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"Tutti Frutti". "Da Doo Ron Ron". "Macarena". "Who Let the Dogs Out". Hay un lugar sagrado en la historia de la música reservado para las canciones tontas; un altar en la iglesia del pop, llena de velas romanas, cigarros explosivos e intermitentes luces rosadas de neón. Estamos hablando de canciones agresiva e infecciosamente tontas; el tipo de tontera que ofrece algo así como la recompensa que uno recibe de las grandes obras de arte: el placer de deleitarse con lo ridículo, porque, después de todo, la vida es ridícula.
De cuando en cuando un músico realmente genial graba una canción tonta (Little Richard) aunque generalmente éstas suelen ser obra de one-hit wonders (Baha Men). Los Black Eyed Peas ocupan un lugar único dentro de esta tradición. Habiendo comenzado su carrera en 2003, cuando tres MCs de Los Angeles (el afroamericano Will.i.am, el filipino-estadounidense Apl.de.ap y el mexicano / aborigen norteamericano Taboo) contrataron a una hermosa rubia llamada Stacy "Fergie" Ferguson y renunciaron a la búsqueda de una imagen de "raperos de mochila", hicieron una especie de práctica espiritual del arte de grabar canciones tontas, un compromiso estético total que se extiende desde sus atuendos chillones hasta una visión del mundo bien United Colors of Benetton. "Let’s Get Retarded" [retardémonos], proclamaba un single de 2004. Y eso hicieron.
Ahora llega The E.N.D., el quinto álbum de estudio de los Peas, y el primero desde Monkey Business, de 2005, que los convirtió en superestrellas y que puso la frase "lovely lady lumps" [adorables bultos de dama] en el léxico cultural. El nuevo disco empieza con la voz bajo profundo computarizada de Will.i.am, que entona beatitudes: "Esta versión de mí mismo no es permanente / Mañana seré distinto". Luego de lo cual, el disco pasa al hit "Boom Boom Pow", y el infierno se desata. Hay trinos vocales con auto-tune, espeluznantes acordes de sintetizador, gemidos chirriantes de diva disco, raps sobre ruidos sordos de sintes 808 y un mareado aluvión de versos malos: "Tengo ese... escupitajo digital / Mierda visual del próximo nivel". Es un asalto a los sentidos y al buen gusto. Y es lo mejor que los Black Eyed Peas hayan grabado jamás.
Ninguna otra canción llega a semejante nivel de exceso delicioso, pero están muy cerca de hacerlo. "Rock That Body" lanza desde bombos gigantes hasta golpes de sintetizador que suenan como cuervos graznándole a un famoso sampleo de Rob Base; "Ring ALing" mezcla motivos de teclado con la frase "b-b-booty call" dentro de un remolino rococó; en "Now Generation", el grupo grita sobre acordes de guitarra power-pop. La acción ni siquiera se resiente en canciones como "One Tribe", uno de esos ruegos patentados por los BEP por, ehhh, la paz mundial.
El resto de los tracks tienen títulos como "Party All the Time" y son excusas para que Will.i.am enloquezca con sus compases y sus bips, y para manejar a sus compañeros de banda –que suelen sonar como efectos sónicos humanos– alrededor de sus lienzos recargados. Es fácil burlarse de Will.i.am, un operador de Los Angeles que devino en ubicua presencia de la cultura pop, con su aparición en alfombras rojas y por la CNN en forma de holograma. En The E.N.D., logra un equivalente musical de lo que hizo en la CNN: hacer cosas tontas, gratuitas y copadas con la tecnología, porque –ya sabés–, se puede hacer. Generalmente el resultado es algo tonto. Y eso puede ser terriblemente bueno.





