
Bob Wilson, contra todas las convenciones
El controvertido director teatral dialogó en Bogotá con La Nación sobre su personal e innovador trabajo escénico
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BOGOTA.- "El método de Stanislavsky me sirvió para darme cuenta de lo que no quería hacer", dice Bob Wilson con la mayor seriedad y aplomo. Así se presenta uno de los innovadores más importante de la escena mundial, que llegó a esta ciudad para ofrecer, dentro de esta VI edición del Festival Iberoamericano de Teatro, su creación "Perséfone".
Considerado un niño terrible en la década de los ´60, este tejano de 57 años sigue generando controversias con su estilo personal. Orientado a la composición espacio-temporal de la representación, alcanza un ritmo visual que altera las convenciones teatrales y logra una nueva dimensión: la de los sentidos.
Por esto se declara en contra del naturalismo y se opone a un método que aún sigue reinando. "El trabajo de Stanislavsky se opone diametralmente al trabajo que hago. Me opongo al naturalismo. Para mí, estar en el escenario es algo artificial. Y si lo acepto así, puedo ser más honesto con lo que hago. El arte de la actuación es una habilidad que se aprende. Si bien el arte puede imitar a la vida, es algo, para mí, diferente de la vida."
A pesar de su fama de "enfant terrible", Wilson se presenta a la entrevista con un impecable traje oscuro, camisa y corbata, todo un gentleman inglés.
"Nunca estudié teatro. Si lo hubiera hecho, no estaría haciendo teatro de la manera como lo hago. Aprendí a caminar caminando. Aprendí a pararme parándome. Aprendí a sentarme sentándome. Aprendí sobre teatro haciéndolo. Me inicie en el arte estudiando pintura y arquitectura y llegué al teatro por casualidad. Mi primera obra, en ese sentido, fue hecha en colaboración con un niño de 13 años, mudo, afroamericano, que vino a vivir conmigo. Era una obra silenciosa y en cierto sentido de eso se trataba, de silencios estructurados."
Método Wilson
Muchos se atreven a aventurar que la intención de Wilson es crear su propio método, insinuación a la que el creador responde con mucha calma.
"No quiero una escuela, no quiero un método Roberto Wilson de actuación. Se trata de esta forma personal de concebir el teatro; idealmente, permite todo intercambio. Prefiero el tono de voz o un tipo de comportamiento que permita ese óptimo intercambio. Cuando miro el teatro clásico japonés, veo que el actor camina sobre el escenario, se agacha y tiene su forma de gesticular y de modular la voz, me fijo en la disposición del escenario, veo el vestuario grande, saturante, no hay nada natural en todo esto. Es totalmente artificial. Para ellos, el teatro es algo aprendido que está afuera, no adentro. Cuando yo veo el teatro No del Japón me siento más cercano a la naturaleza que cuando veo a Stanislavsky o Tennessee Williams, con el actor tratando de imitar a la vida y al mismo tiempo parecer natural. Veo a Romeo de manera muy naturalista decir "Julieta, te amo". La vida es mucho más complicada que eso y no puedo creerlo. Yo veo el árbol y creo en el árbol. Veo al perro que camina y creo en el perro. Con el actor de teatro No, en términos generales, hay más conexión con una emoción que resulta auténtica, más real, que cuando veo la expresión superficial del naturalismo. Por eso prefiero la formalidad en el teatro, porque nos permite un tiempo para reflexionar."
En medio del debate
BOGOTA.- A este encuentro teatral bogotano, Wilson llegó un día y medio antes para chequear los requisitos técnicos que exige para sus puestas. No fue tarea fácil para los organizadores, pero al fin se pudo ver "Perséfone", una obra que retoma el mito de la hija de Démeter y Zeus, raptada por Hades, dios de los infiernos.
Después de las creaciones anteriores: "Una carta para la reina Victoria", "Yo tenía un sitio en el patio", "Edison", "Las ventanas de oro" y "La guerra civil" (ópera de doce horas de duración), llama la atención el vuelco hacia un tema griego.
