El cuarteto colombiano se presentó en la segunda fecha indoors del Pepsi Music 2010; crónica y fotos
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Como embrujados por un poder hasta ahora desconocido, los poseídos se menean en un baile orgiástico y le rinden tributo a un Dios del placer, de la lascivia, de los excesos: se mueven en cámara lenta, se aceleran, ganan velocidad vertiginosa y vuelven a aletargarse. Vacilan. Se tocan. Se rozan, se frotan. Sugieren y hacen explícito en un mismo acto rítmico: supuran sexualidad. Los responsables del efecto provienen, claro, desde arriba: los compases de ese sonido extraño, el resultado de una fusión entre ritmos provenientes de África, combinados en la música autóctona colombiana, la cumbia, la champeta y el bullerengue, y la electrónica y algo de rap y hip-hop. Los compases del electrovacilón, la cumbia psicodélica de Bomba Estéreo.
Quienes no hayan escuchado jamás una muestra de esta mezcla, quienes no hayan siquiera percibido al pasar el grito salvaje del hit "Fuego", entonces no comprenderán (al menos no hasta que no lo hagan o puedan sentir la experiencia del vivo) el significado de estas palabras. Porque Bomba Estéreo es cosa bastante rara, por eso la magnitud del fenómeno que los llevó a editar su segundo disco (Estalla, 2008) en varios puntos del planeta, incluidos los Estados Unidos, y a presentarlo a través de los continentes, con una gira que no se acaba nunca.
No es la primera vez que aquella instantánea es tomada en Buenos Aires: a mediados de mayo de este año, los poseídos asistieron a Niceto Club también respondiendo al mismo llamado. El cuarteto colombiano regresó en menos de seis meses para pulir los efectos del ritual o volver a generarlos. En esta oportunidad, el contexto es distinto: la segunda fecha indoors del Pepsi Music, los coloca en el centro de una grilla muy rockera y sorprende con las características de la jornada. Antes, las Kumbia Queers -proyecto cumbianchero-rockero-tropipunk, como le dicen, liderado por la mexicana Ali Guagua- presentaron algunos temas de su segundo disco, a punto de editarse a fin de este mes: La Gran Estafa del Tropipunk (producido por Pablo Lescano) y prepararon la pista con sus tracks pegadizos y sus covers espectacularmente deformes o deformemente espectaculares y coloridos.
Después de un cuelgue introductorio, Bomba Estéreo desplegó su setlist narcótico; la pequeña Liliana Saumet, voz y cara del combo, como vehículo hipnotizante: mini shorts, colores fluorescentes, larga melena morena, movimientos bruscos de ménade. Simón Mejía, director musical y bajista, controlando el descontrol desde su posición taciturna y con mirada calculadora, dio la señal para que "Elegancia" abriera el juego; a partir de ahí, todo (la temperatura, principalmente...) fue en ascenso. Liliana se sacude endemoniada y contagia hacia abajo, sus agudos -varias veces se le marcó similitud con la cantante folclórica colombiana Totó la Momposina- penetran lo que tienen que penetrar para generar el efecto inmediato, un vacilar de izquierda a derecha casi constante pero también saltitos, meneos, perreos. Ella entona en español y a veces en inglés, se entrecorta, se repite, rapea (en "Feelin", por ejemplo), jadea ("Respirar") y seduce, excita con sus letras sugerentes, "Cosita Rica" y su "You make me feel so high, carajo" a la cabeza. La fusión rítmica se nota en cada tema, beats dignos de la cumbia más clásica, comandados por el correcto Kike Egurrola, pueden tanto transformarse en pasajes más up tempo rozando el ska o bien ser sucedidos por tramos colgados de viola y perillas.
Cuando llega "Fuego" el termómetro estalla. Todos -pero todos, eh, los del fondo y los de arriba también- cantan y se contonean, la sensación de ridículo es superada por la orden inconsciente: hay que bailar, hay que saltar. Es ahora o nunca. Aunque... con "Cumbia Psicodélica" hay una segunda oportunidad porque da por finalizado el set principal –luego vendrían los bises, tras el "una más y no jodemos más" reglamentario- pegadita a "Pump Up the Jam" junto a Ali de Kumbia Queers, la versión del tema de Technotronic que hicieron para las Levi´s Sessions, traduciendo el estribillo por fonética: "¡Agua que tengo sed!". Y el pedido oportuno para que la audiencia jadeante, agotada, pueda extinguir su incendio interno. O, mejor, calmarlo momentáneamente pero no dejarlo apagar.
Por Yamila Trautman
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