
Córdoba tuvo su fiesta
Sosa cantó la "Misa criolla" ante una multitud.
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CORDOBA.- Pese a que la propia Mercedes Sosa, sus músicos y sus técnicos habían advertido que la interpretación de la "Misa criolla" al aire libre sería muy difícil, el espectáculo que la Negra, el charanguista Jaime Torres y el Coro Municipal de Córdoba ofrecieron el sábado último en esta ciudad fue impecable y conmovedor.
La cantante tucumana le había dicho a La Nación que "interpretar la Misa implica un gran desafío, por varias razones". Sin embargo, las casi 20.000 personas que se reunieron frente al imponente escenario instalado en la avenida Hipólito Yrigoyen sintieron que "todo ocurría naturalmente, como si la voz de la Negra, los instrumentos y el coro se hubieran acoplado mágicamente para cantarle a Dios".
La interpretación de la obra que Ariel Ramírez escribió entre 1963 y 1964 fue el corolario de las actividades organizadas por la Municipalidad de Córdoba para la celebración de la Semana Santa. Por las características de la pieza, y ante la necesidad de que la música se pudiera escuchar a varias cuadras de distancia (el espectáculo fue gratuito), fue indispensable tomar todas las precauciones y hacer ajustes técnicos hasta último momento.
La tucumana y los 34 coreutas recién se encontraron el jueves último, apenas ella llegó a la ciudad, y pudieron ensayar sólo tres veces. Todos habían anticipado que el trabajo conjunto resultaba muy placentero y ella aseguró que el Coro era "excepcional, una verdadera sorpresa". Sin embargo, el resultado final se vería recién sobre el escenario, donde el clima, el ruido ambiente o la microfonía abierta podían jugar una mala pasada.
Nada de eso ocurrió. Bajo una luna despejada y con una temperatura casi inusual para una noche de otoño, Mercedes ratificó una vez más que la grandeza innata de su voz se complementa con un ejercicio permanente de riguroso profesionalismo. Durante los 30 minutos que duró la "Misa" se puso en manos de Barrionuevo (el director del coro), que demostró sólidamente estar a la altura de las circunstancias.
La sintonía entre ambos fue perfecta y ella lo dejó claro al final de cada tramo de la "Misa", estrechándole sus brazos y sonriéndole con agradecimiento. Aunque, sin duda, el más importante signo de aprobación lo dio el público, que presenció cada secuencia de la obra -Kyrie, Gloria, Credo y Cordero de Dios- en absoluto silencio. La ciudad y los vecinos de la cuadra, que siguieron el recital desde los balcones, detuvieron su bullicio durante la hora y cuarenta que duró el espectáculo.
Antes de la "Misa", Mercedes cantó doce temas de su repertorio habitual, acompañada por su "querido Colacho Brizuela" y el resto de sus músicos: "Ojos de cielo", "Calle angosta", "Como la cigarra" y "Dale alegría a mi corazón" fueron los más celebrados. De pie, y ocupando casi tres anchas cuadras, el público la acompañó con voces y palmas. Frente al escenario había unas 2000 sillas, que fueron reservadas para discapacitados y para los fanáticos de la primera hora, que llegaron muy temprano.
Luego llegaron los integrantes del Coro, que homenajearon a la cantante interpretando "La de abajo" -una zamba de Cuchi Leguizamón que habla de Tucumán- y el charanguista Jaime Torres. Este otro tucumano que se adueñó del escenario dejó en claro que sus 40 años de carrera y su estrecha relación con la obra de Ramírez no pasaron en vano. La fuerza de su instrumento se lució especialmente en la interpretación del Gloria, uno de los pasajes más conmovedores de la "Misa criolla", que mereció un bis al cierre del espectáculo.
"Vengo muy agotada de Tel Aviv, donde todo fue muy fuerte. Y lo de esta noche es para mí algo directo al corazón", había dicho Mercedes antes del recital. Pero ni el cansancio ni la emoción impidieron que su voz cayera como una verdadera palabra santa sobre la multitud. "Esta Misa está dedicada íntimamente a mi madre; es un homenaje para ella", había anticipado.
La "Misa" de Mercedes ya había sido interpretada en 1994 en Mendoza y en la Navidad del ´98 en Luján. Pero ésta fue la primera vez que la tucumana presentó una versión idéntica a la que grabó el año pasado en el disco que produjo Ricardo Hagman. "Es una obra muy difícil; vengo estudiando mucho. Pero creo que vale la pena hacerlo, porque ahora la verdadera revolución es tener paz y tranquilidad", contó a La Nación .
Y sobre el escenario, casi al final de la noche, compartió con el público la alegría por el resultado logrado: "Vamos a hacer la última canción; es la última porque estamos por descomponernos todos de la emoción", y siguió con "Sólo le pido a Dios".
Antes de partir, agradeció la posibilidad de reencontrarse con el público cordobés. Es que después de la polémica que terminó frustrando su participación en Cosquín, y tras el traspié que impidió su presencia en Río Ceballos, su actuación aquí tenía, además del consenso natural que ella despierta, el sabor de un encuentro postergado. "Déjenme volver, por favor. Déjenme volver a ustedesÉ Los quiero mucho; recíbanme otra vez", se despidió.




