
Brasil tiene su cura
Personaje: el éxito local del padre Mario tiene su antecedente en su colega Marcelo Rossi, un curioso fenómeno brasileño.
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San Pablo.- Vende más discos que Só Prá Contrariar o Xuxa. Descubrió que quería ser cura después de mirar 12 veces en la televisión un documental sobre el papa Juan Pablo II. Cuando era joven hacía fierros en el gimnasio para modelar el cuerpo y escuchaba con fanatismo los discos de Legiao Urbana. Antes de ordenarse cura, tuvo novias y sexo como cualquier joven brasileño.
El padre Marcelo, 32 años, no es un cura convencional. Y por eso, entre otras razones, se convirtió en la cabeza más visible del movimiento católico brasileño de Renovación Carismática. Marcelo Rossi revolucionó la Iglesia Católica brasileña sin alterar los ritos y determinaciones del Concilio Vaticano II. Mezclando Biblia, rock and roll y gimnasia aeróbica, este cura se transformó en un icono pop de dimensiones brasileñas.
Su disco "Músicas para alabar al Señor", compuesto por temas de lo que él llama "la aeróbica del Señor", pasó el millón de copias vendidas, un récord discográfico con el que PolyGram ni soñaba. Apenas un mes después de lanzado ya había vendido casi medio millón de placas. Todo lo recaudado se destina a la Iglesia y programas sociales.
Tiene, además, programas en radios y una agenda de estrella que lo obliga a levantarse a las 4 para tener tiempo de rezar una hora antes de iniciar los compromisos.
Milagro de la multiplicación
La atracción que causa en las masas de clase baja y media baja es tan grande que los dos conductores de los programas de televisión de los domingos en Brasil, Faustao (Globo) y Gugú (SBT), se pelean por llevarlo. Gugú llegó a ponerlo al aire 2 horas y diez minutos, después de comprobar que con el cura en pantalla duplicaba el rating. "Es el milagro de la multiplicación de la audiencia", ironizó la revista Veja.
El desempeño de Rossi en el altar es sorprendente. Haciendo la gimnasia recetada por su médico para mejorar un problema de columna, el cura salta durante casi toda la misa como un profesor de aeróbica. El Día de Nossa Senhora de Aparecida, patrona de Brasil, convocó en el Maracaná a 167.000 personas, el mayor público de la década en ese estadio. El papa Juan Pablo había atraído, en 1997 en el mismo estadio, 120.000 personas. En 1991, Paul McCartney había reunido 130.000 personas.
Nace otra estrella
Con cantos de hinchada como "Ei ei ei, Jesús es nuestro rey", el padre Marcelo agitó a las plateas más que los Rolling Stones en Buenos Aires.
Sus misas, hechas en un galpón de San Pablo desde que el templo le quedó chico, reúnen a 60.000 personas, dos veces por semana.
El padre Marcelo no es un cura intelectual, no simpatiza con la Teología de la Liberación, se opone tajantemente al aborto y considera la homosexualidad un pecado, al igual que el sexo antes del matrimonio. Es un nuevo fenómeno, que ni los gurúes del marketing habrían logrado construir mejor.
Packaging del buen devoto
Rossi siempre cuenta que la idea de hacer un poco más animadas las misas surgió cuando vio que en su barrio la mayoría era católica (como 83% de los brasileños), pero todos iban a las iglesias evangélicas. "La Iglesia estaba concentrada demasiado en la cuestión social", y poco en la demanda de asistencia espiritual que hacía la gente, considera.
Su misión, dice, es hacer que la gente vuelva a la Iglesia Católica. Y como un experto en marketing que encontró un producto que funciona, no desaprovecha ninguna oportunidad para hacer llegar su mensaje. Llegó a hacer imprimir calcomanías para automóviles que decían "Soy feliz por ser católico!" Todo el que tuviera ese adhesivo y viera a otro vehículo con él, debía tocar un bocinazo y rezar por su compañero automovilista.
Con la idea de adaptar el catolicismo a la vida moderna, Rossi armó todo un packaging práctico del buen devoto. No sólo con los discos y los adhesivos, los programas en televisión y radio, y con todo el merchandising que se puede comprar en sus misas. Rossi también facilitó el rezo, adoptando el rosario bizantino, que se puede completar en 10 minutos en lugar de media hora.
Sin demasiada virulencia, Rossi recibió críticas de algunos obispos más tradicionalistas, no muy afectos a vincular la gimnasia aeróbica con la palabra de Dios. Pero como no viola ninguna norma del catolicismo, el cura pop prevaleció.





