
Tienen 20 años y viven en un invierno perpetuo que combaten escuchando a marley. conquistaron los andes y los alpes italianos, son las campeonas sudamericanas y seran representantes argentinas en los juegos olimpicos de invierno, en torino 2006.
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En el slang deportivo se alega que no hay “diferencias” cuando dos atletas de sexos opuestos están en la misma competencia. ¿Teoría machista o feminismo atlético-revolucionario? Como fuere, las hermanitas Simari-Birkner no se preocupan por estas distinciones. “Más bien se encarnizan. Se quedan con la derrota en el ojo y la próxima, seas quien seas, te pasan por encima”, atestigua Cristián, hermano mayor (24) y cabecilla del convoy familiar comandado por papá Mario y mamá Teresita. Pasa que, en la próspera actualidad deportiva regional, los Simari-Birkner son el family team más antiguo y capacitado del esquí sudamericano (con diecisiete años de doble temporada, sin pausa); pero además, y sobre todo, son el elemento cardinal del equipo olímpico nacional que competirá en Torino, Italia, en febrero de 2006. Y no sólo por eso, Macarena (20) y Belén (22), “las pollitas de la casa”, se “encarnizan”. Así es como dicen…
–¿Qué hay en juego cuando les dan largada?
Belén Simari-Birkner: –Todo. Nosotras damos la vida por esto, chicos [le anuncia al grabador]. Las Simari-Birkner vamos por el oro.
Macarena: –¿Por qué? Porque para nosotras, éste no es un desafío… es el objetivo.
Pasa la primera pregunta, y lo que uno colige por el tono de sus respuestas es: “Así ha sido siempre, chicos”.
Claro: así-ha-sido-siempre. Ellas son las únicas raiders argentinas que pueden detallar el efecto que provoca bajar una montaña gigante a 140 kilómetros por hora, sobre la nieve más dura y agresiva del mundo (“es el éxtasis puro, la sensación más hermosa”).
Mario Simari, trabajador del turismo de Bariloche, fue a probar suerte a Trentino, Italia, como instructor. Al año, mandó a buscar a la familia: Teresa Birkner, su esposa, viajó desde Río Negro con sus tres criaturas y se incorporó en el equipo de tutores del Ski Club for Garida. Desde entonces, la biografía de la familia es bilingüe.
A los 4 años empezaron a correr en los campeonatos de menores del circuito europeo y, ¡antes de saber sumar o restar!, eran estrellas de los Sudamericanos en la temporada nívea de los Andes argentinos.
Desde entonces, estas campeonas precoces viven un invierno perpetuo. “Pero es así desde que tengo memoria”, atestigua Belén, con la naturalidad de una monjita misionera. “Hace diecisiete años que no veo un verano. Pero ¿sabés qué hacemos para contrarrestar ese efecto? Escuchamos a Bob Marley”, dice. ¿Qué? ¿Marley en medio de la montaña nevada? “Sí, siempre: para entrenar, para andar fuera de pista o para cuando la nieve no nos deja salir de casa… para todo eso está Bob.”
Me habían dicho que eran chicas del dancefloor... En fin, su papá (el mismo que las acercó a Marley) fue quien las llevó al Topolino, el mundial de los chicos. Fue el primer gran hit de ambas: Belén, a los 11 añitos, logró que le colgaran una medalla de oro en el cuello. Maca, a los 10, quedó en el puesto número 9. Pero ya hacía un par de años que eran conocidas como “las imbatibles”.
Ahora todo sigue igual –igual de bien– para ellas: campeonas sudamericanas, representantes olímpicas y las responsables de carvear la posibilidad histórica de convertirse en las primeras mujeres en darle al país al menos una medalla, compitiendo en todas las disciplinas del esquí alpino (slalom gigante, súper gigante, descenso y combinada: descenso/slalom).
Por eso se pasaron el día entrenando en el cenard (Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo) y, también por esto, cuando los hermanos olímpicos abren la puerta del depto que por el momento comparten en Palermo, el clima de la escena es… un relajo: los deportistas se hunden en un sillón de cuero blanco al corito de “Three Little Birds”. Las chicas lucen diseños personales: “Proyectamos una marca para cuando seamos más grandes. Ahora hay mucho viaje de por medio. Esto de diseñar empezó como un juego, porque cuando podemos ir a bailar, odiamos ver que otra tiene lo mismo que una. Eso es muy de pueblo, pero nos pasa. ¡Teníamos que hacer algo! Así que, como nuestra abuela hace ropa y tiene las máquinas, las usamos para hacer modelos únicos”.
