Antes de presentarse en el Gran Rex, la cantante española habla de la superación de sus miedos, su relación con Chavela Vargas y cómo fue convertirse en una chica Almodóvar
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"¡No nos dejan divertirnos!". Buika frunce el entrecejo para quejarse y después se ríe, juguetona. El apuro impuesto por una agenda maratónica deja en suspenso su última respuesta. Hablaba de los miedos que supo dejar atrás. "Al trabajo no se le puede tener miedo. Eso suena muy aburrido", estaba diciendo. Había llegado a Buenos Aires en medio de la niebla, y sin dormir después de un recital en Chile, para dar algunas notas antes de viajar a Rosario y Córdoba. Sin embargo, nada parecía perturbar su buen humor. Así fue desde el principio. Buika sabe desplegar con las palabras justas una serie de conceptos sobre la vida y el arte, y en cada respuesta busca provocar a su interlocutor con golpes certeros. Lanza sabias tautologías y repreguntas incómodas, para luego relajarse y soltar anécdotas con el mismo desparpajo con el que se saca sus zapatillas rojo metalizado para recostarse descalza en un sofá.
El Gran Rex la recibirá esta noche en su escenario, a tres años de su última visita al país. Está de gira desde hace meses presentando su nuevo álbum, En mi piel, un disco doble que repasa lo más destacado de su repertorio más un par de inéditos: "Por el amor de amar" y "Se me hizo fácil", dos canciones que se hicieron populares por formar parte de la banda sonora de la última película de Pedro Almodóvar, La piel que habito. Allí jugó a ser actriz de cine y lo hizo con la misma pasión desgarradora con la que se sube a los escenarios. Es la "hija negrita" de Chavela Vargas. Es una de las grandes exponentes de la "world music". Pero ella no hace más que divertirse con esas etiquetas. "Yo no me definiría en la vida porque creo que las definiciones son jaulas de las que luego una tarda en salir y yo quiero hacer en todo momento lo que mi nota libre quiera. No me quiero meter en definiciones que luego contradigan lo que tengo ganas de hacer. No me gusta pensar en lo que soy porque soy un ya siendo. Entonces, cuando me piden si puedo definir mi estilo, bueno, soy un ser multiforme con capacidad mutante infinita".
El repertorio que presentará esta noche es así: indefinido, ecléctico, y coherente sólo por la intérprete que unifica con su arte cualquier estilo. Ya no es ni jazz, ni flamenco, ni tango, es todo eso cantado por Buika.
Tus espectáculos están diseñados para provocar a tu público. Parece que manejás muy bien el lenguaje teatral...
Es que no me están escuchando a mí. Me están oyendo a mí. Pero se están escuchando a ellos. El teatro es uno de los lugares donde hay más intimidad y más soledad del mundo. Aunque hayas ido con alguien que conoces, en esos momentos esa información está entrando hacia tu interior. Y tú escuchas desde donde tú escuchas. Nadie más escucha desde ahí. Yo estoy en mi película también. Y creo que por eso es un momento de comunión, porque estamos todos conectados por la misma soledad.
¿Cómo creés que lográs esos momentos de tanta intimidad?
Lo que busco es la buena sensación. No quiero saber nada de alteregos que tengo que interpretar para hacer ver a los demás cosas porque me importa realmente un carajo. No me como la cabeza con nada. Busco sentirme bien, potenciar mi propia locura. Ya le he demostrado al mundo, igual que tú e igual que todos, que somos tremendamente capaces de seguir la locura de otros. ¿Qué pasa cuando tenemos que seguir la nuestra? Para mí, todo esto de estudiarse las cosas, aprenderse repertorios, todo eso pertenece al orden de los miedos. Yo no le tengo miedo a la música, no me tengo miedo a mí.
El asunto de los miedos atraviesa siempre su discurso y suele instar al público a dejar afuera sus miedos, como si fuera el baluarte de su religión. Es que tener miedo casi le cuesta la carrera. Cuenta la leyenda, que Buika buscó durante meses cantar frente a Chavela Vargas. Cuando por fin lo consiguió, la voz le tembló tanto que la cantante mejicana la echó "a la puta calle". "Me dijo que cante y yo canté desde el miedo. Y claro, estaba cagada porque no todo los días te ponen delante de semejante mujer. Esa fue una gran lección, porque en una selva, ves una serpiente y te has muerto. No hay segundas oportunidades. Yo canté y me temblaba la voz, y me dijo, ‘pare, pare m’hija, usted no está preparada para esto. Váyase’. Me fui llorando. Tenía una rabia para conmigo misma…", relata. Aunque sólo pasó un mes de la muerte de la "chamana", no está triste. Elige recordarla con una sonrisa enorme y contagiosa. "Me siento muy afortunada y muy feliz por haberla conocido. Me quiero quedar con la mala leche que tenía. Con ese carácter". El final de esa historia, sin embargo, fue feliz. Mucho tiempo después de ese encuentro trunco, Buika cantó en México y Chavela se acercó al camarín para decirle: "Usted es mi hija la negrita. Que no se le olvide". Buika vuelve a sonreír, esta vez con nostalgia: "Nos lo pasamos genial".
Hoy, esta artista de padres africanos, nacida en Palma de Mallorca y criada en un barrio gitano, mira atrás y descubre un largo proceso de autoconocimiento. Dice que le tomó 38 años reconocerse en el espejo: "Cuando yo me miraba, a veces me encontraba con esa persona que yo supuestamente quería ser y, otras, encontraba a la persona que yo detestaba y no quería ser. En ese ejercicio, durante años, no me paré a pensar en la que estaba siendo. No me gustaban muchas cosas de mí y me di cuenta que no me gustaban porque no las conocía, no porque fueran feas. Así que me dediqué a eso, a conocerlas. Entonces, cogí una lista de miedos y borré todos los que no eran míos y había mogollón".
Ya sin miedos, se dispuso a conquistar el mundo con su música, su exotismo y su inconfundible voz rasposa. Si bien ya había sembrado un buen número de fans con sus cinco discos anteriores, el gran trampolín fue convertirse en "chica Almodóvar". Aunque dijo que en el rodaje estaba "un poco tímida", asegura que jugar a ser actriz no fue ningún desafío y para que quede claro, lo reafirma con una de sus consabidas tautologías: "Nosotros los seres humanos estamos preparados para hacer todo lo que los seres humanos están preparados para hacer. ¿A quién se lo estamos pidiendo? ¿A un perro? No". Libre como "un ciempiés", repite esa lección que aprendió con Chavela y que no se olvidará jamás: "Yo no soy de miedos. Eso suena muy aburrido y no hay tiempo. La vida no es larga, es ancha, profunda y muy espesa, pero no es larga. ¡Sal ahí a cantar, hombre!"
Por Silvina Ajmat
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