Gabo
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El ex Porco vuelve armado con la pluma y la palabra, pero sin la espada
"En mi divorcio con la palabra quedé con la tenencia del silencio. Silencio y yo; ya sin palabra, somos felices sin palabra", canta Gabo Ferro en "De palabra", una de las doce canciones de su flamante debut solista. Bien sabe Gabo de divorcios y sobre todo de largos silencios autoimpuestos. Corría la primera parte de los 90 y, como frontman de Porco, sacudía con letras descarnadas e incandescentes que Sergio Alvarez atornillaba con riffs angulares. Pero tras la grabación del notable Naturaleza muerta (1996) sobrevino una separación abrupta y el cantante optó por una autoproscripción que duró casi diez años. Hoy, Gabo vuelve alejado de la distorsión y en pleno formato acústico, contenido en chacareras, valses, zambas y baladas de link directo al rock nacional primigenio, de Spinetta a Gieco. Lo acompañan Ariel Minimal en guitarra acústica, Leopoldo Limares en piano y Rogelio Jara en percusión. En ese contexto apacible, el cantante desgrana historias y alegorías conmovedoras. Que incluyen añoranzas del imaginario de la niñez –"El jardín más bello"–, del derrotero de un padre con secretos inconfesables –"El amigo de mi padre"–, y separaciones tristes –"Tu cama queda ahora a un tren y un colectivo de mi cama"–. Menos enojado y más melancólico, Gabo volvió con sus mejores armas –la voz y la palabra– y la promesa de recuperar el tiempo perdido.
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