Hugh Jackman y Kate Hudson se lucen actuando y cantando, además de mostrar una química a toda prueba en esta adaptación de una agridulce historia real
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Song Sung Blue: sueño inquebrantable (Song Sung Blue, Estados Unidos/2025). Dirección y guion: Craig Brewer. Fotografía: Amy Vincent. Música: Scott Bomar. Edición: Billy Fox. Elenco: Hugh Jackman, Kate Hudson, Ella Anderson, Hudson Hensley, King Princess, Michael Imperioli, Jim Belushi. Duración: 131 minutos. Distribuidora: UIP. Calificación: apta para todo público. Nuestra opinión: muy buena.
El primer acierto (hay unos cuantos más) de Song Sung Blue es haber mantenido para el estreno en la Argentina el título original, obviamente extraído de una de las canciones más populares de Neil Diamond, una de las tres figuras estelares de este relato rebosante de sonrisas y lágrimas.
El creador de “Sweet Caroline” no aparece en un solo fotograma, pero su extraordinario talento como eterno creador de hits aparece presente en todo momento marcando el pulso de la vida de los dos verdaderos protagonistas: Mike y Claire Sardina, Lightning y Thunder, la modesta pareja de Milwaukee que tuvo en los años 80 y 90 su pequeño momento de fama honrando el repertorio de Diamond a través de una “experiencia musical” completa.
Queda claro que es imposible traducir de manera exacta “Song Sung Blue”, una canción en apariencia triste que en el fondo encierra un mensaje alegre y optimista, tal como lo cuenta desde el principio mismo de la historia Mike (Hugh Jackman), mecánico de profesión, alcohólico recuperado e imitador profesional de cantantes famosos.
De entrada vemos cómo un golpe de suerte termina alejando a Mike de la sombra de Elvis (que siempre tuvo imitadores de sobra) para acercarlo al mucho menos frecuentado Diamond. En ese mismo momento conoce a la mujer de su vida, Claire (Kate Hudson), una peluquera divorciada y madre de dos hijos que integra la troupe de solistas y bandas tributo homenajeando a Patsy Cline, una de las heroínas trágicas de la historia del country. La química entre ambos es inmediata y muy apreciable durante toda la película.
Un predicador de bares
La muy precisa puesta en escena de Craig Brewer construye toda la historia a partir de esa revelación. Retrata a Mike como un creyente que de a poco va asumiendo como si fuera un predicador de bares y karaokes las grandes canciones del corazón con espíritu gospel compuestas por Diamond.
Con un optimismo a toda prueba y su carisma de gran estrella, Jackman se adueña del personaje de la mejor manera. Disfrutamos al verlo elegir a Diamond (o, mejor dicho, a su música) como eterno acompañante de un camino hacia adelante que se propone superar todas las adversidades, rubricado en cada nuevo festejo de cumpleaños con la sobriedad. Desde su espléndida voz de barítono, el actor australiano se adapta a la perfección al mejor repertorio de Diamond, que arranca siempre con el himno “Soolaimon”.
A su lado, Hudson entrega por lejos el mejor papel de su carrera. Su interpretación también resume los propósitos de esta película, que retoma una tradición clásica del cine estadounidense últimamente bastante descuidada: la crónica de las vidas de personas comunes y corrientes, con hábitos que ciertas miradas prejuiciosas podrían considerar vulgares y una vida llena de desgarramientos familiares y quiebres afectivos. Pero al mismo tiempo estos seres son capaces en todo momento de sostener el optimismo, sobrellevar las rupturas y creer en un destino más feliz del que les toca.
Es imposible no experimentar desde la butaca una identificación emocional con los personajes desde un lugar de genuina empatía, acompañando sus logros y conmoviéndonos con sus desgracias siempre desde un lugar de emotividad sin manipulaciones o golpes de miserabilismo. En el retrato de los hijos de los dos protagonistas se sostiene con mucha convicción esta postura.
Solo podríamos reprocharle a Brewer haberse tomado quizás más tiempo del necesario para contar esta aventura. Song Sung Blue reivindica a Diamond, un artista demasiado ligero para los rockeros (hay una afirmación muy divertida al respecto en la trama) y demasiado profundo para el mundo pop. Y también es toda una gran declaración en defensa de las bandas tributo. La mejor escena del film, en la que talla fuerte nada menos que Eddie Vedder, lo deja bien a la vista.
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