
Charly le hizo un moñito a 1997
"¿Cuál es?": tal como eligieron los oyentes del programa de la Rock & Pop, García realizó el último concierto del ciclo.
1 minuto de lectura'

Están todos en capilla. Aun así, el interrogante es común: ¿vendrá Charly?. El sentimiento comienza a aliviarse cuando empiezan a llegar los músicos (el primero fue el baterista Serra). Parece que sí. Va a llegar en cualquier momento.
Por las dudas, Mario Pergolini, durante toda la mañana, alimentó las dudas y se "atajó" por si el músico elegido por los oyentes de "¿Cuál es?" no llegaba a la cita, cosa que no debería extrañar a sus seguidores.
El cierre del programa que todas las mañanas transmite Rock & Pop fue, tal vez no por casualidad, hecho por quien menos conciertos dio en el año, salvo sus apariciones constantes en las madrugadas de Júpiter.
Pero Charly García llega flameante al escenario de la Capilla del Centro Cultural Recoleta. Trae un saco rojo. Debajo, una bata del mismo color y, más abajo, un vestido negro muy largo. Los pantalones, de tela verde brillante. Y empieza el show con una banda muy numerosa (guitarra, bajo, batería, teclados, saxo, violín, violoncelo y percusión) y potente.
La voz prácticamente no se escucha, pero el grupo suena fuerte. Rockero. Charly está en el centro. Toca los teclados. Igual canta. Hoy, María Gabriela Epumer no lo ayuda demasiado desde el micrófono. Está inquieto pero no tanto. Al menos no se muestra incontenible como otras veces.
Charly y el personaje
No habla mucho. Disfruta el personaje que es. Se sabe el centro de atención de todos, que incluye una buena disposición a la sorpresa desde alguno de esos gestos que García puede inventar sobre un escenario.
Lo sabemos todos. Puede irse después del tercer tema o quedarse a tocar toda la tarde. Nunca se sabe.
Los temas son, más o menos, los de siempre. La gente canta, disfruta el momento de tener tan cerca a este personaje que aparece y desaparece según le da la gana.
"Cerca de la revolución", "Funky", "Pasajera en trance" salen de los parlantes para el casi centenar de asistentes que se ganaron la entrada en el programa matutino. Están entusiasmados y atentos mientras Charly se divierte con sus amigos sobre el escenario.
Está cada vez más inquieto y, para colmo, el micrófono le dio una descarga de electricidad.
Todos tocan de memoria. Hay otros músicos por ahí dando vueltas y, cuando García los descubre, los hace subir. La primera es Hilda Lizarazu, cuando promedia "Yendo de la cama al living" con Charly en el bajo para una versión más bien heavy. Otro que sube es el Negro García López. El guitarrista que va y viene en las formaciones de los últimos años.
También se acuerda de algún colega. En "Rezo por vos" dice "Hola Flaco" (por Spinetta), y enseguida hace un gesto de interrogación, como el mismísimo nombre del programa.
Vueltas y vueltas
Charly sigue ahí, dando cada vez más vueltas sobre el escenario. Va y viene. Le hace gestos a los músicos. Los toca (sobre todo si el personal es el femenino). Empieza a perder lentamente el control. Pero todo muy controlado. Está bastante cómodo frente a sus jóvenes admiradores.
No hay ningún desmán, de esos que se esperan para que García sea otra vez, como tantas, el eje de la tormenta. El torbellino hoy es musical. Como debe ser. Un momento rockero en el que ni siquiera falta Bob Dylan.
El programa termina. ¿Pasará lo mismo con el recital? Con este hombre nunca se sabe. Es otra de sus particularidades. Una más, pero en un lugar secundario al de su música. La que ahora suena. La que no parece cumplir años. La que se cantaba en los ochenta.
Charly cumplió su palabra. Lo eligió el público y dio el recital que tenía ganas de dar, con los temas de siempre pero un poco más desenfrenado (musicalmente) que, tal vez, refleje su actual momento musical.




