
De la escuela de DJs a la primera del minimal
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En 2002, Mauricio Barembuem tenía 18 años y no sabía qué carrera seguir. Sociología podía ser, pero a él le gustaba el jazz. Y aunque quería tocar la guitarra todo el día, terminó poniendo en pitch los vinilos que le traían de afuera. "Elegía de a treinta discos y siempre conseguía alguien conocido que me los traía para evitar pagar el costo de envío", dice sentado en el estudio que tiene en la casa familiar de Coghlan. Pero ¿cómo pasó de las cuerdas a las bandejas y a producir temas que ponen los mejores DJs del mundo? En esa temporada de indecisiones, viajó a Europa a visitar a sus hermanas, una en Francia, otra en Austria. De paso por Berlín, fue al Tresor: el legendario club del país donde germinó el minimal-techno. Volvió a la Argentina y, a meses de su vuelta, vio a Cristóbal Paz en el Shamrock. Ahí se dio cuenta de que acá, alguien ponía la música que le había volado la tapa en Alemania.
Escuela de DJs
Decidió meterse de lleno. Mientras arrancaba un curso de Producción Musical en la facultad Sónica, se puso a pinchar y, en 2005, sacó su primer track: "Kleine" por Unfoundsound Records, casa disquera del DJ estadounidense Someone Else. Su nombre empezó a hacerse conocido y sus temas treparon más y más, hasta llegar al canadiense Richie Hawtin, que decidió incluir "Opal", una producción del argentino, en el compilado anual que realiza el sello alemán M_nus. Su relación con Hawtin no termina ahí: ahora Barem ¡con sólo 22 años! forma parte del label de Plastikman (debut a amitad de año con un single) junto a Marc Houle, Troy Pierce y Magda. Un dream team minimal.
Mochilero del minimal
Cuando ya había lanzado "Kleine", partió de nuevo hacia Alemania a escuchar todo lo que se había perdido en su visita anterior. Se fue con un recorrido preparado: ahora sabía quiénes tocaban y dónde. "Vi a Ricardo Villalobos y a Luciano en esa oportunidad, además de muchos otros. Todos los días viajaba entre cinco y ocho horas desde lo de mi hermana en Austria hasta Alemania, sólo para ir a bailar. Tren o micro, todo servía". ¿Fanático? No, para nada…