–¿Imponen la tendencia en la montaña?
BSB: –Sí [se ríen]. Pero no es una moda: es el estilo Simari-Birkner [carcajean].
–¡Qué título! ¿Y cómo definen su estilo de esquí?
MSB: –Chocamos con todos. Incluso entre nosotras. La rivalidad en un deporte de alta competencia como el esquí es súper agresiva. Es así. Desde chicas entrenamos para bajarnos los tiempos, porque siempre estamos pegadas; primera y segunda, quinta y sexta… siempre ahí, juntas. Una atrás de la otra.
–¿Y la relación cotidiana se transfiere a la montaña?
MSB: –Arriba y abajo es igual que en casa. Y encima, es así todo el año.
BSB: –Sí, pero también nos saludamos arriba de la montaña. En realidad, lo que pasa es que pensamos parecido, actuamos parecido y, por ende, los resultados son similares. Por eso nos respetamos mucho como rivales.
–Y sus contendientes ¿cómo las ven? Porque son como los hermanos Korioto (los de los Supercampeones)…
BSB: –Al principio no sabían cuál era cuál [se ríen a dúo]. “Ah… ¡¿fuiste vos o tu hermana?!”
–¿De qué raider quieren la cabeza?
MSB: –En Sudamérica estamos joya. Afuera, la sueca Anja Paerson y la croata Janica Kostelic son las dos mejores raiders a nivel mundial. Sólo pensamos en ellas.
Ahora, en los charts de la fis (Federación Internacional de Esquí) Belén está en el puesto 157 y Macarena en el 207. Pero el asunto es matemático: uno puede posicionarse en media temporada y todos los que estén entre los mejores 500 del mundo tienen derecho de competir en los Juegos Olímpicos. De hecho, las Simari-Birkner ya estuvieron en la villa olímpica de Salt Lake City, aunque desgraciadamente en medio del ataque contra las Torres Gemelas. “Las medidas de seguridad atentaban contra nosotros”, rememora Belén. “Había que pasar cuatro controles, y no podías entrar en la pista con las botas de esquí puestas y se te congelaban los pies, ¿sabés lo que significa eso? Con ese antecedente, nada puede salir peor.”
–¿Y por qué no viajaron a Japón en el 98, cuando las convocaron para la Copa del Mundo en Nagano?
BSB: –Nuestros entrenadores siempre fueron mamá y papá. Y los de la Federación lo sabían. Pero cuando llegó el momento, nos dijeron que teníamos que viajar solas. Y ni en pedo voy así. Para competir necesito estar bien psíquicamente. Y eso no lo tiene en cuenta nadie.
MSB: –Es como escribir un libro sin lapicera. Ridículo. Preferimos esperar nuestro momento.
Los Simari-Birkner trabajan como los Williams en el tenis. Papá se encarga del acondicionamiento de los equipos, y mamá hace las filmaciones tácticas y los masajes previos a la competencia. No hay nada más lindo que esta familia unita... ¡y en la pista! Acaban de terminar la preparación física, y en un par de días viajan al Cerro Castor (Tierra del Fuego) para entrenar en las condiciones más duras: con iluminación plana y sensibilidad extrema.
La temporada argentina, dicen, será histórica. Cada diez años hay un invierno portentoso, y el último fue en 1995 (con más de un metro de nieve por día). Eso convoca a los mejores equipos internacionales. Así comienza la parte técnica del plan, es decir, el entrenamiento en pista. Aclara Belén: “Desde fines de agosto hasta septiembre tenemos el Nacional y toda la gira sudamericana. A fines de septiembre ya nos enfocamos en Europa. En octubre viajamos a Barsesto, Italia [la capital del esquí europeo]. Y desde noviembre, empezamos a entrenar para llegar en pleno a los Juegos”.
–¿Cuál es el desafío, entonces?
BSB: –Ganar o... ganar. Vamos a eso.
–¿Pero lo importante no era competir?
MSB: –Lo importante es ganar. ¿Acaso hay otra opción?
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