"En la Bienal de Venecia de 1993, presenté una instalación llamada "Pérdida-memoria" y gané el León de Oro en escultura. Se generó un gran debate, porque dijeron que no era escultura ni pintura, pero tampoco sabían qué era. Con este concepto estructural, decidí hacer una obra sobre un poema de T. S. Elliot, "La tierra devastada". No recibí el permiso para hacerla y la hice sobre Elliot, "T.S.E.", musicalizada por Philip Glass. El texto tenía referencias a Elliot, a la Grecia antigua, a la Alemania medieval y a la época contemporánea. También se generó polémica. ¿Era danza, teatro u ópera? En esa obra, una de las escenas era la de Perséfone. Más tarde, extraje esa escena y la desarrollé completa. Estos son los orígenes de "Perséfone". Ahora me estoy dirigiendo hacia formas un poco más convencionales, todo basado en el interés por Elliot, con partitura de Philip Glass. Estoy pensando en una orquesta, que va a tener una forma más convencional con textos y canciones, habladas y cantadas por los actores. Este un proyecto a largo plazo que va a tomar de cuatro a siete años, aproximadamente."
Mirada personal
Esta visión que tiene del espectáculo guarda relación con una mirada personal que contiene aportes de otras culturas y civilizaciones.
"Pienso que el teatro es un foro y que cumple una función única en la sociedad. Idealmente, el teatro puede abarcar todas las ideas. En ese foro, que llamamos el teatro, se puede escuchar cualquier voz. Tiene la posibilidad de tener un papel único en la sociedad, porque pueden expresarse las ideas. Cuando estuve en la Universidad, tuve que desarrollar un ejercicio en tres minutos: dibujar la ciudad. Con frecuencia, durante muchos años, pensé en lo que había hecho. Dibujé una manzana, y adentro puse un cubo de cristal. En este cubo de cristal, siendo el corazón de la manzana, podía reflejar el universo. Pensaba que el teatro podía ser algo como este cubo de cristal en el corazón de la manzana. Pero entiendo que no tiene que ser un teatro para todos."
Se puede entender fácilmente por qué Wilson revolucionó las estructuras estéticas teatrales, impulsando inicialmente un teatro de imagen. Pasados los años de rebeldía, está a la cabeza de una estética que limita, en algunos aspectos, con el teatro de Tadashi Suzuki y con el de Eugenio Barba, convirtiéndose casi en modelo de las nuevas generaciones.
"Creo que la vanguardia de estos tiempos es redescubrir los clásicos. Sócrates decía que todo bebe nace sabiendo y que el proceso de aprendizaje es descubrir todo lo que ya está dentro de uno. Me interesó la danza a partir de la obra de Ballantine, por su concepción clásica, y la música que se ha creado alrededor de los clásicos. Está dentro de nosotros, pero no sé dónde. Ahora dicen que los bebes sueñan... ¿Qué soñarán?"
Las claves para conocer a un gran creador
Robert Wilson nació en Waco, Texas, en 1941, y es considerado uno de los más importantes creadores de vanguardia que surgieron con posterioridad a grupos como el Living Theatre.
Planteó una profunda revolución en las prácticas escénicas al construir sus espectáculos a partir de un tema y no de un texto escrito, oponiéndose a la teoría que planteaba el Actors Studio y a todas las convenciones stanislavskianas imperantes en ese momento.
Alguien mencionó que debía tener mucho talento para sobrevivir a esa postura.
En sus trabajos, siempre muy personales, utiliza directamente el escenario como la herramienta principal y no la partitura escrita por un autor.
Wilson elabora teatro de la imagen y del sonido, al que integra un espacio escénico y diversos elementos para componer su propio lenguaje: el color, la música, el gesto, voces grabadas, el movimiento y la interpretación corporal.
Por este motivo, entre sus elencos se cuentan más bailarines que actores. Esto no impide que también sea convocado para dirigir ópera.
A pesar de ser norteamericano, se considera ciudadano del mundo y se anuncia siempre representando a Europa, por la procedencia de sus actores y por los importantes patrocinadores. En los últimos años se muestra más condescendiente con los textos teatrales y los actores y se apresta a dirigir, para el Piccolo Teatro, de Milán, "La dama del mar", de Ibsen, con Dominique Sanda en el papel protagónico.



