Antes de tocar en La Trastienda y sin cassette, la banda habla de sus canciones y la relación del rock con las mujeres, la política e Internet
1 minuto de lectura'
"Vuelve la canción con alma y sangre, entre la desilusión". La letra de "Alma y sangre" marca el camino elegido por Connor Questa, una de las bandas que empieza a asomar en el suelo árido y descuidado de la escena nacional. Ese camino se traduce como una vuelta a la raíz, a lo básico del rock: personas que se juntan y tocan canciones. Y es por ello que Fuego al universo -su segundo disco, recién editado y que este viernes 22 presentan en La Trastienda- fue grabado con la banda tocando en vivo en el estudio, sin más sobregrabaciones que las indispensables. "Así son las raíces del rock, el factor humano que hay en la música", explica entre mate y mate Marilina Bertoldi, cantante y portadora de dos ojos enormes que destilan el entusiasmo propio de quien tiene todo un disco lleno de canciones nuevas para desnudar. A su lado, el guitarrista Hernán Rupolo asiente y aporta: "Me cansé de escuchar discos tan perfectos que después cuando los ves en vivo no son reales. Más allá de grabar todos juntos o por partes, este disco refleja lo que hacemos en vivo, es real, no hay nada externo que nos haya hecho sonar así".
Ese recorrido cancionero que empezó con Somos por partes -su primer disco, de primera edición agotada- termina de redondearse con el nuevo, masticado en el tiempo libre que quedaba entre show y show. Atrás habían quedado el bar donde ella se plantaba frente al público con su guitarra acústica a cantar los temas que ya tenía compuestos, y el encuentro con el resto de la orquesta (Martín Casado en bajo y Agustín Agostinelli en batería), que terminaron de electrificar esas canciones que no siempre hablan de lo que parece. "Aunque no parezca, la única canción de amor de este último disco es "Tantos mares", el resto es producto de un juego que me gusta hacer, eso de hablar de otras cosas y que suenen a que hablan de una pareja o una relación", se resguarda la cantante, como para marcar el límite de su exposición.
Si bien hay una larga tradición de mujeres en el rock local, el año pasado terminaron de emerger bandas como Eruca Sativa, Cirse y Utopians, todas con cantantes femeninas. ¿Observan que sucedió algo para que eso pase?
M.B: No sé explicarlo. Lo único que sé es que hay muy buenas cantantes mujeres, y que cuando ves a cualquiera de esas tres bandas ves minas y bandas con actitud, con una propuesta. Pueden gustar o no, pero las tres tienen un sonido, una escena.
H.R: Hablando siempre del under, hay una especie de resurgimiento de las cantantes mujeres, que también puede ser visto como un faltante de buenos cantantes hombres. Igualmente creo que ya trasciende el sexo, son bandas de rock y listo. Antes sí se podía decir que había chicas con una banda de rock, como si ellas estuvieran aparte, y ahora hay una generación que ya viene con el rock incorporado, no es que se suman a una banda.
M.B: Pensándolo un poco mejor -arriesgando una teoría- creo que esta actualidad con bandas jóvenes que tienen mujeres puede tener que ver con los personajes que hubo en los noventa, la década que más nos marcó. Alanis Morissette me demostró que se podía ser muy rockera, igual que Fiona Apple con su actitud, o Linda Perry, Tracy Bonham, Courtney Love, PJ Harvey, Björk... Es todo muy noventas, pero quizás hasta que uno no ve que otro lo hace, no considera que pueda hacerlo. Creo que todas las que salimos ahora tenemos un poco de cada una de esas que mencioné.
Para darse a conocer grabaron muchos videos que subieron a YouTube y utilizaron mucho las redes sociales. ¿Qué pasa si alguien les dice que se bajó su disco y no lo compró?
M.B: Es una alegría. Que alguien se tome el tiempo de bajar y escuchar un disco es lo mejor que puede pasar. Pretender ganar plata con un disco no existe. Si sucede, genial, pero no. Ya no se puede pensar un disco como algo para vender, sino como un material que va a permitir que uno llegue a distintos lugares; y también como algo que musical y visualmente me define. Es buenísimo que ese material llegue, esa es la prioridad y la mentalidad que todos tuvimos que adoptar en esta época.
H.R: Sobre todo en el under creo que el público es consciente del músico, y por más que ya se lo hayan bajado, después compran el disco, es como una manera de cuidar a la banda.
¿Cuánto le sirve a una banda en ascenso tocar en un festival de los grandes en horarios marginales?
M.B: Sirve cuando tocas en un horario copado, porque te ve gente de todo el país. El problema es cuando sólo tocas en festivales. A nosotros nos sirvió porque después seguimos tocando por las nuestras, pero eso de tener que pedir que te voten para tocar es medio patético.
H.R: Tocar en un festival se sostiene si afuera hay un público, sino no.
¿Cómo viven el hecho de que tantas bandas de las llamadas nuevas toquen en festivales organizados por una determinada bandera política?
M.B: Uno tiene que hacer uso y aprovechar los espacios públicos para tocar, pero claro, uno tampoco debería relacionar la música con la política. Lo que yo no haría -y vi algunos casos, por eso lo digo- es aparecer como parte de una campaña, estar involucrado de esa forma. A lo mejor el uso de una canción o foto la hace el político, no el músico, pero algo hay que salir a decir, la situación no puede quedar ahí. Nos gusta la política y hablamos del tema, pero a la música la dejamos aparte, no queremos mezclar, no está bueno cargar a las canciones con eso y que después adopten otros significados.
H.R: Nosotros queremos tocar ante la mayor cantidad de gente que podamos y llegar a la mayor cantidad posible de oídos, pero sin vender nuestros valores. Una cosa es apoyar una causa y otra muy diferente a un partido político.
También podemos convenir en que hay ciertas situaciones originadas por la popularidad y que los músicos no saben cómo afrontar...
M.B: Tal cual. Supongamos que uno sale de tocar y pasa tal o cual político y te da la mano y al mismo tiempo te sacan una foto. Ya está, quedaste pegado. Debe ser feo...
H.R: Yo no sé... Eso me hace dudar a quién hay que darle la mano... Yo creo que me daría vuelta y me haría el boludo.
Por Leonardo Ferri
1La enfermedad que, según un nuevo documental, destruyó las relaciones, la carrera y la vida de Marilyn Monroe
- 2
Indio Solari y el fin de los Redondos: la intimidad de la noche que definió la separación de la banda
3El Indio y Skay, la sociedad intensa y prolífica que se quebró para siempre: historias de “traiciones”, “canalladas” y un encono sin solución
- 4
Murió la actriz Chunchuna Villafañe, a los 92 años





