Cómo funciona el Teatro Colón

En él trabajan más de 1300 personas, sumando planta estable, transitoria y contratados. Los sueldos van de 900 a 2850 pesos.
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14 de noviembre de 2000  

El Teatro Colón reabrió las puertas de su legendaria sala principal el viernes último, con una función a cargo del ballet estable. De este modo quedaron atrás 12 días sin actividad, debido a una medida tomada por la propia dirección del teatro -y con el acuerdo del gobierno porteño-, como forma de poner freno a un conflicto gremial de larga data y que hizo su última erupción con la cancelación de una función de la ópera "Il trovatore", de Verdi.

Desde principios de este mes, la "pequeña comuna" que pone en movimiento la principal sala lírica del país volvió a poblar salas, pasillos, talleres y recovecos del edificio ubicado en la manzana enmarcada por Cerrito, Tucumán, Libertad y Viamonte, pero que se extiende, en forma subterránea, hasta las plazoletas de la avenida 9 de Julio.

Más de mil trescientas personas -contando la planta estable, la transitoria y los contratados que próximamente serán concursados- están involucradas con la actividad diaria para lograr que el Colón abra sus puertas y ofrecer puestas integrales de ópera y ballet, conciertos sinfónicos y de cámara.

Se trata, por cierto, de una población con una composición sociológica peculiar. Por la puerta giratoria de Cerrito 618 o por los pasillos internos se pueden ver pasar a músicos de las dos orquestas (la Estable, que se dedica básicamente a la ópera, y la Filarmónica, que se ocupa de los conciertos sinfónicos y de acompañar el ballet), cargando a cuestas estuches de diversa forma, bailarines con sus polainas de rigor, gente de overol manchado con pintura de la escenografía o de aceite de maquinarias. Todos ellos se cruzan con personal de maestranza con sus delantales, administrativos de riguroso traje, directores de sport con partituras bajo el brazo y cantantes que, sobre todo en invierno, suelen contar con un estratégico y preventivo pañuelo al cuello.

Según datos oficiales, 430 personas forman parte de los cuerpos artísticos (además de las dos orquestas, el ballet estable y el coro). El personal técnico, de maestranza y administración involucra a 912 personas.

No se puede hablar de un exceso de personal en el caso de los cuerpos artísticos, ya que éstos responden a cantidades estandarizadas por el repertorio lírico y sinfónico. Así, las orquestas están integradas por alrededor de un centenar de instrumentistas, al igual que el coro, mientras que el ballet tiene 85 integrantes.

El Colón responde al modelo de casa de ópera que produce integralmente sus espectáculos: pelucas, vestuario, muebles y decorados, todo se produce dentro del teatro. Como siempre destaca el tenor Plácido Domingo cada vez que viene a mostrar su arte en el teatro, "es uno de los pocos lugares en el mundo donde si necesitas cambiar tus zapatos o una peluca, puedes contar con ello inmediatamente".

Es más difícil hacer el desbrozo con respecto al resto del personal, sobre todo en las áreas de administración y dirección general, ya que el Colón no escapa a las generales de la ley que les caben a las reparticiones estatales. Allí se reproduce el fenómeno del incremento de personal por "capas geológicas": gente que ingresa con una administración, cuya tarea es duplicada cuando la gestión cambia y pone a su propio grupo de confianza. Una de las zonas más oscuras (y no sólo en el Colón) es la del cuerpo de asesores. Normalmente trabajan con contratos, pero el gremio siempre insiste en señalar que cobran sueldos altísimos y que muchos fueron quedando de gestiones de entre tres años y una década.

Es que el Colón es una de las instituciones culturales que tienen mayor presupuesto de todo el país: 45 millones de pesos, de los cuales poco más del 10 por ciento proviene de la recaudación y el resto del presupuesto de la ciudad de Buenos Aires.

Semejante volumen de dinero sirvió muchas veces para sostener bajo cuerda otras actividades del área de cultura porteña. Los que trabajan diariamente en el área de administración veían cómo en la cola para cobrar contratos aparecían personas que entraban en el Colón una vez por mes.

El renacido Teatro Argentino de La Plata, una institución de similares características del Teatro Colón consiguió un presupuesto anual que es la mitad del Colón y su producción operística es un 50 por ciento menor que su hermano porteño.

