Barenboim despliega el arte del diálogo musical con un trío hecho de afinidades

El pianista y director presentará esta noche tres tríos de Beethoven con Michael, su hijo violinista, y el chelista Kian Soltani, músicos además de la Orquesta del Divan
Pablo Gianera
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4 de agosto de 2017  

Kian Soltani, Daniel y Michael Barenboim, generaciones diferentes y una misma visión
Kian Soltani, Daniel y Michael Barenboim, generaciones diferentes y una misma visión Crédito: Alejandro Guyot

Es una charla a tres puntas. Daniel Barenboim, su hijo Michael y Kian Soltani coinciden en que hacer música de cámara -y eso harán hoy en el Teatro Colón cuando toquen tres tríos de Beethoven- es un diálogo. Las repuestas cambian de posta, como las voces del trío. Soltani, por lo demás flamante contratación del sello Deutsche Grammophon, bromea sobre las diferencias de edad entre ellos y lo raro que es eso en los grupos de cámara. "Él es el más grande", dice de Daniel, y lo dice en el sentido más profundo de la palabra. Daniel, el más grande, celebra la broma con una risotada.

Daniel Barenboim fue siempre un camarista formidable, pero hace ahora una confesión imprevista: desde los tiempos de su trío con Jacquelin du Pré y Pinchas Zukerman, nunca había sentido tanta afinidad musical como con Michael y Soltani.

El programa comprende los tríos en mi bemol mayor opus 1 n° 1, en re mayor opus 70 n°1 Fantasma y en si bemol mayor opus 97 Archiduke. El punto de partida de esta conversación de cámara es entonces Beethoven y la idea de que, en verdad, cada tentativa beethoveniana constituye una especie de excepción. Pero la perspicacia de Barenboim (Daniel) no se conforma con generalidades o afirmaciones naturalizadas. "¿En qué sentido usted dice excepción?", pregunta con reflejos rápidos. "¿Respecto de los tríos anteriores? En ese caso habría que decir en Beethoven los intrumentos del trío cumplen un papel equivalente, parejo, ya desde el principio. Desde ese punto de vista. yo no diría que hay una excepción sino un nuevo comienzo. Y el Archiduke es una pieza sinfónica. Diría más: es casi el arreglo para trío con piano de una pieza sinfónica."

Para Michael, no hay tabicamiento en la oeuvre beethoveniana. "Dependa de qué se entienda por útil. Pero siempre es útil saber todo. En el caso particular de Beethoven, creo que es muy útil conocer los cuartetos de cuerda y las sonatas para piano. Lo primero que encuentro interesante en los Trios opus 1 es ese Beethoven tan joven en el estilo de fines del siglo XVIII y que, sin embargo, muestra ya la personalidad única de su música. Ya ahí, en los primeros tríos. Lo otro interesante es que los tríos son también un gran viaje, con sus correspondencias con otras piezas de los distintos períodos, y tienen casi el valor de un diario." "Me llama la atención la igualdad de las voces", interviene Soltani. "Cosa que no pasa tanto en las primeras dos sonatas para cello, que son un poco sonatas para piano con cello. En las siguientes, eso se equilibra, y creo que los tríos reflejan también esta evolución. En el Trío opus 1 número 1, el cello cumple una función un poco más interior; es un rol diferente, es la base. Creo que la evolución se ve muy claramente en este concierto, desde el primero hasta el opus 70 n° 1 Fantasma y el Archiduke."

Acota Daniel que hay que tomar en cuenta que el trio es el opus 1; es incluso anterior a la primera sonata para piano, que es la opus 2. "Pero incluso si uno se fija en ese opus 1 -dice Soltani- y sigue los números 1, 2 y 3 se nota ya en ese espacio tan restringido que la evolución del cello está ahí. No se da sólo de lo temprano a lo tardío sino en el interior mismo de lo temprano".

Daniel introduce un desvío: "Hay otra cosa interesante. Algunos compositores escribieron solamente óperas, como Verdi o Wagner. Pero todos, ellos y los otros, llevaron una especie de diario personal. En el caso de Schubert, son sin duda las canciones, los lieder. En Beethoven, los diarios son las sonatas para piano y los cuartetos de cuerda. Si uno quiere dirigir las sinfonías de Beethoven, no puede hacerlo sin saber esto, sin conocer el verdadero diario musical. Y los tríos con piano están muy conectados con las sonatas para piano."

¿Y los diarios de Mozart? ¿Cuáles serían en esta perspectiva? Daniel no duda: Da Ponte. Las óperas con Da Ponte." "Y los conciertos para piano", agrega Michael, cuya afirmación es confirmada de inmediato por el padre. "Sin duda no las sinfonías."

Da la impresión de que Daniel, Michael y Kian tienen una complicidad en las ideas que excede el acto musical. "Nosotros tocamos juntos como trío y el resultado nos gustó, así que pensamos que lo mejor era seguir haciéndolo", explica Michael. Daniel menciona al Amadeus Quartet. "Después un cierto número de años de actuar, no viajaban nunca juntos, nunca se alojaban en el mismo hotel ni tampoco comían juntos. Y tocaban fantásticamente. No creo que la amistad que sea importante. Son cosas independientes." Soltani matiza: "Las dos cosas son posibles. A veces uno puede pasarla bien haciendo música con amigos sin que el resultado sea necesariamente de alto nivel. Y también se puede hacer gran música con gente que no te cae bien. El resultado es o más importante". La inteligencia de Daniel, su poderío teórico, le permite derivar de la anécdota una especie de programa. "Lo importante es compartir una misma concepción de la música, tener el mismo punto de vista. Un fundamento común. El resto no importa."

El festival, en la recta final

Después de la velada camarística de esta noche a las 20 con los tríos de Beethoven que tocará con su hijo Michael y Kian Soltani, la intensa actividad de Daniel Barenboim en Buenos Aires seguirá mañana. Al frente de la West-Eastern Divan Orchestra presentará Don Quijote, de Richard Strauss (precisamente con Soltani como solista) y la Sinfonía N° 5 en Mi menor opus 64 de Chaikovski. Este mismo programa integra también los abonos del Mozarteum Argentino, cuyas fechas serán el domingo (a las 17) y el lunes (a las 20).

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