César, el abogado de los famosos
Carozza ejerce el derecho y representa a mediáticos y artistas, como Ricardo Fort y Belén Francese; habló con LA NACION sobre cómo es trabajar con las figuras
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Es noctámbulo. No es artista, pero el 90 por ciento de su vida social y laboral la comparte con muchos de ellos. Por eso, la noche es su gran momento del día, cuando se camufla como uno más y, como buen abogado de famosos, César Carozza "les guarda las espaldas".
Son las dos de la tarde. Apenas llega a su oficina, luego de saludar cordialmente, abre su laptop y busca en los portales de Internet una noticia sobre Evangelina Anderson.
"Perdón, Evangelina me acaba de escribir al celu diciendo que me fije en lo que dicen de ella en …" se disculpa a LA NACION sin terminar la frase, con la mirada fija en la pantalla. Chequea; hace un gesto que podría traducirse en un serio "mh… bueno"; cierra la computadora; sonríe y se presta amable a la entrevista.
Ricardo Fort, Gladys Florimonte, Belén Francese, Andrea Guidone, Florencia Tesouro, Jimena Capristo y Evangelina Anderson son algunos de sus clientes. Además de abogado, representa a alguno de ellos. Con Moria Casán y su hija, Sofía, dio sus primeros pasos hace unos 15 años, y si bien ya no trabaja con ellas, las nombra en cada ejemplo que da sobre su pintoresca especialización.

"Con Moria hice un Harvard", afirma orgulloso y cuenta sobre los tiempos cuando la diva lo llevaba de un tenso escándalo a un té con masas como si nada. Allí, la clave del ambiente, confensará más tarde.
En su Facebook se lo puede ver con muchas celebridades y mediáticos. Pero no hace alarde de eso. Ni siquiera en su oficina de Recoleta se adivinan los brillos del espectáculo. No hay fotos ni detalles de color. El beige es el tono dominante. Su ventana balcón, en un cuarto piso, da a un jardín de infantes. De camisa sport, se diferencia de sus compañeros del estudio.
"¿Podés por favor bajar el volumen que las chicas me van a hacer preguntas?", le dice a uno de sus colegas que, de traje, discute apasionado un caso con otro. Y no se trata de famosos.
El colega, y amigo desde los 11 años, bromea: "¡No lo filmen!". César le sonríe con complicidad y dice: "Yo soy el único que trato con artistas, pero no me divierto más, ¿eh?".

La privacidad de los artistas, sus dichos y consecuentes polémicas, los escándalos y las maneras de promocionarse son también puntos a tener en cuenta a la hora de la representación. Y es en esas aristas en donde la charla con este abogado se centra en los escándalos, en las fotos prohibidas, en las verborragias violentas e incluso en las injurias que a veces soportan o propinan los famosos. ¿Un minuto más de fama lo vale?
"Todo se reduce a veces a una guerra de egos. La autoestima de las personas públicas es lo que más hay que cuidar. Muchas veces es su talón de Aquiles", resume César que no ahorra palabras en criticar a la televisión de hoy que quiebra límites en pos del rating.
Advierte: "A la Justicia no hay que usarla para cualquier cosa". Parece buen tipo. Sabe que los códigos deben seguir intactos. Es entonces, cuando hace referencia a su frase favorita, aquella que aprendió en el máster que cursó con la diva más polémica del medio. "Si el artista decide hacer uso del escándalo para promocionarse... que se ´teflone´ y se prepare, porque todos tenemos un muerto en el placard".
-¿En qué se basa tu tarea de ser abogado y representante de famosos?
-Mi tarea es cuidar la imagen y la tranquilidad del artista, dentro y fuera del escenario. Hay representantes que no son abogados, lo que es válido porque no se es necesario serlo. Hay quienes también tienen agente de prensa. La ventaja es que la representación es una especificidad dentro del derecho. Por eso velo por que se cumpla lo contractual, que esté debidamente nombrado en los créditos, qué lugar va a tener en un show, el saludo, su lugar en la marquesina, y no todo termina ahí.
Siempre digo: nunca le des una mala noticia a un artista cuando está por salir a escena, o si no no sos un profesional. Ahí entra la contención porque esa persona sabe que tiene alguien que le está cuidando las espaldas.
