Chacho Echenique, el heredero del Cuchi Leguizamón

René Vargas Vera
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15 de diciembre de 2015  

Chacho Echenique / Intérpretes: Chacho Echenique en canto y Hernán Ríos en piano ( Concierto: presentación del disco De estar, estando (repertorio íntegro de Gustavo "Cuchi" Leguizamón) / Sala: Centro Cultural Torquato Tasso / Nuestra opinión: bueno

Había soñado Chacho Echenique que su maestro, el "Cuchi" Leguizamón, le reclamaba no haber cantado otras canciones que él amaba. Soñó como el príncipe Segismundo, en La vida es sueño, de Calderón de la Barca, que encerrado en la torre pensaba "que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son"; "que toda la dicha humana, en fin, pasa como un sueño". Y ocurre que Cacho viaja a su querida Salta; lo invitan a un boliche donde un pianista de jazz garabatea música del Cuchi. Y deviene en el CD De estar estando, que con Hernán Ríos presentó en el Torquato Tasso.

Es el segundo regreso de Chacho Echenique con el cancionero del vanguardista músico y poeta salteño. La primera reaparición, tras veinte años de silencio, fue junto a Patricio Jiménez, la segunda voz del Dúo Salteño, el 29 de octubre de 2005, en el Teatro Catamarca de aquella capital, transmitido por Radio Nacional a todo el país y al exterior.

Patricio Jiménez murió el 22 de noviembre de 2009. Con él se esfumó aquella prolongación milagrosa del genio renovador del Cuchi, que había sacudido los cimientos de la armonía convencional al internarse con esa segunda voz prodigiosa, en vericuetos de endiablados contracantos y de insospechados intervalos de notas para el folklore, que dejaban flotando en el aire esa "tercera nota" que sugería el acorde en cada modulación pergeñada por la magia del Cuchi en su piano.

Legado protegido

Chacho queda solo, pero sabe que sigue siendo la voz del Cuchi Leguizamón, su heredero de notas de maravilla, angulosas y serpenteantes, únicas e irrepetibles en la música de tierra adentro. Que viene cavilando si debe pagar esa deuda con el Cuchi..., porque es el único capaz de cantar con arrebato místico, las agudas notas de contratenor, o recurriendo al falsete, que de igual modo es profundo, delicioso y musicalísimo. Poder transmitir todo el fervor que encierra la más alta poesía, de Manuel J. Castilla, Tejada Gómez, Miguel Ángel Pérez, del propio Cuchi, que recoge y pinta con amoroso trazo los entrañables personajes salteños (Eulogia Tapia, Juan del Monte, el cantor del obraje, la moza tucumana y la zamba en delirante visión amorosa), el paisaje de La Poma, de Cafayate, el elogio del viento, el arrorró al buen compañero, el vino, al que hay que acunar...

Chacho es pura felicidad cuando desgrana con tonada y gracejo provinciano sabrosas anécdotas sobre el Cuchi, y al escudriñar en cada canción. Se siente en familia. Entre las mesas está doña Emma Palermo, compañera eterna de Leguizamón con sus más de "70 años que tiene"? como la Cantora de Yala... Y viene a cumplir el mandato de aquel sueño, con los temas no grabados o no escuchados: "Zamba para mi gata", "La mulánima", "Zamba del mar", "Hombre del ají", "Cantor del obraje", "Zamba de la sirena"... Lo acompaña en piano (habrá que suponerlo) el músico de jazz Hernán Ríos.

¿Jazz para el folklore? ¿Para yuxtaponer las divisiones del compás de cuatro tiempos del jazz con los tres tiempos de zamba o chacarera? ¿Necesita el folklore el auxilio del jazz? ¿Lo enriquece? Gustavo "Cuchi" Leguizamón ensanchó las fronteras del folklore. Hasta pudo rozar, en alguna de sus travesuras rítmicas, en acentos desplazados ("El aveloriado"), un rasgo del jazz. Pero antes había creado un estilo fundacional, en el que conjugó desafío revolucionario con hondas raíces telúricas.

Es insensato montar el jazz sobre el cancionero de Leguizamón. En todo caso sería admisible partir desde la estética de Leguizamón hacia toques "jazzísticos" que no atropellen su estilo o su esencia.

El riesgo cierto es distorsionar y tergiversar el estilo folklórico. Y es casi una torpeza si une el jazz a la voz del Cuchi Leguizamón, que es Chacho Echenique. Tampoco el jazz admite una sola forma de improvisación: ni es pura síncopa ni pura variación rítmica. Sólo es verdad que el ejecutante de jazz está inventando en libertad cuando improvisa. En definitiva, Hernán Ríos erró aquí el camino. La memoria del Cuchi Leguizamón, del Dúo Salteño y Chacho Echenique merece sumo cuidado.

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