
Claudio Gallardou: "Estoy muy orgulloso de la gestión que hicimos"
El subdirector del Teatro Nacional Cervantes habla de todo lo que se hizo y reconoce que aún quedan cosas por hacer
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Llegar al Teatro Nacional Cervantes siempre genera una sensación ambigua para todos aquellos que fuimos viendo su lento estado de agonía y su actual renacimiento. Porque por un lado no se puede negar que la gestión llevada a cabo por Rubens Correa y Claudio Gallardou durante los últimos 8 años ha sido de una enorme eficacia en lo que hace a la reinstalación del teatro dentro del circuito, a la federalización del mismo y a un incremento en la producción. Pero llegar esquivando andamios y maderas que están allí como parte de una fachada que parece negada a volver a lucir, no se condice con lo que se percibe dentro. Luego de años de gestiones que fueron apagándose, el Cervantes volvió a convertirse en una fuente de trabajo para artistas y técnicos, comenzaron a producir una cantidad importante de espectáculos de manera anual y, por sobre todo, la comunidad de espectadores acompañó gran parte de las decisiones artísticas tomadas por sus directores. Aparentemente había una necesidad no satisfecha de volver a consumir los géneros clásicos del teatro rioplatense de la manera que sólo un teatro público puede hacerlo.
La sorpresa que produjo la elección presidencial de octubre se percibe también en la oficina de Claudio Gallardou, quien si bien tiene contrato para dos años más como subdirector del Teatro Nacional Cervantes, se encuentra a la espera de lo que decida el futuro ministro de Cultura, sea del signo que sea. "Tenemos en carpeta un montón de ideas y proyectos para 2016 -aclara a LA NACION-. Y ojalá, sea quien sea el que asuma, logre construir sobre lo hecho y no venga a cortar ninguno de los avances que hemos generado."
-¿Tienen expectativas de seguir en el caso de ganar Daniel Scioli la presidencia?
Las ganas siempre están, pero no hemos tenido ninguna conversación con nadie. Por eso es que yo decidí dirigir una versión del Juan Moreira (acaba de bajar de cartel), porque para mí ese espectáculo funciona como un cierre de ciclo. Sigamos o no, esta etapa se cierra con este estreno. Lo que venga ahora será un período distinto para este teatro que nosotros tuvimos el placer de volver a poner en funcionamiento.
-¿Cómo evaluarías la gestión ante este fin de ciclo?
Yo estoy muy orgulloso. Recibimos un teatro que estaba de puertas cerradas, con los empleados enfrentados con la institución y con los gobernantes porque hubo mucha desidia y nadie los escuchaba. Desde el principio ellos supieron que veníamos a defender sus derechos y a levantar el teatro. Y eso hicimos. Hoy me abrazo con mucha de esa gente que nos miraba con desconfianza. Ahora mismo estamos abriendo concursos para que esos cargos queden en la planta del teatro y dejen de estar en el limbo.
-¿Son cargos nuevos o reemplazos de trabajadores jubilados?
Hay de todo. El Estado entendió que habíamos relanzado el teatro, multiplicado las producciones y que todo eso demandaba más personal. Hicimos las gestiones, demostramos las necesidades y hoy estamos tratando de cubrir todos esos puestos con la gente que lleva adelante esta institución y que durante años estuvo bajo una categoría inestable pese a ser claramente trabajadores del lugar. No son cargos políticos si es por ese lado tu pregunta. Son trabajadores que permitieron que nosotros hiciéramos la buena gestión que hicimos. Casi treinta espectáculos por año, giras por todo el país y por el exterior, convenios con escuelas de la ciudad y del Gran Buenos Aires? Todo eso requiere más personal técnico, más administrativo, más contrato de servicio artístico. Hoy somos casi 300 personas llevando adelante esta gran maquinaria y un total de 1300 artistas que anualmente participan de nuestras producciones.
-¿Qué sucede con la fachada?
-Es un tema muy complicado de llevar adelante porque fue complejo determinar la solución posible. Los andamios son para proteger a los peatones de los desprendimientos de la fachada que se producen porque se dañó una malla de hierro que sostiene el revoque. No es exactamente así, pero no podría profundizar más que eso. Una vez detectado el problema y propuesta la solución hicimos tres licitaciones. Y todos ofertaron por encima del presupuesto que teníamos adjudicado.
-¿Cómo pudo ocurrir eso en tres ocasiones distintas?
Hubo fallas de cálculos. Indudablemente algunas cosas no salieron como hubiéramos querido y entiendo que moleste el aspecto del teatro. Pero no tengo otra respuesta para dar. Ahora estamos abriendo una nueva licitación y esperamos poder adjudicar la obra. Pero me gustaría que vieran que hicimos innumerables mejoras edilicias para el personal, solucionamos el problema de la calefacción, pasamos los sistemas lumínicos de analógicos a digitales? En fin, hubo mucha mejora más allá de que desde afuera no sea tan visible. Hemos hecho un uso integral del espacio convirtiendo el Salón Dorado en sala teatral, utilizamos la terraza para algún espectáculo circense? En fin, hemos hecho mucho.
¿No considerás que la gran falla de la gestión ha sido el no estimular más al teatro experimental, que es una marca del teatro porteño? El Cervantes se quedó fuera.
-Estoy de acuerdo.
-Y entonces, ¿por qué no se hizo?
-Probablemente es una de las cosas que haríamos si siguiéramos en el teatro. Es más, tuvimos el sueño de construir una sala para nuevas tendencias pero finalmente tuvimos que disponer ese espacio para sala de ensayos porque con el crecimiento de personal tuvimos que convertir la que había en oficinas. Reconozco que algunas cosas las pudimos hacer y otras se adeudan. Ojalá tenga tiempo para saldarla algún día.
-Muchos teatros públicos en el mundo funcionan por concurso de proyectos. La dirección artística está un tiempo y luego cambia. ¿No te parecería un mejor modo de administración?
-Eso nunca estuvo como proyecto nuestro más allá de que no tenga un problema ideológico sobre el tema. Pero debería ser el ministerio el que proponga ese cambio. Creo que hasta ahora han visto que pudimos hacer gestión y decidieron profundizar nuestro proyecto. Tal vez para un futuro eso que planteás pueda ser pensado. No me parecería mal.




