
Burton, un director con cabeza
"La leyenda del jinete sin cabeza" ("Sleepy Hollow", Estados Unidos/1999). Presentada por UIP. Música:Danny Elfman. Fotografía:Emmanuel Lubezki. Intérpretes:Johnny Depp, Christina Ricci, Michael Gambon, Miranda Richardson, Casper van Dien, Jeffrey Jones, Michael Gough y Richard Griffiths. Guión: Andrew Kevin Walker y Kevin Yagher, basado en el cuento"La leyenda de Sleepy Hollow", de Washington Irving. Dirección: Tim Burton. Duración: 103 minutos. Para mayores de 13 años. Nuestra opinión: Muy buena .
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Pocos directores contemporáneos tienen la creatividad, el talento, la audacia y la inteligencia suficientes como para sobreponerse a los límites que imponen las estructuras (conservadoras) de Hollywood, como Tim Burton.
Y son también muy escasos los realizadores (o autores, según preferirían definirlos los franceses) que tienen la coherencia y la tozudez necesarias como las que ha evidenciado el creador de las dos primeras entregas de "Batman", "El hombre manos de tijeras", "Ed Wood" y "Marte ataca" para transformar siempre los muy disímiles materiales que maneja en reflexiones sobre los temas que más lo obsesionan y apasionan.
En este sentido, "La leyenda del jinete sin cabeza", adaptación del clásico relato de Washington Irving, no es otra cosa que un vehículo -deslumbrante desde lo visual, impecable desde el concepto de entretenimiento popular- para que Burton continúe elaborando sus fábulas sobre la incomprensión y la marginación que sufren esos seres distintos que -como el propio director- no quieren adaptarse a los moldes preestablecidos.
"La leyenda...", más allá de ser un deslumbrante festival de cabezas cortadas (muchísimas cabezas cortadas), cabalgatas infernales, oscuras confabulaciones, conjuros mágicos e imágenes oníricas, surge como una película de una enorme coherencia respecto de la obra previa de este inefable director.
Un nuevo siglo comienza
El film está ambientado a fines de 1799 (Burton se permite alguna broma respecto del "nacimiento del nuevo siglo"), cuando en la comunidad mayoritariamente holandesa de Hollow se produce una serie de decapitaciones.
Hacia ese misterioso lugar envían las represivas autoridades de Nueva York (como una forma de sacárselo de encima) a Ichabod Crane (Johnny Depp), un detective que intenta infructuosamente imponer sus teorías y métodos científicos frente a las "prácticas medievales" imperantes.
Crane, el típico antihéroe de Burton, llega a Hollow con todos sus traumas infantiles, su coraza de soberbia y pragmatismo urbanos, y se encuentra con un pueblo dominado por cinco poderosos, enigmáticos (y en el fondo cómicos) personajes: el líder Baltus van Tassel (Michael Gambon), el reverendo Steenwyck (Jeffrey Jones), el magistrado Phillipse (Richard Griffiths), el doctor Lancaster (Ian McDiarmid) y el notario Hardenbrook(Michael Gough).
En un segundo plano, que conforme transcurre la película y se van develando los misterios adquiere mayor importancia, aparecen las dos mujeres del relato:la joven Katrina (Christina Ricci) y su madrastra (Miranda Richardson).
Es en ese apropiado terreno de un pueblo chico, infierno grande donde el realizador prioriza el enfrentamiento entre el saber científico (la racionalidad) y el inasible universo de lo fantástico (la magia, los mitos populares)incluso por sobre el relato de aventuras, el suspenso y la subtrama romántica.
Distanciamiento consciente
Burton, un director que nunca deja nada librado al azar porque tiene un impresionante dominio de las herramientas narrativas y los recursos dramáticos, llega a imponer distanciamiento entre el público y los personajes y a "enfriar" los momentos de mayor tensión y romanticismo con el objetivo de no desviar la atención de lo que para él debe ser el eje de la película.
Quizá por eso, en determinados pasajes el personaje de Depp -el único conductor del relato- puede parecer exagerado, fuera de registro, provocando una sensación de extrañeza y artificialidad.
De todas formas, aunque cierta parte del público pueda sentirse algo defraudada por estas decisiones anticlimáticas y por cierta tendencia a sobreexplicitar el contenido filosófico del film, Burton entrega en compensación un despliegue visual como para cautivar al espectador más escéptico y exigente.
Ahondar únicamente en los valores de la música de su eterno colaborador Danny Elfman, en la magistral fotografía del mexicano Emmanuel Lubezky ("Como agua para chocolate") o en las categoría de vestuario o escenografía sería despreciar la destreza cinematográfica, el liderazgo unificador de un Burton que tiene el enorme talento como para hacer una exquisita utilización de los efectos especiales, entregar su irónico y pesimista humor negro, hacer que cada detalle adquiera su verdadero significado y valor, trabajar cada una de las tomas como si fuese un todo u obtener de Christopher Lee, Martin Landau y Christopher Walken tres cameos impagables.
Porque precisamente de los grandes temas y de los pequeños guiños, de las secuencias grandilocuentes y de los mínimos destellos está construido el universo personal de un artista único, completo y complejo: el extraño mundo de Tim Burton.
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