- Y en relación con los medios, ¿cómo se hace ese cuidado?
-Por ejemplo, con las entrevistas, vos peleás una tapa o una ventana de tapa, la cantidad de páginas, tratas de saber para qué lo convocan. Trabajé muchos años con Moria y era una tipa que no te condicionaba nada. Sofía tampoco. Son minas súper seguras que ni siquiera les importa saber de qué van a hablar. Otros artistas quieren saber para qué se los llama y está bien.
-¿Cómo se cuida la privacidad de los famosos cuando a veces el límite entre su vida privada y la pública es casi inexistente, e incluso, quizás, por decisión del mismo artista?
-A veces hay que evitar que su vida artística salpique su vida privada y viceversa. El avance de los medios en Internet hace que constantemente mires todos los portales del corazón. A cada hora te cambian la ventana de tapa. A veces te metés y te preguntás ¿de dónde salió esto? Si tu cliente es una actriz que tiene dos hijos y en Internet sale que tiene un supuesto romance con alguien y está casada y viviendo con el padre de los chicos, eso le origina un perjuicio. Las consecuencias a veces no se miden, tiraste la información y después te disculpaste, pero ya lo tiraste.
-¿Qué medidas tomás en esos casos?
-Se pueden hacer muchas cosas, primero pacíficamente llamás al medio, pedís que se disculpen o derecho a réplica. Si no se da nada de eso, carta documento. Pocos casos llegan hasta ahí.
-¿Creés que la relación medios - famosos es un tanto esquizofrénica? Si bien necesitan estar vigentes, también se da un abuso por parte de algunos medios?
-Hay un código que se debe respetar. Hay artistas que en la persecución de la cámara se ponen molestos, pero la persona que los persigue está haciendo su laburo. Además, ese mismo tipo va a estar en un backstage para cubrir la promoción de la obra en la que están. De todas maneras, hay códigos, situaciones y formas a respetar.
En el caso de Juana Viale, a quien no conozco personalmente, cuando se difundió su foto con el economista, instintivamente lo que hice fue twittear: "Loco, déjenla en paz". Entiendo que los medios del corazón tienen la obligación laboral de informar, pero nosotros, los que no estamos en ese medio no debemos juzgar. La gente tiene una facilidad increíble para decir barbaridades del otro. Yo la defendí porque me pareció que eso era su vida privada, quizás cometió un error de su parte al mostrarse así, pero qué se yo porqué lo hizo. Entiendo a la revista Paparazzi que publicó la foto, soy amigo de Luis Ventura (el director), porque era una fotaza. Yo critiqué a los que salen a hacer leña del árbol caído.
-Ante hechos de este tipo, ¿qué les aconsejas a los artistas?
-Que se teflonen. Si no te podés teflonar por lo menos, que no te importe. Esa es la frase que me enseñó Moria. Tienen que aprender el juego.
-Por lo que decís, la autoestima es lo que más hay que cuidarles...
-Sí, porque a veces es como su talón de Aquiles, no en todos. Para mi Moria fue un Harvard en la vida, yo he estado con ella en una nota en la que hubo discusiones y acusaciones, y después nos subíamos al auto y me decía: ´¿Papi vamos a tomar un tecito?’. Yo tenía taquicardia y ella con un temple que me decía: ´Esto es así, hay que aprender a subirse y a bajarse de esto´. Uno aprende mucho de los artistas.
-Uno de los frentes que vos abordás como abogado, más allá de los contratos, son los medios ¿el otro sería el que se plantea en los escándalos y peleas entre artistas? ¿Cómo actúa un abogado en esos casos?
-A otros famosos no te enfrentás vos, o es cara a cara o nota a nota con tu artista. Ahí sí podés hacer un asesoramiento y le preguntás a tu cliente ¿Hacia dónde vamos con este tipo? Porque todos tienen un muerto en el placard. Hago un seguimiento de los dichos y los asesoro sobre cómo se tienen que manifestar cuando hablan del otro, mayormente con potenciales. También se puede mandar una carta documento para que no se haga más referencia a mi cliente. Hoy está todo muy "Tinellizado".
-¿A qué te referís con Tinellizado?
