
Magic
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Los primeros indicios no eran nada buenos. Desde el título (el medio cursi Magic) hasta el corte de difusión (el simplón "Radio Nowhere", que parece un lado B rescatado de los 80), el nuevo disco de Bruce Springsteen con la E Street Band amenazaba ser cualquier cosa menos lo que es: un puñado de canciones rockeras que se fortalecen con cada escucha, que reclaman que se lean las letras y que conmueven hasta que esa emoción se vuelve adictiva.
Después de un disco como The Rising, gestado desde una situación trágica (el 11-S), parecía que no quedaba mucho margen para que la simbiosis entre el Jefe y su grupo volviera a generar la misma intensidad. Y resulta que ahí está "Magic" (sí, la del "título"), que al final era una oscura balada con connotaciones políticas; o el tono hímnico callejero de "Last to Die" y "gipsy Biker", ese que tanto quieren imitar desde Arcade Fire hasta los Killers.
El discutido maquillaje sonoro del productor Brendan O’Brien no alcanza a deslucir el brillo crudo de la banda (aunque ya es hora de que algún empresario se juegue y podamos escuchar Magic en vivo), y las letras del disco tienen vida porque no escapan nunca a los temas difíciles: la frustración, las elecciones, el amor, las cuentas pendientes, el paso del tiempo y, una y otra vez, la muerte. La alegre despreocupación de "Livin’ in the Future" es totalmente irónica, y hasta la yanquísimo descripción de "Girls in Their Summer Clothes" tiene un dejo de nostalgia, de tristeza lejana.
Es evidente que Springsteen ha perdido gran parte de su filo narrativo. Pero eso no importa demasiado cuando "Gypsy Biker" provoca un nudo en la garganta similar al de "Jungleland". O cuando "Long Walk Home" te pone justo enfrente de esas autopistas imaginarias, tan familiares y misteriosas al mismo tiempo. Ya pasaron décadas desde Born to Run y Darkness on the Edge of Town y es difícil creer que esto siga funcionando. Pero hay una razón poderosa: detrás de esas guitarras, de los solos de saxo y de la voz de Springsteen, detrás de la bronca y el dolor, todavía hay mucha esperanza.