Para un país en recesión como la Argentina puede parecer mucho; sin embargo, el dinero con el que cuenta el Colón es bastante menos que el de otros teatros del mundo. Teatros como Alla Scala de Milán, las óperas de París, Berlín o los Estados Unidos tienen entre un 50 y un 200 por ciento más de dinero para producir su temporada. También, la producción es significativamente mayor.

En este punto, el gran desafío que enfrenta el Teatro Colón es dotarse de una vez por todas de un reglamento de trabajo. Aunque parezca insólito, las mil trescientas personas involucradas en producir ópera, ballet y conciertos en el Teatro Colón se rigen por "usos y costumbres", un eufemismo que llevó a que las relaciones laborales se resuelvan sobre la base de los caprichos de funcionarios y sindicalistas.

Situaciones absurdas

El decreto 4859/78, sancionado en plena dictadura militar, cayó en desuso, pero nunca fue reemplazado por otro. De su lectura se infiere que existían puntos realmente injustos para con los trabajadores, como por ejemplo la jornada de trabajo de 8 horas para el personal que realiza sus tareas en condiciones insalubres. Pero, también, que en el cambio se llegó a situaciones absurdas.

"Insalubres son los espacios, no los horarios. Por ejemplo, es insalubre el ámbito destinado a trabajar en la escenografía", explicó a La Nación una de las personas que más conoce el funcionamiento interno del Colón. La aclaración viene a cuento porque, en efecto, les fue reconocida a los trabajadores la insalubridad y, por lo tanto, pasaron a tener jornadas de 6 horas. El problema es que por la confección de turnos del decreto, después del mediodía y hasta las seis de la tarde, no hay personal para poder continuar la producción de los espectáculos. Esto obliga a pasar ensayos a la noche, y de esta forma la sala no puede usarse para hacer más funciones. Es por eso, por ejemplo, que cuando se acerca el estreno de una ópera, hay varias noches sin función. Se forma así un cóctel explosivo: cada vez que por conflictos gremiales, falta de una correcta planificación o porque se producen situaciones imprevistas se hace necesario pagar horas extras que desangran el presupuesto del teatro. En declaraciones públicas, el actual director técnico del Colón, José Luis Fiorruccio, reveló que cada hora extra que se toma para producir un espectáculo le cuesta al Colón alrededor de 10 mil pesos.

Sistemáticamente, cada vez que hubo retrasos por medidas de fuerzas, las sucesivas autoridades del Colón no dudaron en gastar dinero extra para no llegar fuera de término a un estreno.

El problema se agravó con la implementación del sistema de cuenta única, que implica el control centralizado de gastos por la cartera de Hacienda porteña de todos los organismos públicos de la ciudad de Buenos Aires, que impide responder rápidamente a los imprevistos. Por esta razón es que la Fundación del Teatro Colón se transformó en el medio más eficaz para realizar estos "salvamentos". La Fundación comenzó a recibir, además de los inconstantes aportes privados, dinero fresco del Estado, conformando así un sistema de triangulación cuyo control financiero se hace poco claro.

Diversas fuentes, tanto dentro del Colón como en la Secretaría de Cultura porteña reconocieron que el déficit del teatro en el presente año llega a 4 millones de pesos, un cuarto de los cuales fueron, precisamente, destinados a pagar horas extras. Sin duda, "la pérdida del principio de autoridad en el Colón", según lo definieron en sintonía el secretario de Cultura porteño, Jorge Telerman, y el director general adjunto del teatro, Enrique Fazio, y las faltas de reglas de juego ayudaron a este drenaje crónico de dinero que en este año se duplicó.

Grilla salarial

Según el reglamento de trabajo, las horas extras se pueden pagar doble o triple, si se trata de una jornada no laborable. La grilla salarial del Teatro Colón muestra un ingreso mensual mínimo de $ 900 y máximo de 2850 pesos para el caso de un concertino de orquesta, lo que deja en claro que una hora extra tiene un costo sensiblemente mayor que en cualquier otra repartición pública.

El resto de los cuerpos artísticos recibe un sueldo mensual que va de 1500 a 2600 pesos (según sean parte de la fila o solistas), además de recibir un plus por el uso de sus respectivos instrumentos. Los artistas del Colón son los mejor pagados del país en el rubro musical, lejos de lo que percibe, por ejemplo, el promedio de los integrantes de la Orquesta Sinfónica Nacional y mucho más que las sinfónicas provinciales. Además, la caída del reglamento de trabajo provocó que algunos cuerpos artísticos hayan reducido hasta un 30 por ciento la cantidad de horas de ensayo semanal.

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