
Bestiario
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Hay quienes lo hacen sentado en el piso, de piernas cruzadas. Otros, más elásticos, adoptan la postura de yoga flor de loto. Pero An prefiere otra pose para la introspección. “Para meditar, suele apoyarse en la banqueta que da al balcón”, indica Deborah Serruya. Nada de agotarse en cuatro patas.
Es como si la foto hubiera sorprendido a Jaco (el rubio) y Toto (el negro) en medio de una conversación animada. “En mayo cumplieron 4 años y, como todos los labradores, son muy traviesos. A Jaco le encanta robar medias (si son las de papá, mejor). Y Toto es un caso perdido: roba, rompe y muerde todo lo que encuentra en el camino, pero lo que más disfruta es llevarse el pan de la mesa. Hicimos muchos intentos por mejorar la conducta de los dos, pero no hubo caso. Igual, los queremos, todos los días nos divierten con alguna travesura, y no podríamos estar más contentos porque son parte de nuestra familia”, dice Claudia Jiménez.
¿Quién se ha robado mi queso? Buen título para la historia de Tino, un golden de 3 años obsesionado por el queso, justamente. “Cuando lo huele, cualquiera que sea su clase, entra en estado de petrificación. Se sienta al lado de quien lo tiene y empieza a levantar las patas pidiendo la cascarita, que lo hace feliz”, cuentan Sol y Gastón del Pino. Tino es, además, un excelente nadador.
Tato impone su figura como Arnold Schwarzenegger en Un detective en el Kinder. Pero este dobermann es una perfecta maestra jardinera. “Creció junto a cuatro chicos lleno de amor. La gente se asusta cuando lo ve, pero Tato es un dulce. Su debilidad son los ositos de peluche que roba con astucia del cuarto de las chicas, pero que no rompe. Sólo los deja a su lado cuando toma sol”, desliza Mónica E. Fernández.
Se cree perro alfa. Pero Bartolo, más que macho dominante, es un caprichoso. A este boxer de 2 años le encanta dormir en la cama con almohadones y osos de peluche. “Es muy inteligente y cariñoso con los de la casa, bastante malcriado. No se lleva muy bien con los perros. Lo adiestramos, pero nunca aprendió nada. Hace lo que quiere”, se resigna Débora Candermo.
Tano tiene 9 años, madre cocker y padre desconocido. Nació en Panamá y se mudó a la Argentina hace ocho años. Su destino estaba marcado, ya que nació un 9 de julio. “Se adaptó muy bien al clima templado de Buenos Aires. Los inviernos son un poco fríos para él, pero lo abrigamos. Le gustan mucho las galletitas de chocolate, sobre todo las rellenas. Nada los días de mucho calor y siempre encuentra el mejor lugar del jardín para dormir la siesta”, cuenta Roxana Devoto.
En el criadero del que era oriundo, al shi-tzu Tao lo llamaban el bebe, por ser cariñoso y juguetón. Así fue como Carmín Medrano no pudo resistirse a su dulzura cuando lo vio. Desde aquel encuentro pasaron 12 años de alegre convivencia. “Fue el amo que disfrutó de la casa. Dio compañía a la familia entera y a las visitas”, recuerda Medrano.
Paco apareció los últimos días de julio en los alrededores de Plaza de Mayo (que no es lo que se dice un paraje apacible). Estaba muy asustado, flaquísimo y con mucho frío, temblando sin parar. “Por lo general suelo rescatar hembras, ya que son las que peor lo pasan en la calle, pero no pude dejar de lado este perro. Al cabo de una semana, no soporté verlo tan abrumado cada vez que iba a llevarle comida y decidí rescatarlo”, cuenta la proteccionista Viviana Cafferata. Lo llevó a una guardería, donde fue esterilizado, desparasitado y donde pronto será vacunado. Ahí tampoco es feliz. Necesita un hogar donde pueda hacer lo que más le gusta, dormir la siesta, y también recibir la caricia de una mano amiga. “Paco es sumamente tranquilo, debe tener unos 8 años y su estado de salud es bueno. No conocemos su ladrido todavía, y se lleva perfecto con otros perros”, agrega Cafferata.
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