¡Cuánta queja! 7 famosos que dicen odiar ser... famosos

Pattinson, vampirizado por su propia fama
Pattinson, vampirizado por su propia fama Fuente: Archivo
Consiguieron hacerse un nombre en Hollywood, pero juran que darían cualquier cosa por volver a ser anónimos
(0)
4 de marzo de 2015  • 00:36

Aún a riesgo de sonar contradictorios, estas celebridades juran odiar la fama. Lo dicen abiertamente, con cara de enojados, cada vez que pueden, y lo demuestran casi siempre que tienen que enfrentarse con los paparazzi, participar de una conferencia de prensa o asistir a una entrega de premios. Aquí, un repaso por las siete estrellas de Hollywood que no paran de quejarse por los sinsabores que trae consigo la popularidad:

Robert Pattinson

Ponerle el cuerpo a Edward Cullen, el vampiro enamoradizo de la saga Crepúsculo, fue el sueño de muchísimos actores con ganas de "dar el gran salto". Pero fue él, con su blanca palidez y su acento británico, quien consiguió ganar la pulseada. Sin embargo, puede que Robert Pattinson se haya arrepentido de haber firmado aquel contrato, una vez que la rueda ya estaba en marcha... En 2012, por ejemplo, le contó a la revista francesa Premiere que había sufrido de depresión durante dos años luego de que su nombre y su rostro se hicieran mundialmente famosos. "Fue entre los 23 y los 25. No podía ir a los lugares a los que quería ir, aparecía en los diarios todos los días y no podía acceder a los papeles que realmente deseaba", contó.

Shia LaBeouf

Shia no quiere, no quiere, no quiere ser famoso...
Shia no quiere, no quiere, no quiere ser famoso... Fuente: Archivo

El caso del actor de Transformers es, posiblemente, el más patológico. Y es que Shia LaBeouf comenzó a trabajar en cine y en televisión a los 12 años, obtuvo papeles en películas sumamente pochocleras... pero un día decidió que no quería más eso, que deseaba adentrarse en el "lado B" de Hollywood. Tras protagonizar algunas películas de corte independiente, se puso bajo las órdenes de Lars Von Trier para la controvertida Nymphomaniac y se paseó sobre la alfombra roja de la Berlinale con una bolsa de papel sobre su cabeza que rezaba "I AM NOT FAMOUS ANYMORE" ("Ya no soy famoso"). Por fuera de lo estrictamente laboral, su errática conducta lo llevó a verse envuelto en numerosos episodios policiales, como cuando generó disturbios durante un estreno teatral en Nueva York, en junio pasado.

Johnny Depp

Johnny, un outsider de Hollywood
Johnny, un outsider de Hollywood Fuente: Archivo

Siempre le gustó la pose de "famoso que juega al misterio", y eso se acentuó después de que tuvo el honor de trabajar junto a su ídolo, Marlon Brando, todo un experto en esas cuestiones. Lo cierto es que Johnny Depp es otro quejoso serial, que un buen día decidió dejar Los Angeles para vivir en Europa. "No quiero ser un producto. Por supuesto que me interesa que a las películas que hago les vaya bien, pero no quiero saber cosas como quién es lindo y quién no, quién está haciendo mucho dinero o con quién se está acostando aquella mujer. Quiero permanecer ignorante de eso, quiero estar fuera y muy lejos de todo eso", aseguraba en 2007. Y, un tiempo después, se animó a comparar su vida con la de un fugitivo: "Todo tiene que hacerse con cierta estrategia, como llegar al hotel e irse del hotel, entrar al restaurante y salir del restaurante...". Será por eso que el protagonista de la saga Piratas del Caribe le escapa tanto como puede a las conferencias de prensa y las apariciones sobre la red carpet...

