
Cancán, charleston y el rock de Rasputín
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"Hay un dicho clásico en el teatro musical -recuerdan Lynn Ahrens y Stephen Flaherty-: los personajes cantan cuando están demasiado emocionados como para seguir hablando. Cuando alguien está enojado, enamorado, tristísimo, desolado o muy resuelto a hacer algo, es ahí donde hay que poner una canción a su alcance."
Lynn y Stephen saben de qué están hablando. Aunque ésta sea su primera incursión en el cine, tienen una larga experiencia como compositores de musicales ("Ragtime", uno de sus últimos éxitos, desembarca en estos días en Broadway). Son muy amigos, crecieron juntos; constituyen -dicen casi a coro- "una unión de mentes creativas" y están entusiasmadísimos con esta nueva experiencia. Pero no se distraen de la responsabilidad que les cabe: sus melodías significarán -en muchos casos- la carta de presentación de "Anastasia" y del atractivo de éstas dependerá en buena medida que se despierte el interés del público.
"Un equipo de songwriters -dicen- nace de una rara química; no es la melodía lo que importa ni los aciertos de la letra, sino la química que se produce cuando las palabras justas encuentran la melodía justa en el momento justo."
Tienen cierta ventaja a la hora de entrelazar sus aportes porque Lynn, que es letrista, también compone, y Stephen, que es el compositor, también escribe letras. Además sus caracteres se complementan. El es más analítico, puede pasarse horas puliendo un detalle; ella es más impulsiva, más dada a la improvisación.
La mayoría de las veces trabajan juntos en el mismo cuarto -"es como un juego, especialmente al principio". Y no hay reglas fijas: a veces viene primero toda la música -como les sucedió con "Una vez en diciembre"-, muchas otras lo primero es la letra.
Tres mundos
"Lo mejor que tiene el guión de esta película, desde nuestro interesado punto de vista -el que habla es Stephen-, es que transcurre en tres mundos distintos. El primero tiene que ver con la familia de Anastasia, con su historia y con el pasado: es la vieja Rusia. Para ponerle sonido a ese mundo escuché mucha música rusa, vocal y coral. La segunda parte sucede en París en los años veinte, un tiempo burbujeante, donde el can can se mezcla con la música de las calles, el charleston y el jazz tradicional. El tercer mundo es el mundo subterráneo, el tenebroso mundo del malvado Rasputín. Queríamos para él un universo sonoro diferente, pero que tuviera también sonidos reconociblemente rusos. Y encontramos que la oscura aspereza de un rock le caería como anillo al dedo. Un rock ruso."
La interpretación de las canciones de "Anastasia" es, para Lynn y Stephen, otro de los capítulos más felices de esta experiencia nueva.
"Cuando hicimos la primera canción -recuerdan -, llamamos a una amiga nuestra, Liz Callaway, que es una estrella de Broadway y le pedimos que la cantara para hacer un demo. Es la canción de cuna rusa que se oye en la cajita de música de Anastasia y que después dará origen al tema del "Vals de los sueños". Liz tenía la voz perfecta y al fin terminó siendo elegida para asumir las partes cantadas del personaje en la versión original en inglés.
"Lo mismo sucedió con muchos otros papeles, Dimitri y los demás: son todos cantantes de Broadway. Y no hablamos solamente de los personajes que tienen algún desarrollo sino de partes brevísimas. Hasta la que dobla a Josephine Baker y canta una línea en el París de los veinte es una cantante de prestigio, ganadora de un Tony."
Lynn acerca una hipótesis acerca de la disponibilidad que suelen mostrar estrellas de Broadway para hacerse cargo de estos doblajes. "Creo que todos se fascinan con el cine de animación porque en este juego se ponen un poco en el papel de Cyrano: les gusta reconocer su propia voz en esa Josephine Baker trazada en lápiz que despunta en la pantalla o en el bichito travieso que secunda al malvado de turno y le hace los coros. Hay cantantes que se entusiasman con la perdurabilidad de estos trabajos: piensan que sus hijos y sus nietos les descubrirán la voz el día de mañana. Y también hay otra cuestión: la animación les permite interpretar personajes que normalmente no hacen. Hay en el primer número, por ejemplo, una gitana rusa desdentada y muy desagradable. Quien canta esa parte es una chica preciosa, jamás le confiarían el papel de semejante bruja."
Lynn y Stephen no ocultan que la canción que cantan Richard Marx y Donna Lewis ("At The Beginning" tiene otra historia, porque no fue concebida como parte de la acción dramática, sino como un tema destinado a acompañar los títulos.
"Nos costó bastante trabajo -reconocen- porque estamos acostumbrados a desarrollar en canciones situaciones dramáticas. Hicimos una docena de canciones y al final dimos con esta que a todos les gustó y que de paso les dio a nuestros jefes una canción para pasar por la radio."
No conocen a Thalia, que hizo su versión en español en Miami, con producción de Emilio Estefan, pero les resulta "una experiencia fascinante escuchar nuestras canciones transformadas, otras palabras y otro ropaje instrumental".
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