-Es eso de "te voy a mandar una carta documento con un bozal legal". Pero es sólo una especie de advertencia: "No hablés más de mi porque te voy a iniciar una mediación". El juez es el que determina eso y a él llegás recién después de una mediación no resuelta.
-¿Qué porcentajes de casos no se resuelven en mediaciones?
-La mayoría de los casos llegan a la mediación, pero pocos a un juzgado.
-Estas guerras entre mediáticos y famosos que propone Showmatch y los programas de chimentos que parecen satélites de Ideas del Sur, ¿te dan mucho trabajo?
-No, porque en definitiva todo termina en un tema de egos y antes de llevar eso a Tribunales hay que pensarlo bien. Si se llega a la mediación, no hay más juego. Nunca llamé a cámaras a la hora de iniciar una. Con Ricardo Fort le inicié una mediación a Canal 9 y a Viviana Canosa. No fue un solo medio. Si se llega a esa instancia es que se han trasgredido situaciones que generaron un perjuicio a mi cliente y eso es de índole privada. Cuando hay 75 personas afuera, mi procedimiento es preguntarle al cliente: ¿Vos estás buscando prensa o un resarcimiento?
Porque en la mediación, hay un mediador privado que es un abogado privado que se especializó en el tema y al que las partes le pagan. Si no arreglás ahí, caes en la Justicia, más precisamente en un Tribunal Civil que además de atender una guerra de egos, tiene que atender al chiquito que no le pasan alimentos, al nene maltratado y a la señora maltratada. Esto va en contra de mis intereses, pero soy así, hay que tener cuidado a la hora del acceso a la Justicia y saber para qué te vas a presentar con ese juez al que le estás quitando un tiempo para que resuelva otros temas.
Me parece que hay otras maneras de resolver la guerra de egos en la tele.
- ¿Pero, hasta qué punto esa guerra de egos no está guionada en pos del rating?
-La televisión está muy especial, está en un momento en el que se dan situaciones de violencia y hay una verborragia peligrosa, a mi criterio, que parece que a la gente le encanta. Es contradictorio porque por un lado hay gente que dice que está harta, pero por otro lado muchos lo ven. Creo que son pocas las cosas que están guionadas. Creo que hay una guerra de egos. No creo que las peleas estén guionadas, es un recurso obvio y bajo. Siempre les digo a los artistas para los que laburo que no subestimen al público, no a la gente, porque se cansa y cierra la persiana. Estamos en el límite, lo único que falta es que venga uno y te apuñale, y Dios quiera que nunca pase, pero ya hubo cachetadas, escupidas y puteadas.
-¿Qué recursos les recomendás a los artistas para que se posicionen en la tele o se promocionen?
-En principio, evitar el escándalo. Un artista que quiere posicionarse está buscando trabajo, vive del aplauso y la admiración hacia su arte, si lo tiene. Primero trataría de ver qué tiene para contar, una nueva obra, su trayectoria; y si no hay mucho, una chica que recién empieza puede contar que se compró su primer auto. Pero no recurriría al escándalo porque después hay que soportar el archivo y todos suelen tener un muerto en el placard.
-Decís que tenés que hacer un seguimiento de los artistas, cuál es tu horario de trabajo?
-En general trabajo mucho todo el día, para lo que no es el medio utilizo la mañana, tribunales, etc. Entre las 3 y las 5 de la tarde empiezo a recibir llamados de los artistas, y el trabajo fuerte es a la noche, en el teatro. Yo soy noctámbulo. Esa es la parte más divertida porque te sentás a la mesa con dos o tres artistas y charlás sobre trabajo y otras cosas. Estoy hasta las dos de la mañana y a las 7 y media me quiero matar pero hay que laburar igual. El 90% de mi vida social la paso con ellos. Claro que tengo mis amigos no artistas, que los cuento con los dedos de las manos. A los artistas, también. Con Gladis Florimonte dos veces por semana nos vemos y si estamos cinco días sin llamarnos es un escándalo!
-¿Se divierten más que el resto de los abogados los que tiene de clientes a famosos? ¿Son muy envidiados?
-Creo que algunos creen que el artista es un contrato más y no es un contrato más, hay cosas que las sabés estando con ellos, no está en los libros. Sí me divierto más que el resto, pero a veces te estresas mucho, porque cuando querés mucho al artista, vos también tenés que teflonarte.
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