Kristen Stewart

Stewart, una estrella indignada
Stewart, una estrella indignada Fuente: Archivo

Su caso es raro: por una lado disfruta de concurrir a determinados eventos (como la Semana de la Moda de Paris, por ejemplo), pero por otro parece odiar que las miradas se posen en ella, le saquen fotos y la traten como una super estrella. Por eso, no nos termina de quedar en claro si la cara de pocos amigos de Kristen Stewart tiene que ver con el fastidio que le produce el acoso de la prensa y los curiosos o con una pose "anti-fama" producto de una tardía rebeldía adolescente. Veamos cómo lo explica ella: "Lo que ustedes no ven son las cámaras pegadas a mi cara y las bizarras e intrusivas preguntas que me hacen, o la gente que se tira encima de otra gente y grita o se burla para obtener una reacción. Las fotos son tan... Siento como que estoy viendo a alguien que está siendo violado".

Daniel Radcliffe

Radcliffe trata de despegarse de su fama
Radcliffe trata de despegarse de su fama Fuente: Archivo

Lo vimos crecer en pantalla gracias a las sucesivas entregas de Harry Potter. Sin embargo, eso que para Daniel Radcliffe comenzó como un juego rápidamente se convirtió en algo más bien asfixiante. Y es que el actor tenía miedo de quedar por siempre encasillado en el cuerpo del joven mago e hizo todo lo que pudo para despegarse de ese posible final. Así, aceptó trabajar en varias películas del circuito indie, protagonizó Equus en el West End y buscó crearse un perfil que se ubicara en las antípodas de otras estrellas de su edad. De hecho, mientras estaba trabajando en teatro, encontró una muy buena manera de dejar de ser acosado por los fotógrafos que cada noche lo esperaban: durante seis meses, utilizó deliberadamente la misma ropa, al inferir que las revistas no querrían publicar esas imágenes una y otra vez. "No había nada mejor que ver las caras de frustración de los paparazzi cuando me veían salir vestido exactamente igual cada noche", relató. Bastante inteligente, ¿no creen? Si bien no es un outsider, sus apariciones públicas son escasas, no usa cuentas de Facebook o Twitter para comunicarse con sus fans y es muy renuente a tocar temas personales en las contadas entrevistas que brinda. De todos los "fóbicos", él parece ser el que mejor maneja la diferencia entre lo público y lo privado.

Daniel Day Lewis

Day-Lewis, el aislado
Day-Lewis, el aislado Fuente: Archivo

Aquí estamos frente al caso del actor que construye su camino a Hollywood y que, una vez allí, reniega y sueña con volver el tiempo atrás. Con la multipremiada Mi pie izquierdo (1989) , Daniel Day Lewis comenzó a jugar en las grandes ligas de la meca del cine. Todos los productores y directores soñaban con sumarlo a sus elencos, el mundo quería saber quién era ese lánguido y talentoso actor británico. El problema es que a él la fama no le gustó nada. Por eso, para 1999 se supo que, alejado del star-system, había decidido darle una chance a un viejo amor: la fabricación artesanal de zapatos. Parece que esa vida tampoco lo terminó de convencer, y entonces buscó un punto intermedio. Por estos días, vive prácticamente aislado en una enorme propiedad en Irlanda, de la que sale para filmar una película cada dos o tres años.

Harrison Ford

Ford, experto en gruñidos
Ford, experto en gruñidos Fuente: Archivo

La fama de gruñón que tiene Harrison Ford no es en vano. Y, con el paso de los años, ese malhumor parece haberse acrecentado a pasos agigantados, especialmente cuando la gente le recuerda que es una estrella de cine. "No hay nada bueno en el hecho de ser famoso. Siempre creés que si tenés éxito vas a tener más oportunidades, pero nunca imaginás que el costo de la fama es la pérdida total de privacidad. Eso es incalculable y es una gran carga, nunca lo esperé ni lo disfruté. Podés obtener la mesa que querés en un restaurante, podés tener cita con tu médico en el momento que quieras... Pero, ¿de qué te sirve? De nada", se quejó el hombre que compuso a Han Solo en la saga Star Wars.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.