada uno de los discos tiene algunos temas inéditos y después varios clásicos que conservan un sonido que no alcanzaron otros registros", cuenta su hijo Roberto Chavero.

La pianista Hilda Herrera, amiga de Atahualpa, también acaba de editar un trabajo llamado "Yupanqui en piano", donde quiso priorizar otras búsquedas musicales y pagar una vieja deuda a su obra. La intérprete conocía el carácter especial de Atahualpa y su posición crítica frente a las versiones de sus temas. Pero Herrera obtuvo su bendición: "Cuando Atahualpa venía a mi casa le gustaba que yo tocara sus temas. Alguna vez surgió la idea de grabar, pero no con un fin comercial, sino por el simple hecho de tenerlo registrado. Si es fidedigno o no, ya no soy yo para decirlo. Pero sé que a Yupanqui le gustaba lo que yo trasladaba al piano".

Mirada a los afectos

La mirada revisionista sobre el universo yupanquiano se completa con la reciente aparición de una biografía novelada sobre la última compañera de Atahualpa. El libro "Una mujer llamada Pablo", de Isabel Lagger, reconstruye la vida de Antonieta Paula Pepin Fitzpatrick (Nenette para la intimidad y Pablo del Cerro para el público del folklore) con la que el músico compartió 44 años de vida y 44 composiciones, entre las que se encuentran piezas inolvidables como "El alazán", "Chacarera de las piedras", "Guitarra, dímelo tú", "Pobrecito mi cigarro" o la recopilación "Duerme negrito".

"Mucho de lo que fue Atahualpa tuvo que ver con que Nenette estuvo al lado de él. Yupanqui siempre estaba muy pendiente de su opinión y como compositora influyó en su forma de armonizar y le puso música a varias perlas de Atahualpa. Ella había sido galardonada tanto en el exterior como en nuestro país y era una eximia pianista con una vasta cultura. Entre los dos hubo una influencia y una admiración recíproca", cuenta Isabel Lagger, la autora de esta biografía.

El libro, elabora en tono de ficción, pero sobre testimonios de amigos y familiares, la historia de esta pianista francesa, que cambió su destino europeo y terminó recalando en el cerro Colorado, enamorada del silencio, la sabiduría y la apariencia rústica de ese hombre de rostro aindiado.

La biografía va develando, a la vez, aspectos trascendentales de la obra del propio Atahualpa. De la época cuando "El arriero" lo había transformado en un artista popular, la escritora reconstruye este diálogo.

" Atahualpa : -Esta repercusión se la debo a Don Anto.

" Nenette : -¿A quién?

" Atahualpa : -Antonio Fernández, un arriero del cerro que conocí hace mucho. Asábamos un ciervito para almorzar con mi amigo el Mushinga Ruiz Huidobro. No habíamos comido aún cuando lo cruzamos. En realidad, él nos cruzó a nosotros, y al verlo lo invitamos a compartir la comida. Dijo que estaba apurado y que debía andar nomás. "Ajenas culpas pagando y ajenas vacas arreando", deslizó a manera de despedida. Y el refrán me pareció magnífico. Lo escribí en el cuadernito que siempre llevo en las alforjas, y más tarde con la vigüela le fui dando forma.

" Nenette : -Es la protesta más contundente que escuché de un hombre."

La autora intentó desentrañar otros datos sobre la vida de esa mujer. "Fue muy difícil porque había poco material dedicado a ella, a pesar del invalorable trabajo que hizo sobre los ritmos folklóricos. Ni siquiera Atahualpa la nombra en muchos de los artículos que se le hicieron, quizá por ese pudor para hablar de su vida íntima. Es admirable, como a pesar de su talento, Nenette se mantuvo a su lado en silencio y apuntalándolo para que el mundo conociera su obra."

A poco tiempo de cumplirse diez años de la muerte de Nenette, el 14 de noviembre, todavía quedan aspectos de su vida sin resolver. Según la autora es parte del mito el origen del seudónimo Pablo del Cerro. "Ni siquiera su hijo el Kolla o gente que compartió muchas cosas con ella como la intérprete Suma Paz sabían de el origen de ese nombre masculino. Pero muchos coincidieron con mi teoría", arriesga la autora. En la página 28 de su libro queda reflejada la hipótesis en una conversación entre Yupanqui y su mujer:

"-Tenés que firmar los temas, Nenette.

"-No puedo poner mi nombre en canciones folklóricas. No sonaría adecuado.

"-Buscate un seudónimo, entonces. Tiene que ser algo autóctono, de la tierra.

"-Voy a firmar como Pablo del Cerro.

"-¿Pablo, por qué?

"-Por Paula, mi otro nombre. Si lo masculinizo en español se convierte en Pablo. (Cerro por el cerro Colorado, aclararía la autora durante la entrevista.)

"-¿Por qué nombre de varón?

"-Porque el país todavía no está preparado para que una mujer los haga bailar y cantar."

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