
Canciones de amor y sangre
Dos antecedentes sirven para abordar Tempest , el nuevo disco de Dylan que saldrá a la venta pasado mañana. Por un lado, su comentario, en el reportaje de la Rolling Stone, de que se había propuesto hacer un disco de canciones religiosas, pero que finalmente fueron otras las que surgieron. Y no podían ser más opuestas. Por otro, y ya en el terreno de la escucha real, esa musiquita de película antigua, ese sonido de guitarra y slide, que abre el álbum por unos segundos y que nos mete de lleno en el terreno de la ficción.
Es un extraño territorio. Con canciones de dolor y muerte, de tragedias y renegados, de amores rotos y traiciones. Canciones bañadas en sangre y con preguntas casi morales. Canciones sobre muertos (una sobre la tragedia del Titanic, otra dedicada a John Lennon) sobre amores mortíferos, sobre venganzas y cadáveres flotando. Todo esto cantado con esa voz que ha desarrollado en esos años y que requiere de una escucha atenta (una escucha activa) para atravesar eso que algunos llaman graznido y descubrir los matices y las intenciones de un artista que no busca la belleza convencional sino la expresión, con mayúscula.
Tempest tiene el sonido de sus discos anteriores, de esta gran etapa de su carrera que comenzó con Time Out Of Mind, abrevando en las viejas fuentes: blues, rockabilly, folk y country; nada que pueda datarse de los sesenta para aquí. Lo acompañan, como en vivo, Charlie Sexton, Stu Kimball, Tony Garnier, George Receli y Donnie Herron; más David Hidalgo, en acordeón y violín.
"Soy un jugador y un cafishio", canta Dylan, a los 71 años, en "Duquesne Whistle", primer tema del álbum y el único cuya letra no le pertenece, ya que es de Robert Hunter (letrista de los Grateful Dead, que también escribió para Together Through Life ). Canción de trenes y ferrocarriles, de andariegos, y de la que bien vale la pena ver el video (bobdylan.com), en el que el jugador invocado la termina pasando mal, muy mal. Historia violenta en clara sintonía no con este tema, pero sí con el álbum en su totalidad.
Porque ya con "Soon After Midnight", entramos en el verdadero territorio de Tempest . La balada, que comienza como una alabanza a la noche y sus secretos ("es cerca de la medianoche y mi día acaba de empezar") se va convirtiendo en una historia de sangre y muerte, de mujeres vestidas de rojo y verde, y de cadáveres arrastrados por el barro.
Aún quedan "Pay in Blood" ("pagué con sangre, pero no la mía", canta, atemorizante); el pueblo maldito de "Scarlet Town" y el triángulo amoroso en el que todos terminan muertos de "Tin Angel", una canción folk de casi diez minutos. Más largo aún es el tema que da nombre al álbum; catorce minutos y casi 50 versos para relatar, como en los viejos tiempos, cuando las canciones llevaban noticias de uno a otro lado, el hundimiento del Titanic. Para cerrar "Roll On John", una personal y estremecedora canción dedicada a Lennon.
Diez temas para seguir descubriendo y que son todo lo que tenemos de este hermético y enigmático artista que se oculta a la luz del día (ahí está, hoy mismo, en su gira interminable) . "Uso anteojos oscuros para cubrir mis ojos / hay secretos en ellos que no puedo ocultar" canta en "Long and Wasted Years" y no se puede dejar de pensar en su imagen reciente, cuando recibió la medalla de honor de Barack Obama de imperturbables anteojos espejados.






